¿Conoces a personas para quienes su vida es la música, o el deporte o el trabajo?
¡Claro que sí? Para ellas, todo gira alrededor de eso; allí encuentran su motivación, su identidad y aquello que llena sus vidas.
De la misma forma, para el cristiano, lo más importante de su vida no es simplemente seguir a Cristo, sino que ¡Cristo es su vida misma!
Colosenses
3:2-3 Concentren su atención
en las cosas de arriba, no en las de la tierra, pues ustedes han muerto y su
vida está escondida con Cristo en Dios.
El tiempo verbal en este pasaje, indica
que una muerte ocurrió en el pasado: La muerte de Cristo, en ella, los creyentes
fuimos unidos con Él; nuestro castigo por el pecado ya fue pagado completamente,
ahora, en el presente, vivimos una nueva vida.
Precisamente porque nuestra vida está escondida
con Cristo, en el Padre, el creyente dirige su mente y su corazón hacia las
cosas de arriba y no hacia las de este mundo. Aprendemos a ver y evaluar todo a
través de la Cruz y del amor de Aquel que Se entregó a Sí mismo por nosotros; valoramos
las actividades, el trabajo y el bienestar, pero lo hacemos desde un corazón
centrado en lo eterno.
Pablo define la vida terrenal dominada por la naturaleza humana como: inmoralidad sexual, impureza, bajas pasiones, malos deseos, avaricia e idolatría.
En contraste, la vida del cristiano es:
renovación en el conocimiento de Dios, afecto entrañable, bondad, humildad,
amabilidad, paciencia, tolerancia y perdón; y por encima de todo, vestirse del
amor de Dios, que es el vínculo perfecto.
¿Cómo ascender en este Everest de
dedicación y lealtad a Cristo?
Mientras vivamos en medio de esta
cultura terrenal, estaremos constantemente bombardeados por mensajes que
promueven los valores del mundo que, aunque no siempre sean explícitamente
inmorales, suelen tener un objetivo común: excluir a Dios y promover la
independencia de Él.
Por eso, vivir esta vida nueva en
Cristo, no significa escapar de la vida diaria, sino pensar correctamente y
cultivar una disposición interior alineada con el Cielo; así como una
brújula señala siempre hacia el norte, el corazón del creyente se orienta
constantemente hacia Dios.
Los pensamientos buenos y puros nacen
de comprender las realidades espirituales reveladas en La Palabra.
En resumen, la vida cristiana convierte
la experiencia diaria en la confirmación de tres grandes verdades:
1.
Vivimos
en comunión con el Padre, el Hijo y Su espíritu Santo.
2.
El
mundo no puede comprender el gozo de esta nueva vida en Cristo.
3. Estamos
seguros para la eternidad, protegidos de todo enemigo espiritual y con acceso a
todas las bendiciones de Dios.
Filipenses
4:8 Por último, hermanos,
consideren bien todo lo verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo puro,
todo lo amable, todo lo digno de admiración, en fin, todo lo que sea excelente
o merezca elogio.
¿Cuántas de tus decisiones son tomadas bajo la
presión del mundo y cuántas son guiadas por tu vida en Cristo?
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Gracias por participar en la difusión del evangelio.
Raquel Toro
Amanece en Getsemaní

