Etiquetas

lunes, 23 de febrero de 2026

CONTABILIDAD EMOCIONAL

¿Qué piensas de la autocompasión?

Lucas 15:28-30 Indignado, el hermano mayor se negó a entrar. Así que su padre salió a suplicarle que lo hiciera. Pero él le contestó: “¡Fíjate cuántos años te he servido sin desobedecer jamás tus órdenes, y ni siquiera un cabrito me has dado para celebrar una fiesta con mis amigos!” ¡Pero ahora llega ese hijo tuyo, que ha despilfarrado tu fortuna con prostitutas, y tú mandas matar en su honor el tenero más gordo!

Sin desobedecer jamás… hum… una afirmación poco probable, en realidad, fue “su dignidad herida” lo que dejó fuera de la fiesta.

Sus palabras no son las de un hijo sino las de un sirviente, habla de su esfuerzo acumulado, de sus méritos, pero no de disfrutar la relación con su padre; vivía desde la exigencia y cuando la bendición alcanzó a su hermano, no pudo celebrarlo, sino que lo descalifica mientras se percibe a sí mismo como desposeído.

Su identidad estaba basada en el rendimiento, en los sacrificios, una mezcla de resentimiento y autocompasión se asoma en sus palabras; observa que el hermano mayor también estaba perdido, pero ahora… dentro de la casa; mientras él, tan merecedor de la bendición, por su propia voluntad, se quedaba afuera de la casa del padre.

Como un eco resuenan esas frases que quizá recordarás:

       ¡A mí que he hecho todo bien!

       ¡Yo que me he esforzado tanto!

       ¡He dado sin recibir nada a cambio!

Hablamos como capataces o sirvientes, pero no como hijos.

Recuerda que no somos amados por nuestro desempeño sino por nuestra identidad en Cristo Jesús.

Nos hace bien escuchar lo mismo que el hijo mayor escuchó del padre:

Lucas 15:31 “Hijo mío -le dijo su padre–, tú siempre estás conmigo y todo lo que tengo es tuyo.

La autocompasión viene del orgullo interno, de tal forma que hace que nos midamos por méritos y olvidemos que ya estamos dentro de la Casa, como si el amor de Dios tuviera que ganarse, pero sabes bien que, a través de Jesús, el Padre te ama tal como tú eres.

Nota también que el hermano mayor no reconoce lo que ya tiene, sin embargo, se centra en lo que cree que no ha recibido y alimenta su queja, lleva una contabilidad emocional que se traduce en ingratitud y autovictimización.

La ingratitud te hace sentir excluido, aunque estés dentro de la casa, la gratitud te hace vivir como hijo.

¿Qué cambiarías, si siempre tuvieras presente que ya estás dentro de la Casa del Padre?

¿Deseas apoyarnos financieramente? 

Puedes ofrendar desde PayPal en el siguiente enlace o el QR desde Nequi:

https://www.paypal.com/donate/?hosted_button_id=D3B95LCK35FBY

Gracias por participar en la difusión del evangelio.

 

Raquel Toro

Amanece en Getsemaní