¿Tú crees que este mundo tiene arreglo?
Te
cuento que… un científico muy preocupado por la situación del mundo, pasaba
días en su laboratorio buscando soluciones. Un día, su hijito de siete añitos,
vino para ayudarle a buscar esas soluciones; preocupado, el científico le pidió
que fuese a jugar a otro lugar, pero siendo imposible sacarlo, buscó algo que pudiera
distraerlo y en una revista encontró un mapa del mundo, ¡justo lo que
necesitaba! Lo cortó en pequeñas partes y con un rollo de cinta le entregó al
niño.
– Cómo te gustan los rompecabezas te
voy a dar estos pequeños pedazos del mundo para que lo compongas.
El
científico pensó que así lo dejaría tranquilo por un buen tiempo, pero no fue así,
pasadas unas horas, el niño regresó,
– Papá, ¡ya está arreglado!
– No puede ser… está perfecto…
¿cómo has podido recomponer un mapa que no habías visto antes?
– Papá, yo no sabía cómo era el mundo,
pero cuando cortaste el mapa, vi del otro lado la figura de un hombre, así que
le di la vuelta a los recortes y comencé a recomponer al hombre, cuando arreglé
al hombre, me di cuenta que había arreglado al mundo.
Romanos 8:22-23 Sabemos que toda la creación todavía gime a
una, como si tuviera dolores de parto. Y no sólo ella, sino también nosotros mismos,
que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, mientras
aguardamos nuestra adopción como hijos, es decir, la redención de nuestro cuerpo.
Como
en el fragmento de un poema, la Creación es personificada por una mujer que
gime angustiada por los dolores del parto. Ella se vio involucrada en las
consecuencias del pecado y fue juzgada junto con el ser humano, cuando fue él
quien pecó deliberadamente.
Pablo
pudo sentir el clamor de nuestra Tierra pidiendo ser librada de la corrupción
que es evidente, en la alteración de sus ecosistemas, en la sangre derramada
sobre ella y en la injusticia dominante.
Gemimos
porque, aunque nuestras almas ya han sido salvadas, todavía nuestros cuerpos
están sujetos al dolor y al pecado; sí, tú puedes ver las graves consecuencias
del pecado para el hombre y para el mundo, pero también debes ver el inmenso
poder redentor de Dios, Su gran amor, Su misericordia, Su plan de salvación.
Así
como el dolor del parto es recompensado por el nacimiento del hijo, también el
dolor de la Creación será recompensado cuando los hijos de Dios sean
glorificados.
Entonces,
los gemidos son síntomas de vida, no de muerte, ¡no estamos esperando la
muerte sino la vida! La presencia del Espíritu Santo en ti, es un
anticipo de la gloria que habrá de venir.
La
manifestación siguiente es la redención de nuestros cuerpos, tu cuerpo ya no
será víctima del envejecimiento, ni será instrumento de pecado, sino que
tendrás un cuerpo espiritual conforme a la vida del hombre espiritual.
Así
que mantén firme la esperanza y pendiente la mirada en el Cielo, para ese día
en el que el Salvador venga sobre las nubes, trayendo consigo el amanecer
glorioso para Su Iglesia.
¿Deseas apoyarnos financieramente?
Puedes ofrendar con el siguiente enlace o QR desde Nequi:
Raquel Toro
Amanece en Getsemaní

