Luego de Su asombroso trabajo creativo, el Señor, hace caer en un sueño profundo a Adán y de su costado, de uno de
sus huesos repetidos, una costilla; Dios, de Su propia mano y manufactura, hace
a Eva, la primer figura femenina de la raza humana y que marcaba la
conclusión de toda la Creación.
Según el perfil de las mujeres bíblicas y habiendo sido hecha por la mano misma
del Creador, puedes asumir que Eva era muy bella. Diseñada a partir de
carne y huesos vivos, era un refinamiento glorioso de la humanidad, no
fue un tipo diferente de criatura, no era alguien inferior, era su homólogo
espiritual, su equivalente intelectual, el arquetipo perfecto de la excelencia
femenina.
Fue un
regalo precioso para Adán, en su estado original, no contaminada, libre de
enfermedad, preservada de toda imperfección, Eva era una nueva
criatura con todos los atributos necesarios para ser la compañera ideal,
llenaba la necesidad que Adán pudiera tener, satisfacía cualquier ansia que
pudiera sentir y deleitaba todas sus facultades sensoriales, le era fuente de
placer y de alegría y hacía posible la procreación.
Entregar el
jardín a la dirección y administración de Adán, era sentar el
principio de liderazgo y autoridad masculina desde la Creación, no después de
la caída, sino desde el Principio, así, Eva, apreciada y alabada por él, estaba bajo su autoridad y
dirección.
¡Adán la amó en
cuanto la vio! todo su ser fue absorbido por ella y ahora quedaba sujeto emocional
y afectivamente a la bella Eva, un tesoro que requería ser protegido y que ¡él
estaba feliz de proteger! Adán, en su corazón, quedó bajo la
influencia directa de Eva.
¿Te has
preguntado sobre la influencia femenina en el corazón del varón, sea esposo, padre, hermano o hijo? más que la responsabilidad respecto al fruto,
Eva tenía la capacidad de promover a Adán o echar por tierra su liderazgo y su
ministerio, como en efecto, ocurrió.
La Escritura
parece sugerir que transcurrió un tiempo muy breve entre el término de la creación,
la caída de satanás y la tentación de Eva; ella se enteró por su esposo de la instrucción de no comer del árbol del Conocimiento,
pues Adán tenía la responsabilidad de guiarle y cuidarle como cabeza de la
familia que fue instituida en el Jardín.
Génesis 3:6 La mujer vio que el fruto del árbol era bueno para comer, y que tenía
buen aspecto y era deseable para adquirir sabiduría, así que tomó de su fruto y
comió. Luego le dio a su esposo, y también él comió.
La serpiente
la descubrió mirando el árbol, no estaba pecando en ello, sí exageró la
prohibición cuando entabló aquel terrible diálogo con el tentador, aunque es
muy posible que Adán en su afán por que ella no se llegase al árbol, le dijera “no
tocarlo” Y aunque engañada, tomó y comió del fruto, Adán, lo recibió de una
manera más deliberada, puesto que él era quien directamente, de parte de Dios,
había recibido la orden.
¿Podría la
serpiente lograr que a través de la influencia de Eva sobre el corazón de Adán,
él cediera a la palabra de ella, olvidándose de la que había recibido de parte
de Dios?
¡Así
sucedió! a partir de allí, el llanto, la queja, la indiferencia, el desprecio,
la humillación, la coquetería, la sensualidad, todo en conjunto o a una, puede
ejercer sobre el corazón del varón una manipulación malsana y pecaminosa, en detrimento de la misión del varón y la destrucción de la
autoridad que Dios le ha delegado.
Eva se expuso a la desaprobación divina, esa tarde cuando temerosos salen de entre los arbustos
donde se escondieron, luego de confrontar a Adán, Dios por primera vez, se
dirige a Eva:
Génesis 3:13 Entonces
Dios el Señor le preguntó a la mujer -¿Qué es lo que has hecho?
¿Cómo has
hecho pecar al hombre que te amaba, te cuidaba? ¡Le has conducido al fracaso!
En
realidad esta pregunta era más una oportunidad de confesar su falta pero ella
no la reconoció y entonces Dios dio por terminado el diálogo, continua
siendo así todavía, la falta de confesión de la manipulación femenina sobre el
corazón del varón, sobre su liderazgo, su sacerdocio, su ministerio.
Siempre existe la misma oportunidad para
confesar y asumir la propia responsabilidad y reivindicar el liderazgo y la
autoridad de nuestros varones.
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Raquel Toro
Amanece en Getsemaní

