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jueves, 26 de abril de 2018

EL PRINCIPIO DE AUTORIDAD

Veremos una de las preguntas de Pablo...

Hechos 9:5a¿Quién eres, Señor?


El Señor hubiese podido contestar: “Quien por Su voluntad creó todas las cosas y las sostiene con Su palabra poderosa

La autoridad de Dios representa a Dios mismo, mientras que Sus obras muestran Su poder; sólo Dios es autoridad en todo y toda autoridad ha sido instituida por Él.

El querubín protector se convirtió en satanás cuando intentó sobrepasar La autoridad de Dios, convirtiéndose así, en su adversario; por tanto, los creyentes no debemos desobedecer a Dios, ni a Su autoridad delegada porque hacerlo, es un principio satánico.

Isaías 14:13-14 Decías en tu corazón: “Subiré hasta los cielos. ¡Levantaré mi trono por encima de las estrellas de Dios! Gobernaré desde el extremo norte, en el monte de los dioses. Subiré a la cresta de las más altas nubes, seré semejante al Altísimo.”

¡He aquí el origen de la altivez del pecador! ¿Cómo se puede predicar a Cristo según el principio de satanás? Puede que alguien esté con Cristo en la doctrina, pero con satanás en los principios.

Romanos 2:21-22 en fin, tú que enseñas a otros, ¿no te enseñas a ti mismo? Tú que predicas contra el robo, ¿robas? Tú que dices que no se debe cometer adulterio, ¿adulteras? Tú que aborreces a los ídolos, ¿robas de sus templos?

Antes de saber Quién era la autoridad, Pablo trató de destruir a la Iglesia pero, al encontrarse con el Señor Jesús en su camino a Damasco, entendió: ¡Él es la autoridad! Así fue que, este judío de pura cepa, descendiente de la tribu de Benjamín y fariseo radical, pudo llegar a someterse a todas las instrucciones de un desconocido hermanito a quien se le menciona solo una vez en La Escritura, Ananías.

Ahora sí, la respuesta del Señor a la pregunta hecha por Pablo:

Hechos 9:5b-6 –Yo soy Jesús, a quien tú persigues –le contestó la voz-. Levántate y entra en la ciudad, que allí se te dirá lo que tienes que hacer.

Dios reúne a Sus hijos bajo la autoridad que Él ha escogido; esa persona, en sí misma, no es la autoridad; nadie puede hacerse autoridad, un oficial o un juez ejercen autoridad y hacen cumplir la ley, pero ellos mismos no escriben esa ley; de igual forma, los que han sido elegidos como autoridad, son representantes de la autoridad de Dios.

Quien entiende el principio de autoridad de Dios y la practica en su diario caminar, se hace representante adecuado para ejercer dicha autoridad, ya que al no ser ésta, parte del fruto del Espíritu, es entregada por Dios a quien Él desea darla y en la medida que Su soberanía lo decide.

¡Nadie es apto para ejercer autoridad delegada por Dios si primero no ha aprendido a obedecer y honrar a su autoridad! sólo cuando se ha practicado, “hacer caso”, se puede  enseñar a otros a obedecer, de lo contrario, se convertirá en alguien autoritario.

2 Corintios 10:8 No me avergonzaré de jactarme de nuestra autoridad más de la cuenta, autoridad que el Señor nos ha dado para la edificación y no para la destrucción de ustedes.



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Raquel Toro
Amanece en Getsemaní