Se
cuenta de un hombre obsesivamente ordenado que vivía rodeado de naturaleza y cada vez que entraba por su frondoso camino, le molestaban las ramas desordenadas y secas de pinos ponderosa.
Un día llamó a una empresa de corte de árboles, le dijeron cuánto le costaría podar todos esos árboles, disgustado por el precio, alquiló una sierra eléctrica y pasó varios fines de semana, sentado peligrosamente sobre una escalera, cortando todas las ramas que podía alcanzar.
Cuando
ya no pudo llegar a las ramas de arriba, llamó nuevamente a la empresa para
pedir una nueva cotización, pero obtuvo una desagradable sorpresa:
–
“Señor, le costará el doble,
–
¿Por qué?
–
Porque planeábamos usar las ramas
más bajas para llegar a las más altas, ahora tenemos que traer un costoso
camión y trabajar desde una cesta elevadora.
Había
eliminado justo aquello que servía de apoyo.
Jeremías 6:16A Así dice el SEÑOR: “deténganse en los caminos y miren;
pregunten por los senderos antiguos. Pregunten por el buen camino, y no se
aparten de él. Así hallarán el descanso anhelado.
Hoy
hemos cortado las ramas más bajas sobre las cuales se sostenía
nuestra fe y ahora, las ramas más altas, las nuevas generaciones sin Dios,
parecen peligrosamente fuera de nuestro alcance.
Cortamos
con lo que nos parece pequeño, antiguo o innecesario, como el orar sin cesar,
la crianza en el temor a Dios, obedecer en lo cotidiano, encarnar la palabra, y
entonces, recibimos una nueva factura: Las consecuencias que estamos empezando
a reconocer.
Las
disciplinas cristianas, como la oración, el devocional en la madrugada, la lectura
diaria de la Escritura, congregarnos y ayunar, son las ramas bajas que sirven
de apoyo para alcanzar alturas en Dios, sin ellas, no tendremos raíces para
crecer.
Como
viajeros perdidos, debemos detenernos a preguntar cuál es el camino correcto
que conocimos antes de desviarnos de él, no cuál es el más cómodo, sino el
verdadero; el camino que recorrieron nuestros antepasados Abraham y Moisés, que
no son tradiciones sino la fe basada en la Palabra de Dios.
Evalúa
la dirección en la que avanzas, examina si buscas sinceramente al Señor y si caminas
conforme a La escritura; la vida verdaderamente fructífera y en paz se
encuentra únicamente en la obediencia a los principios eternos de Dios.
Aún
hay tiempo de retomar el camino en cristo Jesús, volver a las raíces, no es
retroceder, sino reconstruir con los fundamentos firmes.
La
restauración comienza cuando reconocemos qué fue lo que cortamos.
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