¿Sabes del chico que donó su sangre a su hermanita?
Se cuenta de una niña que sufría de una extraña enfermedad y al parecer,
su única oportunidad de recuperarse era una transfusión de sangre de su
hermanito, apenas adolescente, quien había sobrevivido milagrosamente a la
misma enfermedad desarrollando los anticuerpos necesarios para vencerla. El
doctor le explicó la situación al chico y le preguntó:
–¿Estarías dispuesto a permitir la transfusión directa de tu sangre a tu
hermanita?
Tras unos segundos de silencio, seguidos por un profundo suspiro,
contestó:
–
Sí, lo haré, así se salvará mi hermanita…
Y mientras el médico hacía la transfusión, él estaba acostado en una
cama junto a la de ella y podía ver cómo regresaba el color a sus mejillas mientras
él palidecía… Miró al doctor y le preguntó con voz apagada:
–
¿A qué hora empezaré a morir?
¿Hay alguien que desees que sea salvo? Primero debes amarle…
Tenemos un ejemplo real, ¡Moisés! Amó y deseó tanto salvar del castigo
a un pueblo tan difícil como Israel
Éxodo
32:31-32 Volvió
entonces Moisés para hablar con el SEÑOR, y le dijo: –Qué pecado tan grande ha
cometido este pueblo al hacerse dioses de oro! Sin embargo, yo te ruego que les
perdones su pecado. Pero si no vas a perdonarlos, ¡bórrame del libro que has
escrito!
Wow… ¿Qué otra frase podría mostrar con tanta intensidad el amor de
Moisés hacia su pueblo?
¡Qué amor tan sincero para ofrecer su propia vida, antes que ver al
pueblo destruido!
Moisés sabía plenamente que eran culpables del pecado tan terrible de
haber fabricado y adorado a un dios de oro y aun que él no tomó parte en dicho
pecado, sin embargo, asumió la responsabilidad por las acciones de su pueblo e intercedió
por ellos, ofreciendo su propia vida.
Esta es la verdad: “si quieres salvar a un pecador, tienes que empezar
por amarle”
¿Alguna vez te ha parecido alguien tan alejado de Cristo, tan adorador
de ídolos, tan pecador, tan necesitado de perdón… y, aun así, no has empezado a
dar parte del tiempo de tu vida para interceder por su rescate?
Si no amas primero, te será muy difícil orar o clamar con el corazón
por la salvación de otros, sólo el amor desarrolla en ti el sentimiento y la
determinación para interceder y tocar las puertas del Cielo por la salvación de
uno más para Cristo.
Moisés sintió que Israel había pecado tan terriblemente que la sangre
de un animal sacrificado no cubriría ese pecado, tenía que ser un hombre quien
sufriera en su lugar, Dios rechazó la petición de Moisés, sin embargo, podemos
decir que Dios esperaba con ansias el sacrificio de Uno mayor que Moisés, quien
se entregaría por el pueblo, trayendo una expiación perfecta y completa.
El amor nos hace ver a los demás, no como culpables a los que se debe azotar
o llevar a la pena capital o a la destitución familiar, sino como personas a las
que debes anhelar para el Cielo. Comparte el sentimiento del Padre, da de buena
gana, de tu tiempo, en intercesión, para contribuir a que el Cielo sea llenado
de almas rescatadas para Cristo.
Odiamos el pecado, sí, pero amamos a los pecadores.
Juan
15:12-13 Y éste es
mi mandamiento: que se amen los unos a los otros, como yo los he amado. Nadie
tiene amor más grande que el dar la vida por sus amigos.
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Raquel Toro
Amanece en Getsemaní

