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lunes, 30 de abril de 2018

AL ATARDECER…

Mateo 8:14-16 Al atardecer, le llevaron muchos endemoniados, y con una sola palabra expulsó a los espíritus, y sanó a todos los enfermos. Esto sucedió para que se cumpliera lo dicho por el profeta Isaías: “Él cargó con nuestras enfermedades y soportó nuestros dolores.”



En esa cultura “única”, era prohibido sanar en sábado, increíblemente, se podían tomar medidas para impedir que el enfermo se pusiera peor, pero no para hacer que sanara; la ley general era que los sábados se permitía dar atención médica sólo a los que estuviesen en peligro de morir. Como era ilegal llevar una carga en sábado y se entendía por carga, cualquier cosa que pesara más de dos higos secos, entonces era ilegal cargar a una persona enferma, incluso, su camilla.

Al atardecer, cuando al ponerse el sol se marcaba el fin del día de reposo entonces, los habitantes de Capernaúm, ahora sí, La ley por encima de Jesús, se movilizaron; necesitaban a Jesús tanto para ellos como para sus personas amadas, fueron y Le trajeron a muchos y con Su palabra echó fuera los demonios y sanó a todos los enfermos.

Si era enfermedad, ¡Él les curaba!, si era espiritual o relacionado con posesión demoníaca, ¡Él les hacía libre!, dando evidencias de Su deidad y autoridad, sin que quedara duda alguna; literalmente: ¡Jesús expulsó la enfermedad de Palestina!

Lo más seguro es que ese atardecer estuvo muy saturado de trabajo, sin embargo, mira lo que Jesús hizo durante el día en la Sinagoga: liberó al hombre poseído por un demonio, envió sanidad al siervo del centurión, predicó, enseñó, toleró a los que insistentemente se oponían, sanó a la suegra de Pedro, y ahora la multitud se aglomeraba a Su puerta, ¡rodeado de la realidad de la necesidad humana!

Viendo esto, el Espíritu Santo, trae a la mente de Mateo el versículo de Isaías 53 y que nos confirma ahora, en el versículo 17, Jesús enfrentaría el reino de las tinieblas y vencería sobre él, ¡enfrentaría la enfermedad y ésta desaparecería!

Los auténticos servidores de Cristo, a pesar del cansancio del trabajo diario, no deben ignorar a las personas que llegan a su puerta para pedirle ayuda, aún cuando ha terminado el horario "de servicio". Además, lo más maravilloso es que, encontrarán su cansancio refrescado y su propia debilidad fortalecida en la satisfacción que da el prestar servicio a los demás por causa de Cristo.

Mateo 25:40 El Rey les responderá: “Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de mis hermanos, aun por el más pequeño, lo hicieron por mí”

Encontrarás que, conforme llegan las necesidades humanas, también te llegan las fuerzas para ayudar, por amor a Cristo y a los suyos.

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Raquel Toro
Amanece en Getsemaní