Con seguridad has leído en la Historia Universal acerca
de la caída del muro de Berlín.
Tras veintiocho años de separación, la noche del 9 de noviembre de 1989, en un hecho histórico que significó el fin de la guerra fría, el colapso del bloque comunista y el inicio de la reunificación alemana, hombres que no eran soldados sino ciudadanos, que no portaban armas sino herramientas, perdieron el miedo frente a la esperanza de ser libres y todos cruzaron al Oeste de su país, sin disparos, sin gritos militares, sin sangre: el muro cayó.
Aunque este suceso es uno de
los más significativos de la historia alemana y que simbolizó el fin de la
represión comunista y el inicio de una nueva era europea, sin embargo, fue un
triunfo incompleto, el muro cedió pero el corazón humano siguió siendo bélico,
la ideología cambió pero la naturaleza caída del ser humano, permaneció.
Isaías 2:4 Él juzgará entre las naciones y será árbitro de
muchos pueblos. Convertirán sus espadas en arados y sus lanzas en hoces. No
levantará espada nación contra nación, y nunca más se adiestrarán para la
guerra.
El profeta Isaías nos revela ese día en que la
humanidad ya no reparará daños causados por su continua violencia, porque la
raíz misma del conflicto habrá sido quitada.
Las armas destructivas serán convertidas en
herramientas de trabajo; el corazón humano ya liberado de su tendencia bélica, disfrutará
condiciones pacíficas; la guerra y las agresiones, serán sólo
un recuerdo de la historia humana porque viviremos en paz bajo el señorío de
Cristo.
Entonces, la justicia será la administración y la
paz, ya no será un tratado sino una atmósfera de vida permanente.
¡El triunfo de la causa de Dios en el mundo!
Cristo estableciendo un Reino interior en los
corazones mediante el nuevo nacimiento antes que el Reino exterior en la
Tierra, con Su venida.
Así ocurre en los corazones que aceptan el
evangelio de Cristo: el amor, el gozo y la paz surgen como acción del Espíritu
Santo; hasta los que no aman a Jesús puede ver ocurrir este extraño fenómeno,
igual que sucedió en la Iglesia Apostólica.
La justicia y la paz del Reino
milenario serán universales, mientras que, por ahora, están limitadas; la diferencia radica tanto en
cantidad, pues los verdaderos creyentes son minoría y en calidad,
porque aún muchos creyentes luchan con su carnalidad.
Ya no será más una economía de guerra y ambiciones
de poder, sino que el Reino mesiánico producirá un mundo ordenado que alcanzará
su expresión plena cuando el Rey Jesús gobierne visiblemente.
Dime… ¿está triunfando la causa de Dios en tu
corazón?
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Raquel Toro
Amanece en Getsemaní

