¿Recuerdas
algunas historias sobre Moisés? Veamos la de Moisés y la zarza ardiente.
¡Una zarza ardiendo en fuego pero ese
fuego no la consumía! Tal como el lo dijo, ¡Qué increible! Tanto llamó su atención, que fue hasta allí para ver
lo que sucedía y, resulta que allí, frente a la zarza ardiente, se hizo el
punto de quiebre entre su vida anterior y su vida futura.
Porque
la vida de Moisés ya se había estabilizado, tenía cierta tranquilidad, recuerda,
desde su dramática huida de Egipto, hacía cuatro décadas, había pasado de ser un
fugitivo a un tranquilo pastor de ovejas.
En
ese largo proceso, Dios reveló los dones y las habilidades con que le había equipado
para sobrevivir a la difícil experiencia en el desierto, cuando llegara el
momento en que le llamara para librar a Israel de la esclavitud de Egipto.
Pero
mira que la llama de Dios ardió de manera permanente en el corazón de Moisés…
Otras cuatro décadas después, Moisés dice:
Deuteronomio 33:16b
y el favor del que mora en la zarza ardiente.
Dios
se le apareció cuando tenía 80, ahora tiene 120 y se da cuenta que su vida está
a punto de terminar… parece tener el más bello y memorable recuerdo de aquella
primera vez, cuando le llamó, cuando comenzó su comunión íntima con Él, el
inicio de un tiempo de amor jamás olvidado… “el favor del que mora en la zarza ardiente...
del que mora en La Presencia del Señor”
Moisés
sigue pensando: “no era un simple arbusto” sino el lugar donde Dios se me
manifestó de manera sobrenatural, mostrando su poder y santidad al no consumirla
por el fuego. ¿Se siente Moisés como la zarza misma? ¿ardiendo siempre en la
presencia de Dios? ¡Sí! Mira que en el verso 1 se describe como “Moisés, hombre de Dios”
Antes de morir bendijo al pueblo, el hombre más manso de toda la tierra, pues el
pueblo había sido su flagelo toda su vida y, no obstante, sus últimas
palabras para ellos, son bendiciones. Moisés pronuncia una bendición para cada
una de las tribus, aunque cada una se había turnado para cargar su espíritu. Estuvo
en la brecha entre ellos y un Dios airado, les había salvado la vida actuando
como mediador.
Por
la mente del anciano pasan sus últimos 40 años, grande ha sido la fidelidad de
Dios sobre él: ¿Acaso no fue el poder de Dios sobre su mano cuando la extendió
sobre el Mar Rojo? Cuando su vara golpeó la roca, ¿No hizo brotar, Dios, ese
torrente de agua dulce? ¿No fue por su voz que Dios les comunicó que el maná
caería alrededor de sus campos? El favor del que habitaba en la zarza es mayor
bendición que todas las bendiciones del mundo.
Para Moisés esa zarza es el lugar de su comisionamiento... ¿Recuerdas el lugar preciso donde Jesús se encontró contigo?
El corazón de Moisés permaneció como una hoguera encendida, ¿También en el tuyo?
Recordando
tu encuentro, también puedes expresarlo así “El favor del que mora en la
zarza ardiente”
2 Timoteo 1:6 Por eso te recomiendo que avives la llama del
don de Dios que recibiste cuando te impuse las manos.
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