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miércoles, 30 de abril de 2025

“ASÍ COMO DANIEL ORABA”

 

Luego de la conocida frase: “Así como David cantaba” hoy podemos añadir: “Así como Daniel oraba”

Daniel 9:3-4 Entonces me puse a orar y a dirigir mis súplicas al Señor mi Dios. Además, de orar, ayuné y me vestí de luto y me senté sobre cenizas. Ésta fue la oración y confesión que le hice: “Señor, Dios grande y terrible, que cumples el pacto de fidelidad con los que te aman y obedecen tus mandamientos.

Daniel “se puso a orar”, como si dijéramos, ¡Cuando es a orar, es a orar!

Con todos sus sentidos, con todo su ser en actitud de clamor al Rey de Israel, cuál si fuesen misiles dirigidos desde su corazón ardiente por los suyos, así llegaba su oración a su SEÑOR. ¡Daniel tenía una meta para alcanzar y la iba a lograr por medio de la oración!

Daniel sabía que el problema no era Dios ni Su fidelidad y, también sabía sobre la desobediencia e infidelidad del pueblo. Aunque la Escritura no menciona ningún pecado cometido por Daniel, sin embargo, toma el lugar de sus compatriotas, identificándose con ellos y tomando el lugar del intercesor, acepta sobre sí, la iniquidad de ellos. Así, Daniel tipifica al Mesías, el gran intercesor y receptor de los pecados de la humanidad.

Nota que… mientras Daniel confesaba y perdía perdón para los suyos, oraba como si él fuera tan malo como el resto de la nación. Usa un “nosotros”, no, ellos. ¡Un profundo sentido de responsabilidad corporativa!

La verdad es que nuestras oraciones se caracterizan por el egocentrismo y en muchos casos por el egoísmo. Oramos teniendo en cuenta nuestro propio beneficio, ya sea que se trate de salud, seguridad o economía, y agradecemos por beneficios recibidos que son de la misma índole, personales, como Jacob en Betel, estamos dispuestos a una relación correlativa con Dios, “si me das alimento para comer y ropa para vestirme…”Génesis 8:20

Un estilo de oración en la cual el yo, es el sujeto predominante, es como un “dirigirnos a Dios, pero en realidad, mirando hacia nosotros mismos”. Podemos adoptar la frase que dijera el evangelista D. L. Moody:

“Muchas veces nuestras oraciones salen como el cuervo del arca de Noé, pero nunca vuelven. Ahora bien, cuando hacemos de la gloria de Dios, el fin principal de nuestra devoción, salen como la paloma para regresar con un ramo de olivo en el pico”

Daniel continúa: Señor, Dios Grande y terrible, que cumples el pacto de fidelidad…” ¡Cuanta conciencia de la santidad de Dios!

Salmo 24:3-4 ¿Quién puede subir al monte del SEÑOR? ¿Quién puede estar en su lugar santo? Sólo el de manos limpias y corazón puro, el que no adora ídolos vanos ni jura por dioses falsos.

Daniel pone la oración y su consecuente respuesta, dentro del marco correcto: La santidad de Dios. Dios es santo, infinitamente santo y en las Escrituras tenemos evidencias en abundancia sobre la naturaleza de esa santidad.

Cuando tú oras… ¿Te inunda la santidad de Dios?

En tus peticiones… ¿buscas que Dios sea glorificado?

¿Sientes que tiemblas cuando Dios te habla?

¡Lo mismo el discípulo amado! Hablando del sentimiento que tenían hacia a Jesús, dijo: “contemplamos Su gloria, gloria como del unigénito del padre, lleno de gracia y de verdad” Por íntima que fuera su relación y por tierno que fuera su amor, Le reverenciaban cuando estaban con Él y Le adoraban en tanto que Le demostraban su amor.


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Raquel Toro
Amanece en Getsemaní