¿Recuerdas la fábula de la liebre y la tortuga?
Una
liebre muy orgullosa, no cesaba de pregonar que ella era el animal más veloz
del bosque y se pasaba el día burlándose de la lentitud de la tortuga: –¡Eh, tortuga,
no corras tanto!
Un día, a la tortuga se le ocurrió hacerle una apuesta:
–Liebre, ¿vamos hacer una carrera? Estoy segura de poder ganarte.
–¿A mí? Preguntó asombrada la liebre.
–Sí, sí, a ti, pongamos nuestras apuestas y veamos quién gana la carrera.
La liebre,
muy engreída aceptó la apuesta, así que todos los animales se reunieron para
presenciar la carrera, el búho señaló los puntos de partida y de llegada y ¡empezó
la carrera!
Astuta
y muy confiada, la liebre salió corriendo y la tortuga se quedó atrás, tosiendo
y envuelta en una nube de polvo; cuando empezó a andar, la liebre ya se había
perdido de vista; sin importarle la ventaja que ya le llevaba, siguió su ritmo,
sin parar.
Mientras
tanto, la liebre, confiando en que la tortuga tardaría mucho en alcanzarla, se
detuvo a mitad del camino bajo un frondoso árbol y se tomó un descanso antes de
terminar. Se quedó dormida, mientras la tortuga seguía caminando, paso tras
paso, lentamente pero sin detenerse.
No
se sabe cuánto tiempo durmió, pero cuando despertó, vio con pavor que la
tortuga se encontraba a tan solo tres pasos de la meta; en un sobresalto, corrió
con todas sus fuerzas, pero ya era muy tarde: ¡la tortuga había alcanzado la
meta y ganado la carrera!
Se
han tomado muchas enseñanzas de esta fábula: constancia, perseverancia, confianza,
en fin, todas válidas y correctas, más yo quiero llamar tu atención sobre la
emoción que debió sentir la tortuga desde el primer paso en la línea de partida,
durante el camino y hasta cruzar la línea de meta.
Piensa
que cada paso fue presionado por un “Sentimiento de urgencia” Es la actitud
emocional que alguien tiene hacia una cosa, una circunstancia o una persona.
¡Hazlo
ahora! No caigas en la trampa de pensar que después harás esto o harás
aquello… Después era la palabra en la
mente de la liebre, “sé que tengo que organizar tal cosa… después lo haré” ¿Por
qué nos hacemos eso a nosotros mismos?
El
sentimiento de urgencia no debe ser confundido con la ansiedad, reacción
emocional que genera preocupación y angustia; lo ideal es que te presiones a ti
mismo, a ti misma, con un sentimiento de urgencia equilibrado, así, tanto la
calidad como la velocidad de lo que haces te mantiene en un mejoramiento
constante.
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