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jueves, 12 de febrero de 2026

ECONOMÍA DE GUERRA

Con seguridad has leído en la Historia Universal acerca de la caída del muro de Berlín.

Tras veintiocho años de separación, la noche del 9 de noviembre de 1989, en un hecho histórico que significó el fin de la guerra fría, el colapso del bloque comunista y el inicio de la reunificación alemana, hombres que no eran soldados sino ciudadanos, que no portaban armas sino herramientas, perdieron el miedo frente a la esperanza de ser libres y todos cruzaron al Oeste de su país, sin disparos, sin gritos militares, sin sangre: el muro cayó.

Aunque este suceso es uno de los más significativos de la historia alemana y que simbolizó el fin de la represión comunista y el inicio de una nueva era europea, sin embargo, fue un triunfo incompleto, el muro cedió pero el corazón humano siguió siendo bélico, la ideología cambió pero la naturaleza caída del ser humano, permaneció.

Isaías 2:4 Él juzgará entre las naciones y será árbitro de muchos pueblos. Convertirán sus espadas en arados y sus lanzas en hoces. No levantará espada nación contra nación, y nunca más se adiestrarán para la guerra.

El profeta Isaías nos revela ese día en que la humanidad ya no reparará daños causados por su continua violencia, porque la raíz misma del conflicto habrá sido quitada.

Las armas destructivas serán convertidas en herramientas de trabajo; el corazón humano ya liberado de su tendencia bélica, disfrutará condiciones pacíficas; la guerra y las agresiones, serán sólo un recuerdo de la historia humana porque viviremos en paz bajo el señorío de Cristo.

Entonces, la justicia será la administración y la paz, ya no será un tratado sino una atmósfera de vida permanente.

¡El triunfo de la causa de Dios en el mundo!

Cristo estableciendo un Reino interior en los corazones mediante el nuevo nacimiento antes que el Reino exterior en la Tierra, con Su venida.

Así ocurre en los corazones que aceptan el evangelio de Cristo: el amor, el gozo y la paz surgen como acción del Espíritu Santo; hasta los que no aman a Jesús puede ver ocurrir este extraño fenómeno, igual que sucedió en la Iglesia Apostólica.

La justicia y la paz del Reino milenario serán universales, mientras que, por ahora, están limitadas; la diferencia radica tanto en cantidad, pues los verdaderos creyentes son minoría y en calidad, porque aún muchos creyentes luchan con su carnalidad.

Ya no será más una economía de guerra y ambiciones de poder, sino que el Reino mesiánico producirá un mundo ordenado que alcanzará su expresión plena cuando el Rey Jesús gobierne visiblemente.

Dime… ¿está triunfando la causa de Dios en tu corazón?

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Raquel Toro

Amanece en Getsemaní