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jueves, 6 de agosto de 2020

AMANECER GLORIOSO

¿Tú crees que este mundo tiene arreglo?

Te cuento que… un científico muy preocupado por la situación del mundo, pasaba días en su laboratorio buscando soluciones. Un día, su hijito de siete añitos, vino para ayudarle a buscar esas soluciones; preocupado, el científico le pidió que fuese a jugar a otro lugar, pero siendo imposible sacarlo, buscó algo que pudiera distraerlo y en una revista encontró un mapa del mundo, ¡justo lo que necesitaba! Lo cortó en pequeñas partes y con un rollo de cinta le entregó al niño.

     Cómo te gustan los rompecabezas te voy a dar estos pequeños pedazos del mundo para que lo compongas.

El científico pensó que así lo dejaría tranquilo por un buen tiempo, pero no fue así, pasadas unas horas, el niño regresó,

       Papá, ¡ya está arreglado!

   No puede ser… está perfecto… ¿cómo has podido recomponer un mapa que no habías visto antes?

    Papá, yo no sabía cómo era el mundo, pero cuando cortaste el mapa, vi del otro lado la figura de un hombre, así que le di la vuelta a los recortes y comencé a recomponer al hombre, cuando arreglé al hombre, me di cuenta que había arreglado al mundo.

Romanos 8:22-23 Sabemos que toda la creación todavía gime a una, como si tuviera dolores de parto. Y no sólo ella, sino también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, mientras aguardamos nuestra adopción como hijos, es decir, la redención de nuestro cuerpo.

Como en el fragmento de un poema, la Creación es personificada por una mujer que gime angustiada por los dolores del parto. Ella se vio involucrada en las consecuencias del pecado y fue juzgada junto con el ser humano, cuando fue él quien pecó deliberadamente.

Pablo pudo sentir el clamor de nuestra Tierra pidiendo ser librada de la corrupción que es evidente, en la alteración de sus ecosistemas, en la sangre derramada sobre ella y en la injusticia dominante.

Gemimos porque, aunque nuestras almas ya han sido salvadas, todavía nuestros cuerpos están sujetos al dolor y al pecado; sí, tú puedes ver las graves consecuencias del pecado para el hombre y para el mundo, pero también debes ver el inmenso poder redentor de Dios, Su gran amor, Su misericordia, Su plan de salvación.

Así como el dolor del parto es recompensado por el nacimiento del hijo, también el dolor de la Creación será recompensado cuando los hijos de Dios sean glorificados.

Entonces, los gemidos son síntomas de vida, no de muerte, ¡no estamos esperando la muerte sino la vida! La presencia del Espíritu Santo en ti, es un anticipo de la gloria que habrá de venir.

La manifestación siguiente es la redención de nuestros cuerpos, tu cuerpo ya no será víctima del envejecimiento, ni será instrumento de pecado, sino que tendrás un cuerpo espiritual conforme a la vida del hombre espiritual.

Así que mantén firme la esperanza y pendiente la mirada en el Cielo, para ese día en el que el Salvador venga sobre las nubes, trayendo consigo el amanecer glorioso para Su Iglesia.  


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Raquel Toro 

Amanece en Getsemaní