Génesis 37:19-23 Se
dijeron unos a otros: -Ahí viene ese soñador. Ahora sí que le llegó la hora.
Vamos a matarlo y echarlo en una de estas cisternas, y diremos que lo devoró un
animal salvaje. ¡Y a ver en qué terminan sus sueños! cuando Rubén escuchó esto,
intentó librarlo de las garras de sus hermanos, así que les propuso: -No lo
matemos. No derramen sangre. Arrójenlo a esta cisterna en el desierto, pero no
le pongan la mano encima. Rubén dijo esto porque su intención era rescatar a
José y devolverlo a su padre. Cuando José llegó a donde estaban sus hermanos,
le arrancaron la túnica especial de mangas largas, lo agarraron y lo echaron en
una cisterna que estaba vacía y seca.
Aquí expresan el motivo de su ira, hablan en tono
despectivo del don que Dios le había dado a José: Ahí viene ese soñador, y al finalizar dicen con ironía, ¡Y a ver en qué terminan sus sueños!, la
burla al plan de Dios para su hermano.
¿Por qué no podían soportar la idea de que, algún día, tuvieran que rendirle homenaje? ¡Por orgullo! El
orgullo tiene manifestaciones muy variadas.
¿Por qué los hermanos de José odiaron tanto la
túnica especial? Porque ellos se sentían a sí mismos, ¡sin túnica! Si la túnica
confirmaba los sueños de Dios y el futuro de José; al verse ellos sin túnica, se
veían a sí mismos como, “hombres sin
sueños”, sin futuro, despojados de todo propósito de Dios para ellos,
porque la misión ¡ya le había sido dada a José!
Inevitablemente todos atravesamos este período de frustración,
vemos como el de la túnica empieza a levantarse, a destacarse, se dibuja en el
horizonte como el próximo en el mando, y sentimos miedo, miedo de que nos
corran la butaca, miedo de perder lo que ya hemos logrado, miedo de tener que cederle
el terreno que hemos ganado, miedo de sus dones, ¡miedo de su juventud o miedo
de su experiencia! sentimos miedo porque, nos vemos a sí mismos ¡desprovistos de túnica!
¡Y le arrancaron la envidiada túnica especial! En la
imaginación de ellos, arrancarle violentamente la famosa túnica era una especie
de degradación, de humillación; lo disfrutaron como si al arrancarle la túnica,
arrancaran con ella, los sueños de Dios para él y su futuro reinando sobre ellos:
El orgullo como un “Manifiesto de venganza”
Dios sí tenía un sueño para ellos y en ese sueño, cada
uno era protagonista, sólo que permanecer enfocados en la túnica ajena
les impidió ver el valor de la propia.
De los hermanos de José y de José mismo, !surgieron las
doce tribus de Israel! ¡Sus nombres serían recordados por siempre en todas las generaciones, de todos los tiempos! cuando los israelitas entraron en Canaán, la tierra
prometida, lo hicieron organizados en las doce tribus que llevan sus nombres, conforme
a lo que Dios había ordenado, honrados por siempre, registrados aún en Apocalipsis.
La Escritura enseña que fuimos diseñados desde antes de
la creación del mundo para el cumplimiento de un sueño de Dios, una gran idea, ¡Una
misión personal!
Piensa en un Hombre, el Hijo del hombre, Dios que llega a
la tierra con un sueño; hoy, dos mil años después de la muerte y resurrección
del Señor Jesús, el mundo sigue conmocionado ante la grandeza de la Gracia.
Seguimos transformándonos ante los regalos del perdón absoluto, la
salvación, la vida eterna; regalos no merecidos, no pagados, gratuitos, porque Jesús logró vivir el sueño del Padre.
¡Piensa en ti mismo... en ti mismo con un sueño! Quizá pienses... “bah…” Porque nos
acostumbramos a pensar que sólo unos pocos, “los de la túnica especial” son los
que tienen sueños y además pueden cumplirlos; Pero en ese sueño de Dios, tú eres el protagonista, nadie más puede ocupar tu lugar o
arrebatarte lo que Dios ya diseñó para ti, nadie usurpará tu lugar porque, para
ese lugar, ¡fuiste creado únicamente tú!
Salmo 138:8A El SEÑOR cumplirá en mí su propósito,
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Raquel Toro
Amanece en Getsemaní

