Un papá y su
pequeño hijo caminaban por la calle de una gran ciudad y llegaron a una plaza
donde estaban construyendo un rascacielos. Mirando hacia arriba, alcanzaron a
ver a algunos hombres trabajando en uno de los últimos pisos del edificio.
–Papá
-preguntó el niño- ¿Qué están haciendo aquellos niños allá arriba?
–No son
niños, hijo, son hombres bien crecidos.
–Pero, ¿por
qué se ven tan pequeños?
–Porque
están muy arriba.
Después de
una pausa el niño volvió a preguntar: –Entonces, cuando lleguen al Cielo,
¿quedará algo de ellos?
Muy cierto, cuanto
más cerca estamos de Cristo, menos nos ven a nosotros y más ven a Cristo.
Juan
3:30 A
Él le toca crecer, y a mí menguar.
Es sumamente
difícil para un líder o desarrollador de proyectos, que un líder recién
llegado, se lleve todos los seguidores o colaboradores con los que ya se
llevaba un tiempo trabajando y que, por tanto, pueden entender con mayor
afinidad la tarea del recién llegado.
Pero mira
que Juan el bautista entiende que Jesús es el verdadero líder del movimiento
que él, sólo vino a anunciar. Es cierto que el lugar que ocupó Juan fue muy
importante, todavía había muchos dispuestos a continuar llamándole maestro y
señor, pero el lugar aún más importante, le correspondía, exclusivamente a
Jesús.
Cualquier
líder puede darse por defraudado o por lo menos olvidado injustamente, hasta a los
discípulos de Juan no les agradaba que su maestro fuese dejado en un segundo lugar, ni que fuese abandonado por las multitudes que ahora se encaminaban en pos
del nuevo Maestro, pero mira que Juan nunca tuvo la menor duda de la supremacía
de Jesús.
¡Como segundo en la línea de mando, debes
comprender cual es tu rol!
Al comprender
su lugar en la misión, Juan puede dar una respuesta tan natural y libre de toda
envidia; si el nuevo Maestro estaba ganando más y más seguidores, Juan sabía que Jesús
no se los estaba robando a él, sino que el Padre Eterno Se los estaba entregando.
La misión de
salvación se haría más fácil si hubiera más personas dispuestas a representar
un rol secundario, ya que el protagónico le corresponde a Jesús, nos ahorraríamos
sentimientos de frustración o enojo pues sea lo que sea que hagas para Jesús, Él
lo convierte en una tarea meritoria.
No atraemos a las personas hacia nosotros sino
a Jesucristo,
No estamos tratando de llenar congregaciones
sino de llenar el Cielo.
Juan
3:31 El
que viene de arriba está por encima de todos; el que es de la tierra, es
terrenal y de lo terrenal habla. El que viene del cielo está por encima de
todos.
La egomanía es un término psiquiátrico que describe la preocupación excesiva por el propio yo, manifiesta en delirios de grandeza, falta de aprecio por los demás y un seguimiento desmedido de los intereses propios. La persona egómana habla excesivamente de sí misma y de forma jactanciosa. Aunque no es un trastorno de la personalidad, se considera psicológicamente anormal y sí está muy enraizado en la personalidad, puede llegar a clasificarse como narcisismo.
Si el amor
por Jesús llena tu corazón y tu rol en la misión es parte fundamental de tu
vida, tienes el mismo anhelo de Juan el Bautista: que Jesús sea glorificado. Esta
es la plenitud de gozo y te da el verdadero y correcto sentido de valía, sin
ansiar otros roles pues el tuyo es único e irremplazable.
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Raquel Toro
Amanece en Getsemaní

