En
un faro cercano a una isla, cada mes, el responsable de cuidar ese faro,
recibía la suficiente provisión de combustible para mantener su luz encendida. Una
noche, una mujer de la aldea vino hasta él y le rogó que le diera un poco de combustible
para mantener el calor en su hogar; en otra ocasión un papá le pidió un poco para
mantener su lámpara encendida; otro habitante de la isla también necesitaba
para lubricar un motor; la verdad que todas las peticiones eran válidas, de tal
forma que el cuidador del faro, les dio el combustible que necesitaban.
Acercándose
el final de mes, notó que le quedaba muy poco combustible y preciso, ¡Se le
terminó y el faro se apagó! Esa oscura noche, varios barcos chocaron y murieron
sus tripulantes. Cuando las autoridades investigaron, el cuidador del faro, presentó
las razones por las cuales dio a otros, parte del combustible; pero la
respuesta y la sentencia fue firme: Le hemos dado combustible solamente con un
propósito: ¡Mantener el faro encendido!
Mateo 25:8-9 Las insensatas dijeron a las
prudentes: “Dennos un poco de su aceite porque nuestras lámparas se están
apagando” “No –respondieron éstas– porque así no va a alcanzar ni para nosotras
ni para ustedes. Es mejor que vayan a los que venden aceite, y compren para
ustedes mismas.
A
primera vista parece que las prudentes se habían vuelto egoístas; pero, ¿no
resulta demasiado tarde para un estudiante prepararse para sus exámenes justo la
noche anterior de presentarlos? ¿No es demasiado tarde querer capacitarse para
aplicar a un trabajo justo cuando la oportunidad ya se está presentando? Resulta
que no compartir el aceite que tenían en abundancia es, “responsabilidad
espiritual”
Esas
lámparas requerían mucho aceite para mantenerse encendidas, había que estarlas empapando
cada cuarto de hora y las prudentes lo sabían; pero muchos olvidan que existen cosas
que no se pueden obtener en el último minuto; así como nadie puede tomar prestado
de la relación con Dios que otra persona tiene, cada quien debe desarrollarla y
cultivarla por sí mismo.
Las
jóvenes dieron el consejo correcto, aunque tú disfrutes de la gracia suficiente
de Dios, de bendiciones y planes de bienestar, de la presencia del Espíritu guiándote
en tu relación con Jesús, lo único sensato es decirle a quienes no tienen todo
esto, que busquen esa misma relación con Jesús.
Así
como nadie puede alimentarse por otro, tampoco se puede creer por otro, ni salvarse
por otro, es un asunto totalmente personal. Cuando tú buscas diariamente la
Presencia de Dios y alimentas tu relación con Él en el día a día; sin negociar
tus principios ni tu santidad, sencillamente estás ejerciendo la responsabilidad
de sostener tu luz encendida.
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