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viernes, 27 de abril de 2018

¡GRITO DE LIBERTAD!

Gálatas 3:23-24 Antes de venir esta fe, la ley nos tenía presos, encerrados hasta que la fe se revelara. Así que la ley vino a ser nuestro guía encargado de conducirnos a Cristo, para que fuéramos justificados por la fe.


¡Qué buen contraste entre estos dos Pactos: La ley y la fe! La persona, antes y después de su conversión. Las consecuencias prácticas para quienes vivieron o viven bajo la Ley, como quienes están bajo la gracia que es por la fe en Cristo Jesús.

Pablo emplea dos figuras para representar La ley y su efecto sobre los incrédulos:

-    Una cárcel: Antes que Dios relevase la salvación en Cristo, todos los hombres estaban en una prisión espiritual: Los judíos, porque habían recibido escrita la ley de Dios y los gentiles porque la han recibido interna en la conciencia, de tal manera que nadie tiene excusa, porque aún en el lugar más recóndito del globo terráqueo y sin haber oído hablar del Dios verdadero, siempre tendrán grabada en la conciencia Su ley y serán responsables de guardarla.

-   Un guía: no era un maestro como tal, sino más bien, un esclavo empleado por familias griegas y romanas cuyo deber era supervisar a los hijos en ausencia de sus padres, llevarles y traerles de la escuela, asegurarse que cumplieran sus responsabilidades y educarles en obediencia a la autoridad; eran guías disciplinarios y estrictos que podían regañar y castigar de ser necesario.

El rol del guía no era permanente, es más, para el joven era motivo de alegría entrar a la vida adulta, porque allí era librado de la supervisión del guía y cesaba la rendición de cuentas. Alegría similar del que sale de la prisión para vivir en libertad o del que sale de La ley para vivir en La gracia.

El perdón o La gracia, carecen de significado cuando la persona no ha entendido que lleva una vida pecaminosa; si no sabe que tiene que ser salvado de algo, no anhelará salvación; ¡Si no le llevamos primero a la ley, no podrá apreciar el valor de la gracia!

El método de evangelismo, llamado por sus creadores: “Los 10 pasos del Maestro”, resulta ser buen generador de convicción porque, lleva a la persona frente a la ley para que pueda caer en cuenta: ¡Necesito un Salvador! Ejemplo:

-         ¿Te consideras una buena persona?
-         Sí, tal vez sí, o más o menos...
-         ¿Has oído hablar de los 10 Mandamientos?
-         ¡Claro que sí!
-         ¿Me recuerdas alguno?
-         No mentir
-         ¿Has mentido por alguna cosilla, la más mínima que sea?
-         Bueno, pero ha sido sólo cosas sin importancia… o que se olvidaron…
-         Y mentir te hace un… ¿qué?
-         Mentiroso…
-         ¿Recuerdas otro mandamiento?
-         No matarás
-      ¿Tú sabías que la Escritura dice que odiar es igual que matar, has odiado a alguien?
-         Hummm… en alguna ocasión
-         Si odiar es igual a matar, eso, ¿en qué te convierte?...

Cuando llevas a alguien a caer en cuenta de sus pecados, le estás llevando a la ley, le estás poniendo frente a Moisés, para que pueda decirte, “tienes razón”

¡Éste es el punto en que le generas la convicción de su necesidad de ser perdonado! Es el momento propicio para que puedas hacer ver la magnificencia de nuestro Salvador y el valor incalculable  de Su gracia.

No tiene sentido predicar la gracia, sin antes predicar la ley, pues sin ésta, no se dará cuenta que está bajo el yugo de la esclavitud del pecado, prisionero en su celda espiritual; así le harás saber de qué le hace Jesús libre.

Juan 8:36 Así que si el Hijo los libera, serán ustedes verdaderamente libres.

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Raquel Toro
Amanece en Getsemaní