“Dios nunca me pedirá que haga algo que no
puedo hacer”
Una frase que con alguna regularidad hemos dicho o escuchado;
pero cuando estás haciendo algo que puedes manejar tú mismo, muy probablemente,
esa asignación no la ha hecho Dios, porque las misiones que Dios asigna en la Escritura,
¡Siempre van más allá de lo que una persona puede hacer!
Las personas
que te conocen, saben lo que puedes hacer, pero cuando vean suceder cosas que
solamente pueden explicarse por la intervención de Dios, se sorprenderán y se
darán cuenta que es Él quien está obrando a través tuyo. Dios quiere manifestar Su
naturaleza, Su poder, Su provisión y Su misericordia, al mundo que te observa.
Existe un
denominador común en cada una de las personas que Le han permitido a Dios
trabajar a través de ellas: “Han escuchado Su mensaje”. Abraham, escuchó La voz
de Dios ordenándole salir hacia la tierra prometida, Moisés Le escuchó en medio
de la zarza ardiente, Josué Le escuchó que debía llevar a los israelitas a
través del desbordado río Jordán; Gedeón fue con trescientos hombres a derrotar
a un ejército de ciento veinte mil, porque lo había escuchado de Dios.
Romanos 10:17 Así
que la fe viene como resultado de oír el mensaje, y el mensaje que se oye es la
palabra de Cristo.
Ahora, en el
tiempo en que vivimos, no tienes que esperar que Dios use un evento sobrenatural, en medio del cual escucharás Su voz;
¡La palabra tiene forma de Libro y está en tus manos! Cada vez que le ignoras o
te niegas a leerlo, te niegas a ti mismo la oportunidad de ser útil para el
Reino de los cielos.
A nuestro mundo
no le atrae el Cristo a quien servimos, porque no alcanza a verlo obrando; no
dudan en atacarnos porque no tienen temor de nuestro Dios. Nos ven haciendo
cosas buenas para Dios y dicen: “Todo está muy bien, pero eso no va conmigo” Pasan
a nuestro lado, pero siguen su propio camino porque no ven nada sobrenatural en lo que observan, ¡No se les está dando
la oportunidad de ver obrar a Dios!
¡Tus
acciones demuestran lo que crees de Dios! La apariencia de éxito no siempre es indicador de
fe, así como la apariencia de fracaso no siempre es falta de fe. Un instrumento
de Dios es el que hace lo que su Señor dice, indiferente de los
resultados o consecuencias.
Tu fe no
debe apoyarse en un concepto o en una idea, debe estar puesta en una persona,
¡En Jesús mismo! Si alguien piensa, sería bonito que sucediera “esto o aquello” y luego lleva a otros a
creer o tener fe en “esto o aquello” se
está desviando de la voluntad de Dios. Nuestra fe debe fundamentarse en el
poder de Dios y no en la capacidad o sabiduría humana.
Si puedes ver la manera como algo puede llevarse a cabo, lo más seguro es que no requieras fe; no es una
experiencia circunstancial, es una experiencia diaria; la fe es la
confianza de que sucederá lo que Dios ha dicho o prometido; sólo, nos unimos a Él para que continúe haciendo Su obra a través nuestro.
El secreto
de la abundante multiplicación de creyentes en la Iglesia Primitiva, fue el
mismo, ellos estaban saturados de la Palabra de Dios, rebosantes del gozo que produce abrir y leer Su palabra diariamente, nutriéndose de las
explicaciones de la misma y aplicándola en su diario vivir; así, de manera propositiva
permanecerás en el centro de la voluntad de Dios y Él, hará a través tuyo, lo
que se ha propuesto hacer.
Hechos 2:46-47 No
dejaban de reunirse en el templo ni un solo día. De casa en casa partían el pan
y compartían la comida con alegría y generosidad, alabando a Dios y disfrutando
de la estimación general del pueblo. Y cada día el Señor añadía al grupo los
que iban siendo salvos.
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Raquel Toro
Amanece en Getsemaní

