¿Cuántas formas o clases de escudos, crees que había en el mundo de los
soldados romanos?
Efesios 6:16 Además de todo esto, tomen el escudo de la fe, con el cual
pueden apagar todas las flechas encendidas del maligno.
Tenemos diferentes escudos de fe, puede que algunos sean delgados otros
gruesos, habrá débiles o fuertes, algunos tan livianos que sean fácilmente llevados
de aquí para allá, mientras que otros, fuertes y pesados, es muy difícil hacerles retroceder.
Mira que participar en batallas que te involucran física, mental y espiritualmente, de manera simultánea, pueden desgastar o abollar tu escudo, podríamos decir, la intensidad de tu fe.
Con seguridad, te habrás encontrado con alguien
que ha sido tan golpeado, tan herido en sus batallas, que su fe se encuentra,
literalmente, moribunda.
¿Qué debes hacer con un escudo abollado, machacado o con tantos
agujeros de flechas enemigas, lanzas, dardos de fuego que, casi
parece que fue el blanco en un polígono de tiro?
Isaías 9:5 Todas las botas guerreras que resonaron en la batalla, y toda la
ropa teñida en sangre serán arrojadas al fuego, serán consumidas por las
llamas.
Las botas guerreras y la sangre, indudablemente nos sumergen en un
contexto de soldado y guerra.
Botas resonando, es el sonido de soldados marchando, pisoteando
en medio del fragor de la batalla, en medio de gritos que son casi como aullidos y sonido rechinante de metales chocando agresivamente; fuerza, brío, uno
vencerá y otro caerá, la fortaleza será expuesta, no será cuestión de apariencia,
sino que el que marcha firme en la fe, prevalecerá.
En el original encontramos la idea de ropa que fue usada para envolver
heridas y por ello está teñida en sangre, a manera de vendajes para
contener la sangre y proteger las heridas; puedes pensar que es una figura
exagerada de guerra… es real, quien ha pasado por graves conflictos
emocionales, bancarrotas, daños físicos o pérdida de seres amados, sabe del fragor de la batalla que entabló el adversario para arrasar su fe, sus convicciones,
su determinación, su valor.
Batallas con llanto, con dolor, con insomnio anhelante del amanecer... Cuando pases por una de estas crudas batallas, habrá numerosas voces, todas dando su propio consejo conforme a sus experiencias y diciéndote, según ellos, cuál es el secreto para ganar tu batalla.
El guerrero no debe concentrarse en los sonidos de la batalla sino en la protección de su escudo de fe; no en los gritos de su enemigo, sino en las instrucciones dadas por el Señor de los ejércitos.
¿Qué pasará con todo eso? Lo que leemos es que tanto las botas guerreras
como los vendajes de los heridos deben ser arrojados al fuego, quemados como en un fuego consumidor, ¿a qué se refiere? No vas a necesitar más
ese desgastado equipo de campaña porque habrá victoria, liberación, ¿cómo se
producirá esa victoria? ¿cómo es que verás caer a tu enemigo?
Será de La mano del Mesías, Jesús, nuestro comandante del ejército del SEÑOR.
Romanos 8:37 Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de
aquel que nos amó. Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los
ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo
alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación podrá apartarnos del
amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor.
La armadura abollada y ensangrentada será combustible para el
fuego, cuando todo haya terminado, celebrarás la victoria y disfrutarás del
botín de guerra. Sin embargo, las batallas y azote que has soportado
deben encender y hacer trascender tu fe.
Las abolladuras del pasado que hoy se ven en tu armadura, son las marcas que apuntalan tu fe para atravesar firme la más dura prueba o vencer la
tentación más fuerte y, todo lo que intentó derrotarte sólo será el peldaño de
la motivación para una vida victoriosa o para el avance de tu Ministerio.
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Raquel Toro
Amanece en Getsemaní

