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jueves, 22 de marzo de 2018

ESPERANDO LA VENDIMIA...

¿Has estado en un viñedo, has visto el trabajo de los labradores?


El Evangelio de Juan nos enseña sobre la Vid verdadera:

Juan 15:1-2 “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Toda rama que en mí no da fruto, la corta; pero toda rama que da fruto la poda para que dé más fruto todavía.

Jesús es la vid verdadera, genuina, auténtica, pero... ¿acaso existe alguna otra?  

Isaías 5:1-2 Cantaré en nombre de mi amigo querido una canción dedicada a su viña. Mi amigo querido tenía una viña en una ladera fértil. La cavó, la limpió de piedras y la plantó con las mejores cepas. Edificó una torre en medio de ella y además preparó un lagar. Él esperaba que diera buenas uvas, pero acabó dando uvas agrias.

Habla de una viña “escogida”, plantada en una ladera fértil, con buena tierra, buen sol y buen riego; había sido despedregada, limpiada de todo lo que pudiera impedir su buen crecimiento.
El Dueño le edificó una torre, puso vigilancia continua sobre ella y anticipando todo el fruto que esperaba, preparó un lagar, para que una vez, que la vendimia hubiera llegado, se exprimieran las dulces uvas que produjera su cuidada viña. ¡Cuánto esmero! ¡Cuánta dedicación! pero ocurrió algo inesperado... ¡Israel produjo uvas agrias!
¿Qué más podría Él hacer por Su viña que ya no lo hubiera hecho? 
Esperaba que diera buenas uvas; más ahora, Él mismo se pregunta: ¿Por qué produjo uvas agrias? ¡Israel no dio fruto según los cuidados y privilegios que se le habían otorgado!
La vid tiene la facultad de reproducirse rápida y abundantemente y ha simbolizado la capacidad que tiene el pueblo de Dios para producir y llevar fruto.
Tras la transgresión de Israel, una nueva vid ha sido plantada: ¡La Vid Verdadera! La salvación ha venido a los gentiles -los no judíos- Ahora, en el Nuevo Pacto, ¡participamos de la savia nutritiva! 
¿Qué más podría Él hacer por Su iglesia que, ya no lo hubiera hecho? 
Gálatas 3:26-29 Todos ustedes son hijos de Dios mediante la fe en Cristo Jesús, porque todos los que han sido bautizados en Cristo se han revestido de Cristo. Ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer, sino que todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús. Y si ustedes pertenecen a Cristo, son la descendencia de Abraham y herederos según la promesa.

Este versículo afirma que se nace como hijo de Dios, sólo por la fe en Jesucristo.

Al ser bautizados en Cristo, es decir, revestidos de Cristo, nos convertimos en herederos de la promesa hecha a Abraham, disfrutando de todos los privilegios y bendiciones dadas a todos los integrantes de  la  familia celestial. 

¡Vive de manera digna del llamamiento y privilegio que has recibido!


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Raquel Toro
Amanece en Getsemaní