¿Cuál es tu peor hábito?
Sin lugar a dudas, uno de los peores rasgos personales es la impaciencia.
Se cuenta de una maestra de primaria
que estaba teniendo un día terrible, había estado lloviendo todo el día
y sus treinta alumnos habían permanecido encerrados en la pequeña aula, sin
poder salir. Los chicos ya estaban alborotados y a ella le resultaba difícil
calmarlos y controlarlos, a decir verdad, la maestra era quien más deseaba que
sonara la campana de salida.
Cuando faltaba poco para la hora de
irse, se asomó por la ventana y vio que todavía llovía, entonces se dispuso a
ayudar a cada niño a ponerse su impermeable y sus botas para protegerse de la
lluvia. Ya los tenía a todos listos, excepto a uno de seis años que tenía un par
de botas muy difíciles de poner; no tenían cremallera, ni cordones, ni
agarraderas, había que bregar para meterlas, después de mucho esfuerzo al fin lo
logró.
Entonces al niño se le ocurrió decir:
–Maestra, estas botas no son mías…
La maestra quería llorar y gritar,
pero no lo hizo; hizo una breve oración, respiró profundamente, se retiró el
cabello de la cara y empezó la tarea de quitarle las botas al niño, después de
otro buen esfuerzo, logró sacárselas.
En ese momento el pequeño agregó: –Estas
botas son de mi hermana, pero ella me deja usarlas y por eso las traje…
¡Tocaba empezar de nuevo a ponerle las botas, sin descomponerse demasiado!
Es evidente que Dios nos da, cada día, oportunidades
para cultivar la paciencia.
Eclesiastés
7:8 Vale más el fin de algo
que su principio. Vale más la paciencia que la arrogancia.
¡Vive con prisa, pero sin afán!
Mucha de la energía que gastas tratando de
lograr determinadas cosas equivale a tratar de atrapar el viento.
Evita la impaciencia, mira que nuestro Dios nunca
se apresura, así que mantén la calma y enfócate en el desenlace final, porque
mejor es el fin que el principio.
No te centres tanto en dónde empiezas las
cosas o dónde estás ahora, mira hacia el final. Una evidencia de la impaciencia
es quejarse de las dificultades presentes y pensar que en años
anteriores se disfrutaba de mayor tranquilidad y bienestar, sin embargo, cada
etapa de la vida trae consigo sus propios afanes.
La paciencia y la perseverancia son señales de
madurez; mira que, se necesita paciencia para ver el resultado final en lugar
de abandonar cuando surgen dificultades. Confía en que un enfoque perseverante
y paciente es superior a la impaciencia y la arrogancia, que generalmente, conducen
a decisiones impulsivas y a malas consecuencias.
¿Quieres
vivir el final?
¡Debes llevar la cruz, de lo contrario nunca
te ceñirás la corona! Debes pasar a través del lodo, de lo contrario, nunca
andarás por las calles de oro. –Ch. Spurgeon–
La mariposa siempre fue primero oruga.
¿Deseas apoyarnos financieramente?
Puedes ofrendar desde PayPal en el siguiente enlace o el
QR desde Nequi:
https://www.paypal.com/donate/?hosted_button_id=D3B95LCK35FBY
Gracias por participar en la difusión del evangelio.
Raquel Toro
Amanece en Getsemaní

