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miércoles, 16 de septiembre de 2020

ANTES Y DESPUÉS

Imagina que, en una humeante taza de agua caliente, colocas una bolsita de tu té preferido; nota como el té empieza a salir del interior de la bolsita y va transformando el color, el sabor, el aroma de aquella agua caliente. Puedes ver que continúa saturando la naturaleza del agua hasta cubrirle y llenarle con todas sus propiedades; ya no es más agua, sino que ahora es té; té revitalizante, colorido y aromático.

El agua y el té, ahora están fundidos, inseparables; de hecho, que ya no se llamará más agua, sino que ahora se llama y es té, prácticamente el agua podría decir: “Ya no vivo yo, sino que es el té quien vive en mí”

Gálatas 2:20 He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en el cuerpo, lo vivo por la fe en el hijo de Dios, quien me amó y dio su vida por mí.

Habla el apóstol Pablo, quien fuera un ícono de la religiosidad en su tiempo, fiel practicante del legalismo y los rituales judíos; la primera parte de su vida, o sea, el antes de Cristo, él buscó y se empeñó en agradar a Dios obedeciendo cada mandamiento de la Ley y cada norma del judaísmo, es decir, trató de acercarse a Dios a través de sus propias obras, de su propia capacidad, de sus esfuerzos.  

Tal es el lema de la religión, “el hombre buscando a Dios” pero mira que no se trata de esto el cristianismo y Pablo lo entendió, entendió que el practicar las obras que la ley demandaba, aun, dando su mejor esfuerzo, no le ayudaría a dejar de ser un pecador, tal y como él mismo lo dijera: “Cristo Jesús vino al mundo a salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero”

Mira que se trata de “Dios buscando al hombre” ningún esfuerzo humano o practicar el rito que sea, nada de eso logrará acercarte a Dios; Pablo está aclarando que la tendencia humana de practicar ritos, de ampararse en la religiosidad o en el legalismo, todo… todo, debe ser entregado a Jesús; la única alternativa, es que recibas la misericordia que el Padre te brinda en Jesús.

Así vino en Pablo y vendrá en ti, la nueva vida en Cristo, vida que empieza a surgir desde dentro de ti; gracias al Espíritu de Dios, que te va cambiando, saturando, transformando en un hombre nuevo, una nueva mujer; llenándote del poder de Dios para cambiar tu vida y tu mundo y haciéndote experimentar una unidad con Él que antes ni siquiera hubieras imaginado.

Luego Pablo dice: “lo que ahora vivo” es tu “ahora” como creyente, no es sólo que Jesús dividió la historia del mundo en un antes de Cristo y después de Cristo, es que tu propia vida ha sido dividida por Él, tu vida antes de Cristo y ahora, tu vida después de Cristo.

El privilegio supremo del cristiano consiste en ser habitado por el Hijo de Dios, ya no es más el Jesús que cuelga de una Cruz; es un Jesús vivo, poderoso, real, que te amó y entregó Su vida por ti.


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Raquel Toro 
Amanece en Getsemaní