Se
cuenta de un labrador que acompañado de su hijo fue a su campo de trigo que
estaba ya listo para para la siega. Al ver el dorado campo, el hijo exclamó:
El
labrador arrancó un tallo de cada uno y los mostró a su hijo, diciéndole: –Este
tallo que cuelga lleno de modestia está lleno de grano, mientras que éste que
permanece erguido, casi no tiene grano en su espiga.
Hum…
es una buena lección de humildad… La humildad no sólo nos ayuda a llevar fruto
agradable delante del Padre, sino que además produce en nosotros la sinceridad para
reconocer nuestros fallos.
Pero
mira esta paradoja: Si confiesas tus pecados delante de los hombres, enseguida
viene la ejecución de tu sentencia; en casos más leves, puede que
tomen distancia a tu alrededor; más si confiesas a Dios, aunque te aguarden las
consecuencias naturales de tus actos, siempre viene la misericordia divina, trayendo
perdón y restauración.
Sin
embargo, muchas oraciones no contienen confesión, veamos la
petición que hiciera faraón a Moisés:
Éxodo 8:8 Entonces el faraón mandó llamar a Moisés y a
Aarón, y les dijo –Ruéguenle al SEÑOR que aleje las ranas de mí y de mi pueblo,
y yo dejaré ir al pueblo para que le ofrezca sacrificios.
Este
pedido de intercesión no contiene ninguna confesión de pecado. ¿Cuál pecado?
En
verso 1,
Dios le había ordenado que dejara ir a Su pueblo y le enunció la consecuencia si
desobedecía este mandato: ¡La plaga de ranas! Pero faraón desobedeció al Mensaje, tal vez
debió decir algo así como… “Me he
rebelado contra el Señor; pídanle que me perdone”
En
ningún caso debe ser entendido que faraón hizo una Promesa a Dios, puesto que
ya Dios le había ordenado liberar a Su pueblo; tampoco se puede decir que, al
mencionar el Nombre de Dios, estaba reconociéndole como el Dios Todopoderoso;
tal vez, sí llega a ser un intento de negociación fraudulenta, pues como verás en
verso 15,
no hizo lo que dijo que iba a hacer, no dejó ir al pueblo.
Incluso
su orgullo, le impidió decir, ¡ahora mismo, quiétenme ya las ranas! Sino que dijo
que le parecía bien, mañana, queriendo aparentar que aún tenía el
control. Nuestro Dios ofrece perdón continuo a los que una vez, que caen en cuenta
de su pecado, lo confiesan.
1 Juan 1:9 Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es
fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad.
El apóstol Juan
va más allá de la confesión de cada pecado individual, tiene en mente, el reconocimiento de
que somos pecadores que necesitamos ayuda y perdón de Dios.
Reconocer
y confesar, es una evidencia de salvación, ¡de haber nacido de nuevo! Pues el
cristiano auténtico, evalúa constantemente su caminar, admite y abandona lo que
no es agradable al Señor, siguiendo el punto de vista divino en relación a su
manera de vivir.
La
frase fiel y justo es un solo concepto, Dios ofrece el perdón que restaura la
comunión con Él, aún que haya sido interrumpida por el pecado.
Si
alguien orgullosamente persevera en negar que es pecador, se engaña a sí mismo,
mira que evaluar sus pasos y recodar la casa del padre, le dio al pródigo la convicción de regresar para confesar y que el padre restaurara la comunión entre los dos.
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