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jueves, 26 de marzo de 2026

MEJOR ES EL FIN QUE EL PRINCIPIO

 ¿Cuál es tu peor hábito?

Sin lugar a dudas, uno de los peores rasgos personales es la impaciencia.

Se cuenta de una maestra de primaria que estaba teniendo un día terrible, había estado lloviendo todo el día y sus treinta alumnos habían permanecido encerrados en la pequeña aula, sin poder salir. Los chicos ya estaban alborotados y a ella le resultaba difícil calmarlos y controlarlos, a decir verdad, la maestra era quien más deseaba que sonara la campana de salida.

Cuando faltaba poco para la hora de irse, se asomó por la ventana y vio que todavía llovía, entonces se dispuso a ayudar a cada niño a ponerse su impermeable y sus botas para protegerse de la lluvia. Ya los tenía a todos listos, excepto a uno de seis años que tenía un par de botas muy difíciles de poner; no tenían cremallera, ni cordones, ni agarraderas, había que bregar para meterlas, después de mucho esfuerzo al fin lo logró.

Entonces al niño se le ocurrió decir: –Maestra, estas botas no son mías…

La maestra quería llorar y gritar, pero no lo hizo; hizo una breve oración, respiró profundamente, se retiró el cabello de la cara y empezó la tarea de quitarle las botas al niño, después de otro buen esfuerzo, logró sacárselas.

En ese momento el pequeño agregó: –Estas botas son de mi hermana, pero ella me deja usarlas y por eso las traje…

¡Tocaba empezar de nuevo a ponerle las botas, sin descomponerse demasiado!

Es evidente que Dios nos da, cada día, oportunidades para cultivar la paciencia.

Eclesiastés 7:8 Vale más el fin de algo que su principio. Vale más la paciencia que la arrogancia.

¡Vive con prisa, pero sin afán!

Mucha de la energía que gastas tratando de lograr determinadas cosas equivale a tratar de atrapar el viento.

Evita la impaciencia, mira que nuestro Dios nunca se apresura, así que mantén la calma y enfócate en el desenlace final, porque mejor es el fin que el principio.

No te centres tanto en dónde empiezas las cosas o dónde estás ahora, mira hacia el final. Una evidencia de la impaciencia es quejarse de las dificultades presentes y pensar que en años anteriores se disfrutaba de mayor tranquilidad y bienestar, sin embargo, cada etapa de la vida trae consigo sus propios afanes.

La paciencia y la perseverancia son señales de madurez; mira que, se necesita paciencia para ver el resultado final en lugar de abandonar cuando surgen dificultades. Confía en que un enfoque perseverante y paciente es superior a la impaciencia y la arrogancia, que generalmente, conducen a decisiones impulsivas y a malas consecuencias.

 ¿Quieres vivir el final?

¡Debes llevar la cruz, de lo contrario nunca te ceñirás la corona! Debes pasar a través del lodo, de lo contrario, nunca andarás por las calles de oro. –Ch. Spurgeon–

La mariposa siempre fue primero oruga.

 


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Raquel Toro

Amanece en Getsemaní