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miércoles, 13 de agosto de 2025

EL FRACASO DE LA LECCIÓN DE HUMILDAD

¿Crees que podemos ser humildes simplemente, intentándolo?

Una de las cosas más tristes, que Jesús tuvo que sufrir de Sus discípulos fue la lucha persistente entre ellos por ver cuál sería el más importante.

Marcos 9:33-34 Llegaron a Capernaúm. Cuando ya estaba en casa, Jesús les preguntó: –¿Qué venían discutiendo por el camino? Pero ellos se quedaron callados, porque en el camino habían discutido entre sí quién era el más importante.

Al parecer, el Señor iba adelante, caminando solo y ellos atrás venían discutiendo.

El motivo de vergüenza era doble: Primero, ¡discutir! Y segundo, el tema discutido: ¿Cuál de ellos iba a ser el más importante?

¿Cómo así? ¿No habían escuchado o no habían puesto atención o dejaron pasar lo que apenas dos versículos atrás, Jesús les decía sobre que... lo matarían?

Y ahora por segunda vez, se quedan en silencio, ¿crees que en lo íntimo de su corazón entendieron que no había estado bien? Es sorprendente cómo nuestras acciones adquieren su verdadero sentido cuando son señaladas por Jesús.

¿Te los puedes imaginar, cada uno con sus argumentos de porqué eran más importantes que los otros o de mayor rango, querrían decir? Tan enfrascados en su discusión que no notaron que Jesús los escuchaba sin interrumpirlos.

Ahora, puedes estar pensando que la discusión sobre cuál sería el más importante, es completamente válida, pero al tener que plantear una respuesta para Jesús… “Maestro es que yo soy más importante porque…” oh… toda la discusión quedaba en el marco del orgullo.

¿Fracasó la lección de humildad que les había sido impartida durante ya tres años?

¿Estos hombres sencillos que estaban siendo entrenados para servir a la causa de Cristo, estaban siendo movidos por un deseo de exaltación personal?

¡Cómo se parece nuestro corazón al de los apóstoles! ¡Cómo son de similares los argumentos en nuestra mente, cómo los de ellos, aquella tarde! Con frecuencia concluimos que somos o merecemos más que otros.

Pero nota lo siguiente: “Jesús no los reprende por sus aspiraciones de ser importantes” Sino que nos dice… ¡cómo lograrlo!

1Co 12:31 Ustedes, por su parte, ambicionen los mejores dones.

Lejos de ser un idealismo las aspiraciones de los creyentes, son el más sano deseo al que nos guía el sentido común.

Mira que las personas grandes según la Historia Universal, son recordadas por sus aportes de sabiduría y servicio constructivos a la sociedad; son los que se dijeron… ¿Cómo puedo dar más de mí, de mis dones y de lo que sé, para servir a otros?

Mira que es conveniente, establecer la diferencia entre la verdadera y la falsa humildad:

Ser enseñable y reconocer que siempre podemos aprender de otros, forma parte de la auténtica humildad; negarse a aceptar recompensas o reconocimiento por lo logrado, no es una buena señal porque, la humildad es una autoevaluación adecuada de quiénes somos en Cristo, de la forma en que hemos sido equipados y el llamamiento que nos encamina en el desarrollo de nuestro propósito; no reconocer esto, sería tanto como que un músico no diera crédito a sus largas horas de ensayo y entrenamiento auditivo.  

¿Qué hay de la falsa humildad? Los griegos y romanos de aquella época no reconocían la humildad como virtud, sino que se fundamentaban en “los honores y privilegios”. Esta forma de pensar creó dificultades para los cristianos del primer siglo y aún nos presenta desafíos al interpretar y aprender sobre la humildad cuando antes de Cristo, éramos orgullosos por naturaleza.

Recuerda… la ambición por los mejores dones y el ejercicio de los mismos, siempre está enmarcado en el funcionamiento del Cuerpo de Cristo como un solo engranaje, sujeto a Cristo como nuestra cabeza y para el bien de su propio pueblo.



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Raquel Toro

Amanece en Getsemaní