1 Samuel 9:2 Quis tenía un hijo llamado Saúl, que era buen mozo y apuesto como ningún
otro israelita, tan alto que los demás apenas le llegaban al hombro. En cierta
ocasión se extraviaron las burras de su padre Quis, y éste le dijo a Saúl: “Toma
a uno de los criados y ve a buscar las burras.”
No parece
que Saúl estuviera haciendo algo importante, ni siquiera sería echado de
menos en las labores de la finca puesto que estaba disponible para hacer
algún encargo; así como un trabajo o labor que no es de gran beneficio
para la comunidad o como los días que pasan sin que tengas grandes proezas que anotar en tu historia.
Saúl, en
compañía de su criado, cruzó la sierra de Efraín, pasó por la región de Salisá,
buscó por la región de Salín, también por el territorio de Benjamín, terminando
en el valle de Zuf y todo, ¡infructuosamente!
Regresar con las manos vacías luego de un árduo trabajo.
Por mera
casualidad, su acompañante, sabe de un hombre de Dios que puede ayudarle en esa búsqueda, en ese mucho hacer pero sin
resultados; pero ten en cuenta que, no son los pasos del criado sino la dirección de Dios,
la que conduce a Saúl, para que pueda oír lo que el profeta ha
escuchado de parte de Dios.
¿Es una pérdida
causada a propósito, por Dios? Mira que Saúl va al profeta sin dejar de pensar en otra cosa que no sean sus burras, solo está concentrado en su propia manera de vivir, sin embargo, suspira cuando escucha que Dios ya se ha encargó de que fueran
encontradas.
Así, Samuel, el profeta, le
brinda una atención especial, le da un
lugar de honor entre sus invitados que eran unos treinta; se
siente bien eso en la casa de Dios, la atención y la amabilidad, cuando apenas
se es un recién llegado, uno más que busca una solución de parte de Dios.
Una "ración
de alimento" reservada con anterioridad le es traída, así, ese
primer día “cenó en la casa de Dios, en presencia de Él”... además de estas dos atenciones, ¿Dios tiene preparado algo más?
1 Samuel 10:1 Entonces Samuel tomó un frasco de aceite y lo derramó sobre la cabeza de Saúl. Luego lo besó y le dijo: -¡Es el SEÑOR quien te ha ungido para que gobiernes a su pueblo!
¡Un nombramiento
de parte de Dios! tal vez, debido a su cara de asombro, el
profeta decide darle pruebas de su veracidad, y por supuesto ¡éstas se
cumplen! y en medio de ese cumplimiento, ¡el Espíritu del SEÑOR viene con poder
sobre Saúl y le hace profeta!
1 Samuel 10:9 Cuando Saúl se dio vuelta para alejarse de Samuel, Dios le cambió el
corazón, y ese mismo día se cumplieron todas esas señales.
¿Qué le pasa a éste? Es la pregunta reiterativa
de tus familiares, amigos y vecinos, chocando con todo lo sucedido en tu encuentro
con Jesús, en ese toque poderoso del Espíritu de Dios y con todas las cosas que viste, escuchaste y que además, son verdad. ¿Por
qué solemos creer que la realidad que vivimos es
superior a lo que el hombre de Dios nos ha dicho?
La unción
que recibió fue dada en secreto por eso debía hacerse el nombramiento público y llegó el día...
1 Samuel 10:21b-22 Entonces fueron a buscar a Saúl, pero no lo encontraron, de modo que
volvieron a consultar al SEÑOR –¿Ha venido aquí ese hombre? –Sí –respondió el
SEÑOR-, pero se ha escondido entre el equipaje. Fueron corriendo y lo sacaron
de allí. Y cuando Saúl se puso en medio de la gente, vieron que era tan alto
que nadie le llegaba al hombro.
Ahora que
tuvo oportunidad de volver a compartir con sus burras, ¿pensaría que todo fue
una emoción y que es mejor opción renunciar a ese “reino” y seguir en su día a día? o, ¿que aunque fue llamado, sino está allí para ser
nombrado, Dios desistirá y nombrará a cualquier otro en su lugar?
1 Pedro 2:9 Pero
ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo que
pertenece a Dios, para que proclamen las obras maravillosas de aquel que los
llamó de las tinieblas a su luz admirable
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Raquel Toro
Amanece en Getsemaní

