¿Recuerdas lo del pato?
Un
alegre niño vino a la granja de sus abuelitos para visitarlos, llevaba consigo
una honda con la que todos los días salía al bosque a perfeccionar su puntería,
pero lastimosamente, jamás daba en el blanco. Un atardecer, cabizbajo regresaba
a la hora de la cena, al acercarse a la puerta, vio al pato de la abuelita, sin
pensarlo, preparó su honda, apuntó al pato, y ¡dio en el blanco! Al ver el pato
muerto, entró en pánico, corrió y escondió el cadáver entre la tierra, pero al
terminar, vio que su hermana lo estaba observando.
Después
de cenar, la abuelita dijo: –hija, acompáñame a lavar los platos– pero ella
contestó: –Abuelita, mi hermano me ha dicho que hoy quiere ayudarte a lavarlos,
¿verdad hermanito? Mientras a él le susurraba: –¿Recuerdas lo del pato? Así que
el niño se levantó y lavó los platos.
En
otra ocasión, el abuelito les invitó a ir de pesca, pero la abuelita contestó: –ve
con tu nieto, mi nieta y yo debemos quedarnos a preparar la comida– con una
leve sonrisa la niña añadió: –Yo puedo ir, mi hermano me ha dicho que le
gustaría ayudarte– y mientras le guiñaba el ojo, - ¿te acuerdas lo del pato?
Así que ella fue a pescar y él se quedó para ayudar.
Luego
de varias ocasiones en que este suceso se repetía, el niño no aguantó más, se
armó de valor, y le confesó a su abuelita que había matado y enterrado al pato;
ella le abrazó diciéndole: –hijo, yo vi desde la ventana cuando eso sucedió,
también desde allí te perdoné, pero me preguntaba, ¿hasta cuándo ibas a
permitir que tu hermana se aprovechara de ti?
2 Corintios 2:11 Para que Satanás no se aproveche
de nosotros, pues no ignoramos sus artimañas.
Mira
que el deseo de Dios es perdonar y restaurar con amor al ofensor, mientras que
satanás quiere, esclavizarle produciéndole sentimientos de culpabilidad y
desesperación. Así que es necesario que también tú perdones y restaures con
amor al que ha caído en pecado, al que asustado no sabe qué hacer después de
haber fallado.
También,
el acusador intenta destruirte aprovechándose de los pecados que tú mismo has
cometido, haciéndote sentir indigno, indigna, y así convencerte de olvidar la
oración, la lectura de la Escritura, el compañerismo pastoral y de los
hermanos; haciéndote sentir inmerecedor del perdón y la gracia que, por la
presión de la culpa, tú olvidas que ya recibiste en Cristo Jesús.
Claro
que satanás tiene en la mira tu mente y busca la forma de presionarte, es una
maquinación astuta y bien elaborada, ¡No le cedas terreno! no le permitas
aprovecharse ni sacar ventaja, corre a ponerte en paz con Tu Salvador y cíñete
con el cinturón de la verdad y declara el perdón que ya has recibido, también, ejerce
el ministerio de reconciliación que ya te fue entregado, para que detengas al
abusador en la vida de tus hermanos y puedan hallar restauración.
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