¿Te acuerdas de la primera prédica de la Iglesia Apostólica?
¡La hizo el apóstol
Pedro!
¿Cómo
así? ¿Este es el mismo Pedro, pescador caracterizado por
sus reacciones emocionales, su manera impulsiva de hablar y sus problemas de carácter
que hacen que nos identifiquemos tanto con él?
Sí,
esta fue su primera predicación y lo que dijo a quienes estaban allí, les
atravesó el corazón, reaccionaron preguntando: –¿Qué podemos hacer
ahora? Y como resultado, ¡Ese día se unieron a la Iglesia unas tres
mil personas!
¡Cómo se hizo visible y plena la obra del Espíritu Santo en la vida de Pedro, tres mil personas se arrepintieron, se convirtieron a Cristo y se bautizaron en su primera predicación!
Me
hace recordar a Lane Adams, colaborador cercano del evangelista Billy Graham, fundamental
en la estructura de apoyo para las cruzadas evangelísticas y amigo personal de
Billy.
Él
comparó el crecimiento espiritual del creyente con la estrategia usada por los
aliados en la Segunda Guerra Mundial para liberar a las Islas del Pacífico Sur.
Primero,
hicieron el trabajo de “ablande” de una isla, debilitaron su resistencia bombardeando sus fortalezas con bombas lanzadas desde naves
que estaban en la costa.
Segundo,
un pequeño grupo de soldados especializados, invadieron la isla y establecieron
una “cabecera de playa”, una pequeña zona dominada en la isla.
Tercero,
en cuanto esa “cabecera de playa” quedaba asegurada, empezaban el proceso de invadir
el resto de la isla y finalmente, toda la isla quedaba bajo su control.
Lane
dijo: antes que Cristo invada nuestra vida, primero tiene que “ablandarnos”
permitiendo algunas situaciones que no podemos resolver; habrá quienes abren
sus corazones a Cristo a la primera vez que Él llama a la puerta, pero la
mayoría resisten, mientras Jesús dice: Estoy a la puerta y llamo, a ellos
les parece escuchar: “Estoy a la puerta y bombardeo”
Segundo,
en cuanto Le aceptamos, Cristo consigue una cabecera de playa y empieza la conquista
de una parte de nuestra vida; aunque creamos que hemos rendido toda nuestra
vida a Él, lo cierto es que solo hemos entregado lo que entendemos hasta ese
momento.
Y
tercero, Jesús continúa Su campaña para tomar más y más territorio hasta que
todo nuestro corazón y nuestra vida son completamente suyos.
Filipenses 1:6 Estoy convencido de esto: el que comenzó tan
buena obra en ustedes la irá perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús.
Dios inició nuestra salvación -pasado-, la continúa en el presente y la completará en el futuro; confiando en la acción de Su Espíritu en nosotros, mantendremos esta fructífera actividad, somos suyos para siempre.
Mira que Jesús no necesitaba que Pedro tocara los enfermos para sanarlos, con su sola sombra bastaba; Pedro entregó su vida para que el Reino del Señor Jesucristo se estableciera sobre la tierra; capacitó y envió mensajeros a los cuatro puntos cardinales, ¡niveles insospechados de servicio a su Señor.
¡El Ministerio de Cristo también avanza en ti, en tu corazón, tu mente, tu vida y tu capacidad para alcanzar a otros!
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Raquel Toro
Amanece en Getsemaní

