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martes, 7 de octubre de 2025

LA ESTRATEGIA DE UNA PALABRA

En cierta ocasión, un supervisor de transporte público, se dirigió a las estaciones de parada de autobuses para evaluar el estado de satisfacción de los usuarios, respecto del servicio en una de las rutas principales de la ciudad. Para su sorpresa, ¡recibió un gran número de quejas! Los usuarios manifestaban que los autobuses pasaban de largo, aún que iban casi vacíos mientras que las estaciones estaban llenas de pasajeros esperándolos.

Al concluir la investigación, el supervisor informó: “Los conductores deben pasar de largo en las estaciones, aunque haya pasajeros, porque tienen que cumplir puntualmente el horario designado para cada una de las rutas, de lo contrario, reciben sanciones económicas e incluso suspensión laboral; así, les resulta más importante cumplir el horario designado que el propósito de servicio a la comunidad.

Sin duda, esto nos hace sonreír, pero la verdad es que, frecuentemente, muchas personas pierden de vista el verdadero propósito de sus vidas; la presión por cumplir tareas cotidianas o urgentes y las consecuencias de no actuar a tiempo, llegan a ser más importantes que su misión en esta tierra.

Puedes pasarte la vida cumpliendo tareas urgentes e importantes que no son prioritarias y que no aportan un valor significativo a tus metas principales.

Así que practica la estrategia de una palabra, y… ¿cómo es?

Si eres una persona con ganas de lograr y crecer, selecciona una sola palabra, la que mejor te describa. No tu carrera profesional, no el trabajo que estás realizando en este momento, si no es lo que realmente quisieras, no veinte palabras distintas, no una palabra romántica sino una palabra de vocación, enfócate en esa sola palabra, ese sólo regalo.

Ahora, si no encuentras esa palabra, tienes que cambiar tu manera de pensar y buscar tu verdadera vocación.

Las personas con vocación saben que su labor contribuye al bien general, que trasciende al individuo y aún la vida misma, qué es mucho más que dinero. Por ejemplo: un médico que considere su empleo como un trabajo y por tanto, esté enfocado en su buena remuneración, no tiene vocación; mientras que otro médico, experimenta amor y misericordia por sus pacientes, les atiende aún en horario extra, haciéndoles más llevaderas sus circunstancias, esa es su vocación.

¿Por qué es buena esta práctica de escoger una palabra? 

Porque te dice mucho acerca de lo qué piensas de ti mismo y cuál es tu vocación… Inténtalo… una palabra… Juan el Bautista eligió ésta:

Juan 1:23 –Yo soy la voz del que grita en el desierto: “Enderecen el camino del Señor” –respondió Juan, con las palabras del profeta Isaías

Juan eligió “voz” y se enfocó en ello, ser la voz. ¡Una misión magnífica!

El apóstol Pedro tomó ésta:

Mateo 16:18 –Yo te digo que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y las puertas del reino de la muerte, no prevalecerán contra ella.

Piedra, una roca pequeña, ¡la piedra inicial que nace de la Roca Eterna! ¡Qué gran misión!

La voz de Juan, la fe de Pedro, ambas palabras inflamaron el corazón de la misión para los dos.

¿Qué palabra inflama tu corazón y define tu misión de vida? ¡Esa palabra es la chispa!

Si has pasado por tiempos difíciles y no te sientes bien contigo mismo, a pesar de ello, ¡tu vida vale! Sea cual sea tu trasfondo o de dónde vienes, o qué errores has cometido, siempre puedes volver a empezar.

Ten pensamientos de fe en tu Hacedor, toma buenas decisiones anclado en Su Palabra, sigue avanzando… sigue creyendo en tu misión… ¡vive tu palabra!




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Raquel Toro

Amanece en Getsemaní


jueves, 2 de octubre de 2025

HIPERSENSIBILIDAD AL TEMOR

¿Qué te es más fácil, conocer a Dios o confiar en Él?

Job 3:25 Lo que más temía, me sobrevino; lo que más me asustaba, me sucedió.

En su búsqueda por comprender las calamidades que sorpresivamente se le habían venido encima, Job lleva a cabo la lucha que todos los seres humanos libramos con el miedo, la ansiedad y la angustia, emociones tan propias de nuestra naturaleza.

Recordemos un poco a Job cuando era próspero y vivía tranquilamente, él amaba a Dios, como se ve más adelante en el desarrollo de los capítulos, su amor por Dios no dependía de su prosperidad; tampoco vivía temeroso ni asustado, así que la aflicción no le sobrevino porque viviera sobresaltado en medio de su riqueza, no, el temor del que se habla aquí no se refiere al curso normal de la vida de Job.

Nota que cuando llegaron sus calamidades, le sobrevinieron como una cadena de sucesos sin darle tiempo a reponerse; tras una desgracia llegaba la siguiente; no era sólo la magnitud de sus pérdidas sino la rapidez con que sucedían, haciéndose mucho más difíciles de soportar.

Cuando le arrebataron sus bueyes y asnos y mataron a sus criados, naturalmente sintió temor de perder el resto; y cuando enseguida, fueron calcinadas por un rayo sus ovejas y más criados, se alarmó por los demás rebaños y, cuando seguidamente le robaron sus camellos y asesinaron a más criados, el temor por lo que le quedaba y por la vida, naturalmente, se apoderó de Job, como sucedería con cualquier ser humano.

Cuando le avisaron de la muerte de sus hijos, Job debió derrumbarse igual que sucedería con todo papá,  y cómo tú lo puedes imaginar, pisó fondo en sus temores.

Es apenas natural que, aunque hayas vivido tranquilo, si te llegan amenazas financieras, sientas temor por tus recursos o, si llega la enfermedad, sientas temor por tu vida o por la vida de quien está enfermo; si sucede un desastre natural es apenas lógico sentir temor por tu seguridad, y si un siniestro nos enluta, claro que nos preocupamos por los seres amados que quedan.

Así, el corazón desarrolla una hipersensibilidad al temor, naturalmente Job se encontraba temeroso y desconcertado en medio de la adversidad, tú sabes que si regresara una pandemia universal, temeríamos por todo y por todos.

Esta confrontación con el miedo sirve como un crudo recordatorio de que, incluso en tiempos devastadores, la única forma de lidiar con la realidad de las circunstancias sin dejarnos llevar por la angustia o el pánico, siempre está en Dios:

 Job 13:3 Más bien quisiera hablar con el Todopoderoso; me gustaría discutir mi caso con Dios.

Sí, es más difícil confiar y peor aún porque en medio de la adversidad tendemos más, a cuestionar a Dios y menos a confiar en Él; dudamos de Su protección paternal y experimentamos sentimientos de abandono.

La oración es el refugio que devuelve o aviva tu confianza en Dios, aunque sabes que es difícil orar en medio de la angustia porque la ansiedad y la oración, son dos grandes fuerzas que se oponen entre sí, sin embargo, es la única forma de trasladar todo el peso que está en tu alma, a las manos de Dios.

Es natural que priorices tu necesidad de recibir alivio inmediato, pero lo que sí debes priorizar es tu confianza en la buena, agradable y perfecta voluntad de Dios; más allá de tus experiencias, vence todo temor, susto y angustia, con adoración, tal como lo enseña Job.

 


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Raquel Toro

Amanece en Getsemaní