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martes, 4 de agosto de 2020

¡AUTÉNTICO!

¿Te imaginas un árbol que esté podrido por dentro?

Un enorme roble se levantaba erguido en medio del parque central de un cálido pueblo; todos sus habitantes se sentían orgullos no sólo por su sombra sino por la belleza con que enriquecía el paisaje; si alguien preguntara, ellos contarían que el árbol estaba allí desde siempre y que con seguridad allí permanecería firme y frondoso. 

Pero un día vino un fuerte ventarrón partiendo el árbol en dos y dejando al descubierto el interior de su tronco infectado y podrido ¡Qué sorpresa! durante años, el árbol había engañado a sus pobladores.

La putrefacción interna de un árbol puede durar años, pero solo se hace visible hasta cuando el tronco debilitado ya no puede evitar la multiplicación de organismos dañinos y se derrumba a la vista de todos.  

El reto más grande que enfrenta la iglesia es la enfermedad interna que está menoscabando su poder: “El cristianismo no auténtico

Nunca antes la Iglesia de Cristo tuvo mayores ventajas, cuenta con recursos abundantes: variadas versiones bíblicas; predicaciones presenciales y en línea; enseñanza y discipulados, libros y herramientas bíblicas, vídeos, conferencias, diversos ministerios, pero el falso cristianismo, está anulando el poder de los creyentes a pesar de la abundancia de conocimiento.

Proverbios 10:9 Quien se conduce con integridad anda seguro; quien anda en malos pasos será descubierto

Los pecados ocultos pueden durar años contaminando la vida de un creyente, hasta que éste, ya no puede hacer frente a la contaminación de su pecaminosa vida privada y sorpresivamente se derrumba delante de todos.

Tenemos creyentes luchando todos los días con pensamientos de promiscuidad sexual, y muchos, llevándolos a cabo al cerrar su puerta. Prácticamente que todos los pecados de inmoralidad sexual: infidelidad conyugal, relaciones ilícitas, masturbación, pornografía, entre otros, menoscaban el poder del creyente y se convierten en una puerta abierta para la acción del enemigo de nuestras almas.

Cada creyente que practica algún tipo de pecado oculto, sabe que su vida cristiana se está contaminando y que su testimonio está debilitándose desde adentro.

El creyente auténtico, que vive la doctrina en que ha creído, puede vivir confiadamente, no siente temor de ser descubierto en algún pecado, pues su vida pública y privada son transparentes. Mientras que quien practica el pecado, en la oscuridad de su cuarto, en la oscuridad de sus pensamientos, siente temor hasta de hablar, pues la más mínima palabra puede dejarlo al descubierto.

Así como el paso más importante para la vida sana del árbol, es estar vigilante de las lesiones del tronco, el creyente debe también vigilar, sus pensamientos, sus intenciones, sus deseos y sus acciones ocultas, a fin de asegurarse que su vida cristiana esté llena del poder del Espíritu.



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Raquel Toro 

Amanece en Getsemaní