El que tú anheles más, no significa que no seas agradecido por lo que
tienes o que te olvides del que tiene menos…
¿Anhelo del ama?… Lo que deseas con cada fibra de tu ser porque sabes
que hay algo más, que lo estás buscando, no sabes si está cercano o lejano,
pero sigues intentado encontrar ese algo; en lo más interno de tu ser, sabes
que no estás satisfecho, que se trata de algo más.
A veces piensas que no estás siendo lo suficientemente agradecido y
mientras te confrontas a ti mismo por la falta de gratitud, sin embargo, no
puedes ignorar esa necesidad de algo más…
Lo más seguro es que no tengas claro qué es ese algo que te hace
falta, pero la insatisfacción y el anhelo continúan ahí, quizá sabes que puedes
causar un mayor impacto, que todavía puedes marcar una huella inolvidable durante
tu estancia en la tierra...
Mira que ese anhelo solo está indicando que tu realidad te está
limitando, quizá sofocando, porque sabes que puedes hacer más de lo que haces
ahora, saber más de lo que sabes ahora, poseer más de lo que posees hasta ahora…
sí, tienes un llamamiento mayor que te hace anhelar,
intentas conseguirlo y aunque no sabes qué es lo que quieres alcanzar, sientes que aún no has llegado allí.
Puede que seas la persona más agradecida del mundo, pero si no has
llegado al lugar en el que Dios quiere que estés, para hacer aquello para lo que
Dios te ha enviado y que solo tú puedes hacer, ese anhelo nunca se irá…
Entonces podríamos decir, más bien, el vacío del alma....
Salmo 63:1 Oh Dios, tú eres mi Dios; yo te busco intensamente. Mi alma tiene sed de ti; todo mi ser te anhela, cual tierra seca, extenuada y sedienta.
El anhelo del alma está vivamente descrito por la metáfora de la sed y
el hambre.
Nota, mi alma, mi ser, tierra seca, son palabras que describen la
vida terrenal y en seguida, la descripción de esa vida: sed, anhelo, extenuada,
sedienta…
El anhelo de tu alma tiene forma de Cruz; el hambre, forma
de Palabra, palabra más dulce al paladar que la misma miel; la sed… sed del agua de vida…
Este anhelo no se puede saciar de manera definitiva con nada que exista
sobre la tierra, trátese de poco o mucho, porque una vez que has conseguido
aquello, descubres que el anhelo por más, aún sigue vigente.
Recuerda a Adán en el huerto… al atardecer de cada día, en la puesta del sol, saliendo a dar un paseo con su Amado Hacedor, Adán contaría, preguntaría y el Dios Eterno, escucharía, contestaría, enseñaría… Así, tu compañerismo con Dios, saciando tu alma… tus anhelos... tu vida…
Es el gozo, la satisfacción que el alma del hombre natural no puede recibir, la saciedad de la comunión con tu Creador.
Esta intensa necesidad de adorar, necesidad de la que no éramos conscientes
y que hizo que tomáramos objetos de adoración equivocados, pero que una vez que
descubrimos el amor más grande, más puro, más sublime, nos sumergimos en un mundo
de saciedad, antes no conocido.
Espera con ansias, como David, la llegada del alba para adorar y ser abrazado por tu Hacedor, igual también, declárale solo a Él, tu lealtad.
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Raquel Toro
Amanece en Getsemaní

