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sábado, 14 de marzo de 2026

PENSAR COMO EN EL CIELO

Isaías 55:8-9 Porque mis pensamientos no son los de ustedes, ni sus caminos son los míos –afirma el SEÑOR–. Mis caminos y mis pensamientos son más altos que los de ustedes; ¡más altos que los cielos sobre la tierra!

Siempre existirán dos puntos de vista: el de Dios y el del ser humano, lamentablemente, muchas veces medimos el bien y el mal desde nuestra propia manera de pensar.

El contexto de este pasaje muestra a Dios llamando a Israel al arrepentimiento, entonces, si hay un llamado al arrepentimiento, es porque existe pecado, ¿verdad? así que surge una pregunta…

¿Qué piensa nuestro Dios del pecado?

¿No será también diferente Su forma de ver el pecado?

La verdad es que muchas cosas que hoy consideramos normales, habrían recibido castigos severos, incluso la muerte, en los tiempos del Antiguo Testamento, ¿será que nuestra manera de ver el pecado está muy lejos de la manera en que Dios lo ve?

Veamos, si alguien te preguntara: ¿Qué es pecado? Probablemente responderías algo como: “es fallar, desobedecer, equivocarse”; pero La Escritura lo define con una claridad mucho más profunda:

“Pecar es no alcanzar la medida de lo que Dios exige”

Ante esto, te podrían decir: ¡Pero si sólo soy un ser humano!

Sin embargo, quien ha nacido de nuevo ya no es solamente un ser humano gobernado por su antigua naturaleza, sino que el Espíritu de Dios habita en él; ahora su vida ya no le pertenece pues Cristo vive en él, y esto no es sólo un ejemplo espiritual sino una realidad transformadora, por eso resulta tan sorprendente que muchos creyentes pequen a sabiendas de lo que Dios dice.

Lo cierto es que cuando se pierde el temor de Dios también se pierde el temor al pecado y entonces ¿qué podrá detenerlo de hacer lo malo? Pecar conscientemente deja de ser una simple debilidad para convertirse en una afrenta y un desafío a Dios.

A veces, si un creyente peca repetidamente y se tranquiliza pensando que, si Dios no lo confrontó de inmediato, entonces no fue tan grave; se dirá cosas como: “Bueno… parece que Dios pasó por alto esto”

Pero es una ilusión peligrosa, tarde o temprano, todo pecado lleva a la cosecha de sus consecuencias y a un encuentro con Dios.

El pecado nunca es algo superficial, siempre involucra el corazón, la mente, la voluntad y las acciones; y en toda La escritura difícilmente encontramos algo que produzca una carga más profunda en el corazón de Dios que el pecado practicado por Sus hijos.

No endurezcas tu corazón, empieza a llamar el pecado por el mismo nombre que Dios lo llama; un corazón endurecido abre la puerta a muchas sombras espirituales y puede llegar a cauterizar la conciencia.

El día que veamos el pecado como Dios lo ve, dejaremos de discutir con la Verdad y comenzará la transformación de nuestro corazón.

 


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Amanece en Getsemaní 

AL PASO DEL MÁS PEQUEÑO

Un criador de perros, acababa de colgar en su puerta un anuncio indicando que tenía para la venta cachorros de raza pura, en ese momento sintió que alguien tiraba suavemente de su chaqueta, al voltear vio a un niño con una gran sonrisa y algo en su mano.

–Señor –le dijo el niño–, quiero comprar uno de sus perritos.

El hombre le respondió: –Estos cachorros provienen de padres de raza pura y cuestan bastante dinero.

El niño bajó su cabeza por un momento, miró de nuevo al vendedor y le dijo: –Sólo tengo dos monedas, ¿es suficiente para mirarlos un poco?

–Claro que sí –respondió el hombre.

Entonces silbó para llamar a la perra que, a los pocos segundos apareció seguida de varias pequeñas bolitas de pelo con patas y ojos brillantes, pero al final, venía uno más pequeño, que avanzaba con dificultad, tratando de alcanzar a los demás.

El niño, emocionado, señaló y dijo: –¡Quiero ese último perrito!

El hombre se arrodilló junto a él y con ternura le dijo:

–Hijo, no estoy seguro de que lo quieras, ese perrito nunca va a ser capaz de correr ni jugar como todos los demás.

Inclinándose, el niño levantó lentamente las perneras de su pantalón, mostrando sus zapatos ortopédicos y las abrazaderas de acero que sostenían sus piernas, miró al hombre y le dijo: 

Yo tampoco puedo correr como los demás niños, ese perrito va a necesitar a alguien que pueda entenderlo.

Así es el ministerio cristiano, las personas no sólo necesitan ayuda, necesitan alguien que las entienda.

1Pedro 4:10 Cada uno ponga al servicio de los demás el don que haya recibido, administrando fielmente la gracia de Dios en sus diversas formas.

Mira que Dios, haciendo un voto de confianza, ha depositado en cada uno de nosotros, por lo menos, un don, don que tenemos el privilegio de usar para entender y ministrar a otros y la responsabilidad de ser buenos administradores de la multiforme gracia divina.

Sí, la gracia de Dios es multiforme, es decir, se manifiesta de muchas maneras, por eso existe una diversidad de dones espirituales entre los creyentes, nadie queda excluido, sino que todos hemos recibido algo para servir.

Dios ha confiado en ti, por eso te ha entregado: sabiduría, dones, capacidades, fuerza; Él sabe que estás plenamente equipado para desarrollar esa oportunidad que te ha encomendado.

1Corintios 4:2 Ahora bien, a los que reciben un encargo se les exige que demuestren ser dignos de confianza.

¿Qué espera Dios de ti? Fidelidad y resultados, que seas un administrador productivo y fiel.

¿Qué es un administrador fiel? 

Alguien que cuida, maneja y hace producir algo que le pertenece a otro, en nuestro caso, administramos lo que pertenece a Dios: dones, tiempo, resultados y oportunidades.

El llamado es a pasar del egocentrismo al servicio, usando lo que somos y lo que tenemos para fortalecer a otros en la comunidad cristiana, en la familia y en el entorno.

La verdadera mayordomía espiritual requiere responsabilidad, sensibilidad e intencionalidad.

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