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miércoles, 19 de agosto de 2020

EL LORO QUE SABÍA HABLAR

 ¿Tú qué crees, los loros hablan o repiten sonidos?


Tenemos que destacar que los loros no poseen cuerdas vocales, por tanto, no hablan ni tienen la capacidad de mantener una conversación, tal y como entendemos el concepto de hablar o conversar. Esto puede ser desilusionante para muchos propietarios de estas aves, lo que los loros hacen es escuchar los sonidos de la voz humana y reproducirlos con gran precisión, gracias al órgano vocal que poseen en la base de la tráquea, llamado siringe.

Luego de haber escuchado repetidas veces, su pequeña lengua redonda, que mueven con mucha rapidez, provoca que las vibraciones del aire en las paredes de la siringe reproduzcan aquellos sonidos que continuamente están escuchando, pero que de ninguna manera pueden razonar lo que significan.

Santiago 1:23-24 El que escucha la palabra, pero no la pone en práctica es como el que se mira el rostro en un espejo y, después de mirarse, se va y se olvida en seguida de cómo es.

En la antigüedad, los espejos no se hacían de vidrio sino de metal pulimentado, así se podían ver claramente los detalles que desfavorecían el rostro o las ondas de cabello fuera de lugar y que harían lucir un tanto despeinado; se supone que, al verse en esta forma, se tomarían los pasos necesarios para embellecerse, pero si en lugar de ello, la persona se olvida de su apariencia y continua como si nada pasara, desperdiciará la oportunidad de mejorarse a sí mismo.

El espejo es al rostro lo que La Escritura es al alma humana; si luego de haber visto en sus versículos, lo que debes cambiar, los comportamientos fuera de lugar o los nuevos hábitos que deberías adoptar, tú, sencillamente cierras y no actúas de inmediato, a pesar de haber entendido, olvidarás lo que debes practicar.

Se dice que las personas se pierden porque no han escuchado sobre Jesús, pero la verdad que muchos que han escuchado sobre Él también se perderán.

Mira que todo el mundo tiene un conocimiento básico de los mandamientos de Dios, una cierta honestidad, normalmente no arrebatan los bienes de sus prójimos; no oprimen a los pobres; procuran pagar sus deudas, practican ocasionalmente la verdad y la justicia, ofrecen cierta solidaridad y ayuda mutua; pero tú sabes mucho más que eso, has leído La Escritura.

Mira que haber escuchado por repetidas veces, haber compartido o recitado con gran precisión ciertas porciones bíblicas, o haber ganado alguna olimpiada bíblica, o caído en la nota de alguna alabanza, pero, sin adoptar los cambios que se te advirtieron, es mucho más que desilusionante, te acarrea la responsabilidad de haber escuchado y no practicado.

La entrega a Dios no significa dejar de pensar y obrar racionalmente, todo lo contrario, ¡Dios no quiere desperdiciar el intelecto que te dio! Sino usarlo para Su gloria y tu bienestar.


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