A un joven, le llamó la atención la frase final en el anuncio de una reconocida cadena de hoteles, decía: “Dejaremos la luz encendida para usted”
Seguidamente el joven argumentó:
Mamá acostumbraba decirme lo
mismo: “dejé la luz encendida para ti”; y continúo recordando, a veces
yo trabajaba hasta muy tarde en la fábrica o llegaba tarde de la universidad, pero
sin importar a qué hora llegara, la luz en la puerta siempre estaba encendida,
cuando yo veía su resplandor, me parecía escuchar las tiernas palabras de mamá:
“te estoy esperando” “Te amo y estoy pendiente que llegues” “Qué
bueno que ya estás en casa”
Pero una noche… la luz de la puerta
no se hallaba encendida, me preocupé, ¿estaría mamá enfadada conmigo? ¿sería
que hice algo mal? Al entrar, mamá me esperaba y su explicación fue tan tranquilizadora:
La bombilla se ha fundido.
Juan 8:12 Una
vez más Jesús se dirigió a la gente, y les dijo: -Yo soy la luz del mundo. El
que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.
Aquella noche en que Jesús dijo
esas palabras, fue en el primer día de la fiesta, en la ceremonia llamada “La
Iluminación del Templo”, aprovechó ese contexto de iluminación porque los
judíos solían decir que, era tal el resplandor de las antorchas que iluminaban todos los patios de Jerusalén, así que, Jesús les hizo esta impactante analogía
espiritual: “Yo soy la luz del mundo”
La palabra luz estaba
especialmente asociada a Dios en el pensamiento y leguaje judío, ellos
recordaban frases como: “El Señor es mi luz y mi salvación” Los rabinos
afirmaban que uno de los nombres del esperado Mesías era Luz, así que cuando
Jesús se presenta como la luz del mundo está diciendo de Sí mismo, lo
más veraz que se podía decir.
Los corazones sensibles que han
entendido el símil, con seguridad también han establecido las diferencias:
– Sí, son las luces de una noche maravillosa de regocijo, pero Jesús, es la luz de Dios mismo, a lo largo de todo el camino de tu vida.
– Aunque la luz de las antorchas en aquel templo pudiera ser muy luminosa, finalmente, parpadeó y se apagó, mientras que la luz de Jesús, es y será por toda tu eternidad.
- El que camina en oscuridad, sin seguir a Jesús, corre el riesgo de andar a tientas y tropezar, mira que muchos de los problemas de la vida están por encima de tu capacidad.
Puede que alguien no reconozca a La
luz del mundo, pero ese no significa que Jesús no brille en todo su
esplendor, como la refulgente columna de fuego alumbraba y guiaba a los
israelitas en el desierto, así, Jesús alumbra y guía el camino de quien Le
sigue.
Mateo 5:14 Ustedes
son la luz del mundo.
Sin embargo, podemos preocuparnos
y dejar de reír al examinar nuestras propias vidas a la luz de Jesús, me
pregunto, por estos días… ¿qué reflejan nuestras acciones?
Sé cómo la luz en la puerta
atrayendo a los que no saben que Jesús los ama y les espera.
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Raquel Toro
Amanece en Getsemaní

