Estos
verbos griegos son muy significativos, peinao,
significa: padecer un hambre espantosa, y dispao,
transmite la idea de una sed enorme, insoportable, y ambos son una acción continua: tener siempre hambre y siempre sed.
En
nuestras condiciones, muy pocos sabremos lo que es tener hambre espantosa o sed insoportable. En Palestina ¡sí que
se sabía! Nadie se ponía gordo con el salario diario de un obrero, un jornalero siempre estaba muy cerca de la línea divisoria entre la
verdadera hambre y la muerte por inanición.
Y
esto era todavía más real en el caso de la sed; a la inmensa mayoría no le era
posible abrir un grifo y recibir agua clara y fresca en su casa. El árido
desierto podía sorprenderle y envolverle en tormentas de
arena, ponerse de espaldas era el escudo de defensa y cubrirse la cabeza, la forma para contrarrestar
las abundantes partículas arenosas entrando por la nariz hasta la garganta, sofocando
y produciendo una sed imperiosa.
Así
pues, esta hambre no es el apetito que se
satisface con un bocadillo, no es la sed que se puede mitigar
con una bebida helada; es el hambre de la persona a punto de morir por
inanición o la sed del que agoniza.
Sí se puede tener hambre por alimentos equivocados y contaminantes como le sucedió
al hijo pródigo, o sed por bebidas que no saciarán, como en el caso de la mujer
junto al pozo. Y aunque el hambre física puede llevar hasta la muerte,
todos los horrores causados por las hambrunas, no son nada, en comparación con los
causados por la muerte eterna.
Jeremías 2:13 Dos son los pecados que ha cometido mi pueblo: Me han
abandonado a mí, fuente de agua viva, y han cavado sus propias cisternas,
cisternas rotas que no retienen agua.
Jesús
anhela que tengamos hambre, por eso Se ofreció a Sí mismo como alimento: “Pan del Cielo”; y anhela que tengamos
sed, por eso Se ofreció como “El agua que
da vida”
¿Quieres,
tanto como estos hambrientos, el Pan del Cielo?
¿Quieres, tanto como estos sedientos, el
Agua de Vida?
Permitir
que Jesús sacie tu hambre y tu sed no es una religión, es una forma de vida; es buscarle y encontrarle en cada madrugada, es llamarle y recibirle en tu corazón, es escucharle en Su Palabra viva, es verle actuar de manera real y tangible en tu mundo, en tus circustancias, en el futuro eterno de tu alma.
Salmo 107:9 ¡Él apaga la sed del sediento, y sacia con lo mejor al
hambriento!
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Raquel Toro
Amanece en Getsemaní

