Santiago
1:19
Mis queridos hermanos, tengan presente esto: Todos deben estar listos para
escuchar, y ser lentos para hablar y para enojarse.
Mira que este versículo se ha aplicado a una lista de cosas en las que es mejor estar listo para escuchar y otras, en las que es más aconsejable, ser lento para hablar; pero el contexto nos está hablando de nuestra reacción y actitud al escuchar, hablar y aplicar la Palabra.
En tiempos de Santiago, la palabra se exponía a través de la predicación
y la enseñanza oral, los creyentes judíos escuchaban y discutían entre
sí, la Escritura, de esto recordamos a los de Berea:
Hechos
17:11b
…de modo que recibieron el mensaje con toda avidez y todos los días examinaban
las Escrituras para ver si era verdad lo que se les anunciaba.
Observa que, Santiago, demuestra su amor en la exhortación al iniciar
el saludo: Mis queridos hermanos, como
quien habla a su misma familia y de hecho los somos, ¿verdad?, así suaviza
cualquier interpretación de dureza a la que alguien pudiera reaccionar mal.
Dice estar listos para escuchar, ¿escuchar qué? La Escritura
y su explicación, como lo afirma el contexto.
Ser lentos para hablar, ¿hablar qué? De las Palabras de Dios, sintiendo
temor y temblor como lo dijera Pablo o como el mismo Santiago lo diría más adelante:
Santiago
3:1
Hermanos míos, no pretendan muchos de ustedes ser maestros, pues, como saben,
seremos juzgados con más severidad.
El entendimiento de la Palabra de verdad, tiende a desplazar el enojo o la
reacción en contra de ella; guardándote, también, de rechazarla. Discernirla correctamente, produce en ti, el deseo y la capacidad de hacerla tu
norma de conducta, así, la relación entre tu hablar y tu obrar, será coherente.
¿Sabes qué reaccionar con ira frente a la Palabra de Dios, podría estar
manifestado fuentes de amargura o resentimiento o traumas en tu corazón?
Así mismo, tú sabes que el maestro o el consejero o quien comparte la Palabra,
si habla demasiado, será un mal oyente; no puedes enseñar o ayudar a otros, sino les escuhas con atención.
Te sorprenderá no encontrar en la Escritura, esquemas prácticos para Su
lectura, esto implica que debes hacer lo propio y profundizar cada texto; no
tanto avanzar rápidamente, pues de poco sirve adelantar el resaltador o marcar
tiempos, si no has tenido un espíritu atento para absorber la enseñanza de sus
renglones.
Crea las condiciones, el entorno adecuado, la disciplina propicia a tu estilo
de vida, un método de estudio sin complicaciones pero efectivo, a fin de que
puedas entender y hablar la Palabra de verdad y que otros la vean aplicada en
tu propia vida.
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Raquel Toro
Amanece en Getsemaní

