¿Crees que son importantes los nombres?
Te diré que, tanto en La
Escritura como en el pueblo judío, los nombres representan o definen la
identidad de una persona y hasta cierto punto, pueden ser proféticos. Veamos un caso:
Génesis 17:5 Ya no te llamarás Abram, sino que de ahora en adelante tu *nombre será
Abraham, porque te he confirmado como padre de una multitud de naciones.
El hecho de que Dios cambie
un nombre, simboliza su autoridad soberana y marca un punto de cambio radical en la
vida de la persona cuyo nombre es cambiado.
En hebreo, Abram, significa
padre exaltado, probablemente refiriéndose a Dios como: “Dios es Padre
exaltado”, mientras que luego, al ser llamado Abraham, quiere decir “padre
de multitudes”, refiriéndose a Abraham, al hombre.
Como puedes ver, los cambios de nombre corresponden, o a un cambio de carácter, o a un llamado especial de Dios. Es importante y muy conmovedor, ver que Dios dio un nombre nuevo a Abraham y luego también a su esposa, Saray por Sara, cuando le permitiría ser madre. Pero mira esto:
Apocalipsis 2:17 El que tenga oídos, que oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al
que salga vencedor le daré del maná escondido, y le daré también una piedrecita
blanca en la que está escrito un nombre nuevo que sólo conoce el que lo recibe.
¡Una piedrecita blanca que porta un nombre nuevo para el vencedor!
Las palabras blanco y nuevo, son
características de Apocalipsis, Charles Spurgeon ha dicho que, “en Apocalipsis blanco es el color y el ropaje del Cielo y no describe una blancura corriente, una
blancura normal, sino una blancura que deslumbra, que resplandece como la nieve
expuesta al sol. Así es que nos hablan de vestiduras blancas,
túnicas blancas, lino blanco y del gran trono blanco de Dios. ¡El
blanco es el color característico del Cielo!
En griego hay dos palabras
para nuevo: Neos, que equivale a decir, recién hecho; también está Kainos
que es nuevo en cuanto a que no se conocía nada igual antes. Así encontramos en
Apocalipsis, la nueva Jerusalén, el cántico nuevo, los nuevos Cielos, la nueva
Tierra, Dios hace todas las cosas nuevas y nos da un nombre nuevo.
Apocalipsis 3:12 Al que salga vencedor lo haré columna del templo de mi Dios, y ya no
saldrá jamás de allí. Sobre él grabaré el nombre de mi Dios y el nombre de la
nueva Jerusalén, ciudad de mi Dios, la que baja del cielo de parte de mi Dios;
y también grabaré sobre él mi nombre nuevo.
Escribir su nombre sobre nosotros alude a imprimir Su carácter en nosotros e identificarnos como Suyos. Tan pronto veamos al Señor, todos los términos que hayamos usado para referirnos a Él y entender Su esencia, palidecerán en comparación a la realidad de lo que veremos, y nos dará un nombre nuevo y eterno de la misma manera que cambió el nombre de Abram, en
Abraham y el de Jacob, en Israel.
Que consuelo tan grande
para un discípulo de Cristo, aunque seamos unos desconocidos para el mundo, nuestro Dios nos ha puesto un nombre nuevo, bien conocido de Él y que nos caracteriza
personalmente, moldeado por la gracia y el poder de Dios, para un llamamiento y
un servicio particular.
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