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miércoles, 14 de mayo de 2025

¿FAVOR O RESPONSABILIDAD?


En una noche de una tormenta torrencial, un conductor aceleraba su auto sobre la avenida. De repente, como surgiendo del mal tiempo, un hombre agitaba sus brazos, haciéndole todas las señales para que se detuviera; pero el conductor, temeroso de que se tratase de una emboscada, continúo acelerando. Increíblemente, el hombre empapado en medio del aguacero, no sólo agitaba sus brazos, también saltaba y parecía gritarle; el conductor queriendo hacer caso omiso del hombre, aceleró aún más, y cuando faltaban apenas unos metros para atropellarle, frenó.  

Muy disgustado bajó su ventanilla y con energía le reclamó: ¿está loco? ¿Qué es lo que está haciendo? ¡Por poco me hace atropellarlo!

La respuesta fue todavía más increíble: “Señor, el siguiente puente, más adelante, a 100 m., acaba de desplomarse. Quienes iban delante de mí, cayeron; yo pude verlos a tiempo y salvarme, estoy tratando de advertir a los que vienen detrás”

¿Sabes que, en las manos de este hombre empapado, estaba la vida del conductor que se acercaba? Entonces pregunto, ¿es esto un favor o una acción responsable?

Ezequiel 3:18-19 Si tú no le hablas al malvado ni le haces ver su mala conducta, para que siga viviendo, ese malvado morirá por causa de su pecado, pero yo te pediré cuentas de su muerte. En cambio, si tú se lo adviertes, y él no se arrepiente de su maldad ni de su mala conducta, morirá por causa de su pecado, pero tú habrás salvado tu vida. 

Si Ezequiel, el profeta, no advirtiera del peligro de condenación al malvado, al que está haciendo las cosas mal, éste moriría; así que podemos decir que, la vida de este hombre estaría en las manos del profeta, entonces, es cuestión de responsabilidad advertir del peligro, amonestar por la mala conducta, en ello se enfocó el Ministerio de Ezequiel, en advertir sobre la responsabilidad individual.

La obediencia o desobediencia a la Escritura, es una cuestión de vida o muerte, además, de una decisión netamente personal. Ninguno debe suponer que la ignorancia, así ésta se deba a la negligencia de los predicadores, le será una excusa para librarle del castigo divino.

Sin embargo, el profeta que es negligente en su deber de proclamar el mensaje que amonesta y advierte, a los ojos de Dios se convierte en homicida tan pronto esa persona muere, así que es seria la responsabilidad de quién proclama la Palabra de Dios.

Ahora, tú tendrías tus propios motivos para amonestar al pueblo, ¿verdad? pero es amonestar de parte de Dios, ser sólo, Su portavoz.

También es bueno aclarar, si predicas o enseñas, que no serás responsable del pecado de los demás, sino de no advertirles para que se arrepientan y corrijan la conducta. Mira que muchas veces, por temor o no queriendo incomodar a los recién llegados, obviamos verdades, nos quedamos callados, más según la asignación divina, tu trabajo ministerial consiste en el dulce privilegio de predicar o enseñar la Escritura con responsabilidad y cada quien podrá decidir si aplica o no, las verdades expuestas. Lo cierto es que...

La conversión de otros depende de tu fidelidad al predicar el Evangelio.


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Raquel Toro

Amanece en Getsemaní