Hechos 8:6-7 Al oír a Felipe y ver las señales milagrosas que
realizaba, mucha gente se reunía y todos prestaban atención a su mensaje. De
muchos endemoniados los espíritus malignos salían dando alaridos, y un gran
número de paralíticos y cojos quedaban sanos.
A primera vista parece que Felipe está a cargo: una
multitud escuchando, milagros ocurriendo, manifestaciones visibles de poder; en
realidad, no es Felipe, es Jesús.
La Palabra de Dios hablada por voz humana, la
autoridad del Señor ejercida a través de Su instrumento idóneo; el
énfasis no está en el mensajero sino en el Nombre que respalda el
Mensaje.
Cuando el texto dice que los espíritus malignos
salían dando alaridos, no es un detalle dramático, es la evidencia de la
autoridad del Nombre de Jesús, presente y operante; la misma autoridad que
ejerció en Su ministerio terrenal y que ahora, desde el Cielo, sentado en Su
trono, continúa ejerciendo.
La autoridad de Jesús:
–
No disminuye por la oposición
–
No necesita aprobación humana
Sino que cuando Su Nombre es pronunciado por un
hombre o una mujer de fe, las tinieblas tienen que retroceder y obedecer; no
por los gritos, no por emociones, sino porque Él es Quién preside.
Allí en Samaria, más que milagros, lo que hubo fue
una proclamación contundente:
-
Jesús es el Señor
-
Señor de salvación
-
Señor sobre demonios
-
Señor sobre la enfermedad
-
Señor sobre la limitación y parálisis.
Pero, ¿Quién era Felipe, para que el Señor lo usara
así?
Sería más sencillo si existiera un dispositivo que midiera
la espiritualidad de los creyentes, algo así como un termómetro que indicará el
nivel de comunión, pero en la Obra del Señor, el creyente mismo es ese dispositivo
de medición.
–La intimidad del creyente determina el alcance del
servicio-
Si el instrumento es defectuoso o está mal calibrado
no se podrá lograr mucho, así mismo, un corazón desalineado limita lo que el Señor
puede hacer a través de ese siervo.
Muchos somos:
–
Demasiado impacientes para escuchar hasta el final
–
Hacemos sugerencias antes de conocer la situación real
–
Rápidamente enseñamos y corregimos sin haber
llorado con quién sufre.
¿Cómo podrá alguien recibir tu ayuda si no has
escuchado primero el corazón de Dios?
La falta de transparencia delante del Señor genera
enormes limitaciones en el servicio.
Si hoy descubres fallas internas, poca sintonía
con el corazón de Dios o tibieza en la obediencia, recuerda la voz de Dios a
través de Isaías:
Isaías 1:18 Vengan, pongamos las cosas en claro –dice el SEÑOR–
¿Son sus pecados como escarlata? ¡Quedarán blancos como la nieve! ¡Son rojos como
la púrpura? ¡Quedarán como la lana!
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Raquel Toro
Amanece en Getsemaní

