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martes, 13 de enero de 2026

EL PRIVILEGIO DE SER ADOPTADO

 ¿Te has acercado a Dios y Le has llamado Padre o Papá?

Si lo has hecho, entonces has experimentado la confianza, el consuelo, la seguridad que se produce al desarrollar esa nueva relación: Papá-hijo o Papá-hija.

Mateo 6:9b Padre Nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre,

Jesús nos enseña esta nueva intimidad en la relación personal con el Padre.

Así que, si tú, de corazón, llamas Padre a Dios, es una buena razón para creer que sí has nacido de nuevo y esto confirma tu filiación en Su familia, que es a la vez, tu familia espiritual.

Dios no es el padre de todos los seres humanos, ellos son Su creación, el concepto de paternidad universal, no es enseñado por la Escritura, muy por el contrario, enseña claramente que, quienes han creído en Jesús y le han recibido como Su Salvador, se han ganado el derecho de ser hijos de Dios, entonces son adoptados como  hijos y hechos herederos... hum... veamos dónde dice eso...

Juan 1:12 Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios.

Dios es un padre, pero eso no quiere decir que Él sea un reflejo de la paternidad humana, mira que para muchos creyentes es difícil desarrollar una relación con su Padre Celestial porque el recuerdo de un mal papá terrenal, no se lo permite.

Puede ser que hayas tenido un papá terrenal negligente, que no te amó o maltratador o que te abandonó o que te abusó, pero esa no es la naturaleza de tu Padre Celestial, más bien, los papás humanos deberían ser una imagen de la paternidad de Dios.

Una historia antigua cuenta de un emperador que triunfante entraba a su ciudad seguido por sus tropas, la multitud alineada sobre la orilla de la calzada le aclamaba, los corpulentos oficiales tenían que mantener a las personas en su sitio. Cuando ya se acercaba a la plataforma donde la emperatriz y su familia lo esperaba, de pronto un chiquillo, saltó, se abrió paso entre la multitud y corrió en dirección al emperador; uno de los soldados reaccionando, le salió al paso, lo tomó en sus brazos y le dijo: –¡Niño, no puedes interrumpir así la entrada triunfal de nuestro emperador! A lo que el niño contestó: –¡Sí! Puede que sea tu emperador, pero es mi padre.

Hoy puedes añadirle a esta historia ese recuerdo que tienes en mente de cómo el Padre corrió por el camino con brazos abiertos al encuentro de su hijo perdido, lo abrazó y lo besó… puedes también celebrar como ese hijo, con música y fiesta de salvación en la casa del Padre, recibiendo a Jesús como tu Señor y Salvador.

Cada texto ha sido escrito sin ayuda de ChatGPT o alguna otra herramienta de IA, es netamente escritura humana.


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Raquel Toro

Amanece en Getsemaní