Veremos una de las preguntas de Pablo...
Hechos 9:5a¿Quién eres, Señor?
El Señor hubiese podido contestar: “Quien por Su voluntad creó todas las cosas y
las sostiene con Su palabra poderosa”
La autoridad
de Dios representa a Dios mismo, mientras que Sus obras muestran Su poder; sólo
Dios es autoridad en todo y toda autoridad ha sido instituida por Él.
El querubín protector se
convirtió en satanás cuando intentó sobrepasar La autoridad de Dios, convirtiéndose así, en su adversario; por tanto, los creyentes no debemos desobedecer a Dios, ni a Su autoridad delegada porque hacerlo, es un principio satánico.
Isaías 14:13-14 Decías
en tu corazón: “Subiré hasta los cielos. ¡Levantaré mi trono por encima de las
estrellas de Dios! Gobernaré desde el extremo norte, en el monte de los dioses.
Subiré a la cresta de las más altas nubes, seré semejante al Altísimo.”
¡He aquí el
origen de la altivez del pecador! ¿Cómo se puede predicar a Cristo según el
principio de satanás? Puede que alguien esté con Cristo en la doctrina, pero
con satanás en los principios.
Romanos 2:21-22 en
fin, tú que enseñas a otros, ¿no te enseñas a ti mismo? Tú que predicas contra
el robo, ¿robas? Tú que dices que no se debe cometer adulterio, ¿adulteras? Tú
que aborreces a los ídolos, ¿robas de sus templos?
Antes de saber
Quién era la autoridad, Pablo trató de destruir a la Iglesia pero, al
encontrarse con el Señor Jesús en su camino a Damasco, entendió: ¡Él es la
autoridad! Así fue que, este judío de pura cepa, descendiente de la tribu de
Benjamín y fariseo radical, pudo
llegar a someterse a todas las instrucciones de un desconocido hermanito a
quien se le menciona solo una vez en La Escritura, Ananías.
Ahora sí, la respuesta del Señor a la pregunta hecha por Pablo:
Hechos 9:5b-6 –Yo
soy Jesús, a quien tú persigues –le contestó la voz-. Levántate y entra en la
ciudad, que allí se te dirá lo que tienes que hacer.
Dios reúne a Sus hijos bajo la autoridad que Él ha escogido; esa persona, en sí misma, no es la
autoridad; nadie puede hacerse autoridad, un oficial o un juez ejercen
autoridad y hacen cumplir la ley, pero ellos mismos no escriben esa ley; de
igual forma, los que han sido elegidos como autoridad, son representantes de la
autoridad de Dios.
Quien entiende el principio de
autoridad de Dios y la practica en su diario caminar, se hace representante adecuado para ejercer dicha autoridad, ya que al no ser ésta, parte del fruto
del Espíritu, es entregada por Dios a quien Él desea darla y en la medida
que Su soberanía lo decide.
¡Nadie es apto para ejercer
autoridad delegada por Dios si primero no ha aprendido a obedecer y honrar a su autoridad! sólo cuando se ha practicado, “hacer
caso”, se puede enseñar a otros a
obedecer, de lo contrario, se convertirá en alguien autoritario.
2 Corintios 10:8 No me avergonzaré de
jactarme de nuestra autoridad más de la cuenta, autoridad que el Señor nos ha
dado para la edificación y no para la destrucción de ustedes.
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Raquel Toro
Amanece en Getsemaní

