Tertuliano,
el gran teólogo de la Iglesia Primitiva, dice: “No fue la pluma de Moisés la que inició el conocimiento del Creador; la
inmensa mayoría de la humanidad, aunque no ha oído nada de Moisés y no
digamos de sus libros, sí conocen al Dios de Moisés”
Se puede conocer
bastante a una persona, por lo que ha hecho, igualmente, conocemos a Dios por
la creación que nos ha dado; el ser humano no puede argumentar ignorancia sobre
Dios, a menos que, ¡deliberadamente se haga ciego! ¡Observemos al mundo, y veamos cómo está construido! Porque fijándonos en cómo es el mundo, podemos aprender cómo es Dios.
Romanos 1:20-21 Porque desde la
creación del mundo las cualidades invisibles de Dios, es decir, su eterno poder
y su naturaleza divina, se perciben claramente a través de lo que él creó, de
modo que nadie tiene excusa. A pesar de haber conocido a Dios, no lo
glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se extraviaron en sus
inútiles razonamientos, y se les oscureció su insensato corazón.
¿Qué hace el hombre? En lugar de mirar hacia
Dios, ¡se mira a sí mismo! Se enreda en inútiles especulaciones y se cree
sabio, cuando en realidad no es más que un necio. ¿Por qué? porque hace de sus
ideas, sus opiniones y sus especulaciones, el principio y la ley de su vida, en
lugar de hacer La voluntad divina.
Por medio de
la revelación general, -la creación-, el hombre es consciente de la existencia,
el poder y la naturaleza divina del Creador; no darle la Gloria que corresponde
a Su nombre es la afrenta más grande del pecador hacia Él, negarse a reconocer
que todas las cosas buenas que disfruta provienen de Dios.
Si
observas el mundo verás que, el sufrimiento sigue al pecado; si quebrantas
las leyes de la agricultura, la cosecha es afectada; si las de la arquitectura,
el edificio se derrumba; si las de la salud, se presenta la enfermedad; tan
pronto el hombre rechaza la verdad de Dios, ¡ésta es reemplazada por las tinieblas
de la oscuridad espiritual!
El resultado es, idolatría, se cambia la gloria
de Dios por imágenes de formas humanas, -hombres y mujeres-, animales y cuerpos
celestes; ¡La raíz del pecado de idolatría es el egoísmo!
El hombre hace un ídolo, le trae ofrendas y le reza una oración. ¿Por qué? Porque
ha decidido ¡hacerse ciego a la luz de Dios! ¿Para qué? para que prosperen sus planes, olvidando los planes de Dios para él, “su religión” no tiene en cuenta a Dios, sino
a sí mismo.
La necedad consiste
en pretender hacerse dueño y señor de las cosas, establecer principios en base
a las propias opiniones, en lugar de tomar los principios de Dios; engañarse, creyendo que
vive en un universo del que él es el centro, cuando la verdad es que, ¡Dios es
el centro de todo!
Hechos 14:16-17 En épocas pasadas él
permitió que todas las naciones siguieran su propio camino. Sin embargo, no ha
dejado de dar testimonio de sí mismo haciendo el bien, dándoles lluvias del
cielo y estaciones fructíferas, proporcionándoles comida y alegría de corazón.
El pecado que conduce a oscuridad, es
ponernos a nosotros mismos en el lugar de Dios.
¿Deseas apoyarnos financieramente?
Puedes ofrendar con el siguiente enlace o QR desde Nequi:
Amanece en Getsemaní
