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sábado, 17 de marzo de 2018

HAMBRIENTOS Y SEDIENTOS

Mateo 5:6 Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.”

Estos verbos griegos son muy significativos, peinao, significa: padecer un hambre espantosa, y dispao, transmite la idea de una sed enorme, insoportable, y ambos son una acción continua: tener siempre hambre y siempre sed.

En nuestras condiciones, muy pocos sabremos lo que es tener hambre espantosa o sed insoportable. En Palestina ¡sí que se sabía! Nadie se ponía gordo con el salario diario de un obrero, un jornalero siempre estaba muy cerca de la línea divisoria entre la verdadera hambre y la muerte por inanición.

Y esto era todavía más real en el caso de la sed; a la inmensa mayoría no le era posible abrir un grifo y recibir agua clara y fresca en su casa. El árido desierto podía sorprenderle y envolverle en tormentas de arena, ponerse de espaldas era el escudo de defensa y cubrirse la cabeza, la forma para contrarrestar las abundantes partículas arenosas entrando por la nariz hasta la garganta, sofocando y produciendo una sed imperiosa.  

Así pues, esta hambre no es el apetito que se satisface con un bocadillo, no es la sed que se puede mitigar con una bebida helada; es el hambre de la persona a punto de morir por inanición o la sed del que agoniza. 

Sí se puede tener hambre por alimentos equivocados y contaminantes como le sucedió al hijo pródigo, o sed por bebidas que no saciarán, como en el caso de la mujer junto al pozo. Y aunque el hambre física puede llevar hasta la muerte, todos los horrores causados por las hambrunas, no son nada, en comparación con los causados por la muerte eterna.

Jeremías 2:13 Dos son los pecados que ha cometido mi pueblo: Me han abandonado a mí, fuente de agua viva, y han cavado sus propias cisternas, cisternas rotas que no retienen agua.

Jesús anhela que tengamos hambre, por eso Se ofreció a Sí mismo como alimento: “Pan del Cielo”; y anhela que tengamos sed, por eso Se ofreció como “El agua que da vida”

¿Quieres, tanto como estos hambrientos, el Pan del Cielo?
¿Quieres, tanto como estos sedientos, el Agua de Vida?

Permitir que Jesús sacie tu hambre y tu sed no es una religión, es una forma de vida; es buscarle y encontrarle en cada madrugada, es llamarle y recibirle en tu corazón, es escucharle en Su Palabra viva, es verle actuar de manera real y tangible en tu mundo, en tus circustancias, en el futuro eterno de tu alma.

Salmo 107:9 ¡Él apaga la sed del sediento, y sacia con lo mejor al hambriento!



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Raquel Toro
Amanece en Getsemaní