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viernes, 11 de mayo de 2018

¡BEBE TU COPA!

Mateo 20:20-22 Entonces la madre de *Jacobo y Juan, junto con ellos, se acercó a Jesús y, arrodillándose, le pidió un favor. ¿Qué quieres? le preguntó Jesús. –Ordena que en tu reino uno de estos dos hijos míos se siente a tu *derecha y el otro a tu izquierda. –No saben lo que están pidiendo –les replicó Jesús. ¿Pueden  acaso beber el trago amargo de la copa que yo voy a beber?


Al parecer, esta buena mamá, como la gran mayoría y debido a su excesivo amor por sus hijos y creyéndolos mejores que el resto del grupo de discípulos, llega hasta Jesús para asegurar un lugar importante para ellos: ¡El uno a la derecha y el otro a la izquierda!

Pero no podemos detenernos sólo en la actitud de la mamá, pues en la respuesta que dan a Jesús: “–Sí, podemos” vemos que ¡son ellos quienes contestan, no su mamá! ¿Conocían de antemano la petición que su mamá iba a hacer por ellos? ¿Ya habían hablado al respecto? ¿Acordaron que fuera la mamá la que hiciera tal petición? Es muy probable...

El espíritu que reclama una posición o un lugar destacado es precisamente el espíritu que dista mucho de ser humilde y, es sorprendente que fueran precisamente estos dos apóstoles quienes adoptaran esta posición sabiendo que, su Señor y Maestro jamás buscó títulos ni lugares para Él mismo, por el contrario, ¡No vino a ocupar un trono, sino una cruz!

¿Había ambición en los discípulos? ¡Sí! Pensaban en términos de recompensas, renombre y distinciones personales; querían que Jesús, por decreto real, les asegurara un puesto de honor; la verdadera grandeza reside, no en dominar, sino en servir; no en pedir, sino en darse a los demás.

¿Cuándo se hizo esta petición? ¡Luego que Jesús predijo nuevamente Su inminente muerte en La cruz! la sinceridad de los detalles que les describió, no los llevó a pensar en la magnitud de la tragedia que se venía, sino en cómo conseguir un lugar de privilegio dentro del Reino.

A pesar de la ambición de gloria, que se hizo evidente y, antes de caer en el error farisaico y apresurarnos a condenar, valdría la pena destacar, ¡La lealtad de los apóstoles! Aun cuando el Señor les había dicho con toda claridad la cercanía de su muerte y el trago amargo de la copa, nunca se les ocurrió volver la espalda o huir, estaban decididos a beber la copa; si reinar con Cristo, incluía sufrir con Cristo, estaban dispuestos a sufrir, aun cuando no tenían ni idea de lo que significaba ese sufrimiento.

Mira que en la actitud cristiana, aun cuando las cosas pinten mal o bien, siempre debe haber esta fidelidad invencible; sería fácil condenar a Jacobo y Juan, pero su lealtad no puede ser olvidada.

Mateo 20:23a –Sí, podemos. –Ciertamente beberán de mi copa, les dijo Jesús-,

Santiago fue el primero en beber la copa del martirio; para Juan, su copa fue la constante lucha de la vida cristiana hasta llegar a una ancianidad de casi cien años.

La copa en la vida cristiana, no siempre quiere decir la lucha agonizante del martirio; puede muy bien ser la larga rutina de la vida con todos sus sacrificios cotidianos, su lucha diaria, sus quebrantos y lágrimas; puede que tengan que beber su copa en un gran momento o a lo largo de toda una vida.

Bebe tu copa:  
sigue a Cristo donde quiera que Él te guíe y sé como Él, 
en toda situación que la vida te presente.


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Raquel Toro
Amanece en Getsemaní