El
agua y el té, ahora están fundidos, inseparables; de hecho, que ya no se
llamará más agua, sino que ahora se llama y es té, prácticamente el agua podría
decir: “Ya no vivo yo, sino que es el té quien vive en mí”
Gálatas 2:20 He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, sino
que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en el cuerpo, lo vivo por la fe en el
hijo de Dios, quien me amó y dio su vida por mí.
Habla
el apóstol Pablo, quien fuera un ícono de la religiosidad en su tiempo, fiel
practicante del legalismo y los rituales judíos; la primera parte de su vida,
o sea, el antes de Cristo, él buscó y se empeñó en agradar a Dios
obedeciendo cada mandamiento de la Ley y cada norma del judaísmo, es decir,
trató de acercarse a Dios a través de sus propias obras, de su propia
capacidad, de sus esfuerzos.
Tal
es el lema de la religión, “el hombre buscando a Dios” pero mira que no se trata
de esto el cristianismo y Pablo lo entendió, entendió que el practicar las
obras que la ley demandaba, aun, dando su mejor esfuerzo, no le ayudaría a
dejar de ser un pecador, tal y como él mismo lo dijera: “Cristo Jesús vino al
mundo a salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero”
Mira
que se trata de “Dios buscando al hombre” ningún esfuerzo humano o practicar el
rito que sea, nada de eso logrará acercarte a Dios; Pablo está aclarando que la
tendencia humana de practicar ritos, de ampararse en la religiosidad o en el
legalismo, todo… todo, debe ser entregado a Jesús; la única alternativa, es que
recibas la misericordia que el Padre te brinda en Jesús.
Así
vino en Pablo y vendrá en ti, la nueva vida en Cristo, vida que empieza a
surgir desde dentro de ti; gracias al Espíritu de Dios, que te va cambiando,
saturando, transformando en un hombre nuevo, una nueva mujer; llenándote del
poder de Dios para cambiar tu vida y tu mundo y haciéndote experimentar una unidad con Él que antes ni siquiera
hubieras imaginado.
Luego Pablo dice: “lo que ahora vivo”
es tu “ahora” como creyente, no es sólo que Jesús dividió la historia del mundo
en un antes de Cristo y después de Cristo, es que tu propia vida ha sido
dividida por Él, tu vida antes de Cristo y ahora, tu vida después de Cristo.
El privilegio supremo del cristiano consiste en ser
habitado por el Hijo de Dios, ya no es más el Jesús que cuelga de una Cruz; es un
Jesús vivo, poderoso, real, que te amó y entregó Su vida por ti.
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