Gálatas 3:23-24 Antes de venir esta fe, la ley nos tenía presos, encerrados hasta que la
fe se revelara. Así que la ley vino a ser nuestro guía encargado de conducirnos
a Cristo, para que fuéramos justificados por la fe.
¡Qué buen
contraste entre estos dos Pactos: La ley y la fe! La persona, antes y después
de su conversión. Las consecuencias prácticas para quienes vivieron o viven bajo
la Ley, como quienes están bajo la gracia que es por la fe en Cristo Jesús.
Pablo emplea
dos figuras para representar La ley y su efecto sobre los incrédulos:
- Una cárcel: Antes que Dios relevase la
salvación en Cristo, todos los
hombres estaban en una prisión espiritual: Los judíos, porque habían recibido
escrita la ley de Dios y los gentiles porque la han recibido interna en la
conciencia, de tal manera que nadie tiene excusa, porque aún en el lugar más
recóndito del globo terráqueo y sin haber oído hablar del Dios verdadero,
siempre tendrán grabada en la conciencia Su ley y serán responsables de guardarla.
- Un guía: no era un maestro como tal, sino más
bien, un esclavo empleado por familias griegas y romanas cuyo deber era
supervisar a los hijos en ausencia de sus padres, llevarles y traerles de la
escuela, asegurarse que cumplieran sus responsabilidades y educarles en obediencia
a la autoridad; eran guías disciplinarios y estrictos que podían regañar y
castigar de ser necesario.
El
rol del guía no era permanente, es más, para el joven era motivo de alegría entrar
a la vida adulta, porque allí era librado de la supervisión del guía y cesaba
la rendición de cuentas. Alegría similar del que sale de la prisión para vivir en
libertad o del que sale de La ley para vivir en La gracia.
El perdón o
La gracia, carecen de significado cuando la persona no ha entendido que lleva una
vida pecaminosa; si no sabe que tiene que ser salvado de algo, no anhelará
salvación; ¡Si no le llevamos primero a la ley, no podrá apreciar el valor de
la gracia!
El método de
evangelismo, llamado por sus creadores: “Los 10 pasos del Maestro”, resulta ser buen generador de convicción porque, lleva a la persona frente a la ley para que
pueda caer en cuenta: ¡Necesito un Salvador! Ejemplo:
-
¿Te consideras una buena persona?
-
Sí, tal vez sí, o más o menos...
-
¿Has oído hablar de los 10 Mandamientos?
-
¡Claro que sí!
-
¿Me recuerdas alguno?
-
No mentir
-
¿Has mentido por alguna cosilla, la más mínima
que sea?
-
Bueno, pero ha sido sólo cosas sin
importancia… o que se olvidaron…
-
Y mentir te hace un… ¿qué?
-
Mentiroso…
-
¿Recuerdas otro mandamiento?
-
No matarás
- ¿Tú sabías que la Escritura dice que odiar es
igual que matar, has odiado a alguien?
-
Hummm… en alguna ocasión
-
Si odiar es igual a matar, eso, ¿en qué te
convierte?...
Cuando
llevas a alguien a caer en cuenta de sus pecados, le estás llevando a
la ley, le estás poniendo frente a Moisés, para que pueda decirte, “tienes razón”
¡Éste es el
punto en que le generas la convicción de su necesidad de ser perdonado! Es
el momento propicio para que puedas hacer ver la magnificencia de nuestro
Salvador y el valor incalculable de Su
gracia.
No tiene
sentido predicar la gracia, sin antes predicar la ley, pues sin ésta, no se dará
cuenta que está bajo el yugo de la esclavitud del pecado, prisionero en su
celda espiritual; así le harás saber de qué le hace Jesús libre.
Juan 8:36 Así que si el Hijo los libera, serán ustedes verdaderamente libres.
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Raquel Toro
Amanece en Getsemaní

