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sábado, 27 de septiembre de 2025

EL ENTENDIMIENTO DESPLAZA EL ENOJO

Santiago 1:19 Mis queridos hermanos, tengan presente esto: Todos deben estar listos para escuchar, y ser lentos para hablar y para enojarse.

Mira que este versículo se ha aplicado a una lista de cosas en las que es mejor estar listo para escuchar y otras, en las que es más aconsejable, ser lento para hablar; pero el contexto nos está hablando de nuestra reacción y actitud al escuchar, hablar y aplicar la Palabra.

En tiempos de Santiago, la palabra se exponía a través de la predicación y la enseñanza oral, los creyentes judíos escuchaban y discutían entre sí, la Escritura, de esto recordamos a los de Berea:

Hechos 17:11b …de modo que recibieron el mensaje con toda avidez y todos los días examinaban las Escrituras para ver si era verdad lo que se les anunciaba.

Observa que, Santiago, demuestra su amor en la exhortación al iniciar el saludo: Mis queridos hermanos, como quien habla a su misma familia y de hecho los somos, ¿verdad?, así suaviza cualquier interpretación de dureza a la que alguien pudiera reaccionar mal.  

Dice estar listos para escuchar, ¿escuchar qué? La Escritura y su explicación, como lo afirma el contexto.

Ser lentos para hablar, ¿hablar qué? De las Palabras de Dios, sintiendo temor y temblor como lo dijera Pablo o como el mismo Santiago lo diría más adelante:

Santiago 3:1 Hermanos míos, no pretendan muchos de ustedes ser maestros, pues, como saben, seremos juzgados con más severidad.

El entendimiento de la Palabra de verdad, tiende a desplazar el enojo o la reacción en contra de ella; guardándote, también, de rechazarla. Discernirla correctamente, produce en ti, el deseo y la capacidad de hacerla tu norma de conducta, así, la relación entre tu hablar y tu obrar, será coherente.

¿Sabes qué reaccionar con ira frente a la Palabra de Dios, podría estar manifestado fuentes de amargura o resentimiento o traumas en tu corazón?

Así mismo, tú sabes que el maestro o el consejero o quien comparte la Palabra, si habla demasiado, será un mal oyente; no puedes enseñar o ayudar a otros, sino les escuhas con atención.

Te sorprenderá no encontrar en la Escritura, esquemas prácticos para Su lectura, esto implica que debes hacer lo propio y profundizar cada texto; no tanto avanzar rápidamente, pues de poco sirve adelantar el resaltador o marcar tiempos, si no has tenido un espíritu atento para absorber la enseñanza de sus renglones.

Crea las condiciones, el entorno adecuado, la disciplina propicia a tu estilo de vida, un método de estudio sin complicaciones pero efectivo, a fin de que puedas entender y hablar la Palabra de verdad y que otros la vean aplicada en tu propia vida.

 


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Raquel Toro

Amanece en Getsemaní