Es natural sentir miedo, por lo que
parece inminente o desconocido o sobrenatural, por la incertidumbre
de no saber qué rumbo tomará una circunstancia. Los miedos pueden llevar a alguien a resignarse a vivir una vida que no es precisamente la que Dios
quería que viviera. Increíblemente, podemos tener miedo hasta de cumplir
nuestros sueños.
Mateo 28:4-5 Los guardias tuvieron
tanto miedo de él que se pusieron a temblar y quedaron como muertos. El ángel
dijo a las mujeres: -No tengan miedo; sé que ustedes buscan a Jesús, el que fue
crucificado.
Ante este único suceso se provocan
dos reacciones de miedo:
Veamos a los guardias: Habían sido asignados a vigilar
el sepulcro, porque era muy posible que vinieran los discípulos y se robaran el
cuerpo. ¿Estaban prevenidos? ¡Claro que sí! Tal vez permanecían alertas por si
algún grupo apareciera de pronto por ahí, con la intención de amotinarse y robarse
el cuerpo... cuando de pronto, a pesar de estar tan alertas, los sorprendió un
temblor… ¡no! ¡Un terremoto! Y no cualquier terremoto, ¡Un terremoto violento! Y
en seguida bajó un ángel del Cielo, se acercó al sepulcro, quitó la piedra y se
sentó sobre ella.
Quizá estaban pendientes de un
grupo pequeño o de una gran turba, pero jamás imaginaron una intervención
directamente del Cielo. El ángel tenía aspecto como de relámpago y su ropa
blanca como la nieve; después de los hechos de los dos últimos días, tener esta visión del ángel fue impactante, así que aparece el miedo.
Tuvieron tanto miedo que, se pusieron a temblar y quedaron como muertos, la palabra traducida como
temblaron tiene la misma raíz griega que la palabra para terremoto, entonces así era su
temblor, ¡incontrolable! de pánico, entrar en shock, ¡quedaron como muertos!
Ahora, ¿Se asustaron las mujeres? Si el
ángel les dijo: No tengan miedo, entonces ¡sí tenían miedo!
A pesar del miedo, caminaban hacia el sepulcro, su mente estaba llena de los recuerdos de la muerte de
Jesús, sentían temor porque si se habían atrevido a matar al Maestro es muy seguro que se atrevieran
a matar a Sus seguidores, o porque no las dejaran acercarse, en fin, tantas
cosas por las que puede sentirse miedo.
Tengas catorce, veinte, treinta,
cincuenta o más años, a través de todo ese tiempo has acumulado miedos; en alguna medida, en algún momento hemos sido objeto de
abuso, quizá lo estés viviendo ahora; el miedo, por cualquier
razón que sea, no viene de parte de Dios, ni es Su voluntad que estemos angustiadas,
angustiados, afligidas, afligidos y menos llenos de temor.
A pesar del miedo o la
preocupación, Jesús tiene otros planes, por ello envió a un ángel para alentarnos
a no tener miedo.
¿El miedo es tu realidad? ¡Él lo
sabe! Por eso Su voz de aliento: ¡No
tengas miedo! Es la voz de Cristo vivo, ya no es más la figura vulnerable que cuelga de La cruz, es un Cristo victorioso sobre la muerte, el
pecado y nuestras circunstancias, el Hijo de Dios que desea que busques refugio en Sus brazos para vivir
la vida que Él vino a darte, para vivir sin temores y con la dignidad que nos
concedió al morir en La cruz del Calvario.
Marcos 5:36 No tengas miedo; cree
nada más
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Raquel Toro
Amanece en Getsemaní

