¿Te imaginas la vida sin los espejos?
Quien
inventó el espejo moderno, tal como tú lo conoces hoy, con una capa de azogue
en la parte trasera del vidrio, fue el químico alemán Justus von Liebig, hace
aproximadamente doscientos años.
Como el
agua fue el primer reflejo en el que el ser humano pudo verse, entonces, las
primeras formas de espejo fueron vasijas en las que se recogía agua y en
condiciones adecuadas de luz se observaba el propio reflejo.
A medida
que el ser humano fue evolucionando, los primeros espejos que se fabricaron se
hicieron sobre bronce, cobre, plata e incluso, oro; metales a los que pulían con
bastante esmero para logra la máxima fidelidad al reflejar.
Siglos después
y con el descubrimiento del vidrio, ya no se fabricaron más espejos en metal,
sino que, al hacerlos en vidrio, se convirtieron en objetos populares,
sencillos, todos podían tenerlos.
Sin
embargo, no ha dejado de ser misterioso este reflejo de los espejos, hasta un
bebé siente curiosidad y busca qué hay detrás del vidrio que proyecta su
imagen, recuerda que los primeros conquistadores españoles traían a América
unos pequeños espejos para sorprender a los indígenas y obtener oro o plata a
cambio de esos misteriosos vidrios.
2 corintios 3:18 Así, todos nosotros,
que con el rostro descubierto reflejamos como en un espejo la gloria del Señor,
somo transformados a su semejanza con más y más gloria por la acción del Señor,
que es el Espíritu.
Así como tú
lo has visto, a través de todo un proceso, los espejos han llegado a reflejar
con gran fidelidad tu imagen, más la Escritura está hablando de ti mismo, de tu
rostro convertido en un espejo que refleje la gloria de Dios, éste es el tan trabajado
“proceso de santificación”
El
creyente refleja, aunque no con alta fidelidad, sino de manera imperfecta, la
imagen del Señor, y los que están a tu alrededor, pueden ver reflejado en ti, la
vida y el actuar de Cristo, sin que se trate del testimonio, sino de tu
transformación personal.
Cristo es
la gloria de Dios en la plenitud de Su resplandor, gloria eterna e
inextinguible, la que tenía con el Padre desde antes que el mundo existiera, tú,
como creyente, participas de esa gloria divina al ser gradualmente transformado
a la semejanza de Cristo, por el poder del Espíritu Santo.
Ahora, si
tú estás siendo transformado progresivamente para reflejar la imagen de tu
Señor, ¿qué tanto te estás dedicando a Su contemplación, a la Devoción, a la vivencia
de Su mensaje, a la adoración? Por que cómo tú lo sabes, reflejas a aquellos
que admiras, así que se trata de la intimidad y la cantidad de acercamiento diario
a Jesús.
¡El
proceso de santificación es realmente, el proceso de contemplación diaria al
Señor!
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Raquel Toro
Amanece en Gestsemaní

