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jueves, 3 de septiembre de 2020

LA FUERZA DE UNA REPRESA


 ¿Sabías que la “Presa de las Tres Gargantas” es la planta hidroeléctrica más grande del mundo?

Está construida sobre el curso del río Yangtsé en China. Es la planta hidroeléctrica más grande en extensión y en capacidad; mide 2.309 mts de longitud y 185 mts de altura; con una esclusa capaz de albergar barcos hasta de 3.000 toneladas.

Puede retener el agua hasta a 91 mts sobre el nivel del río, o sea, un peso aproximado de 42 millardos de toneladas de agua que, si fueran libres de una sola vez, podrían alterar todo a su alrededor como si se tratara de un tremendo terremoto. Además, como la presa está en el centro del país, puede suministrar energía eléctrica a grandes ciudades como Beijing y Shanghái.

Juan 7:37b-38 –¡Si alguno tiene sed, que venga a mí y beba! De aquel que cree en mí, como dice la Escritura, brotarán ríos de agua viva.   

Agua viva que fluye, fluye y fluye, como interminable río de caudaloso poder del Espíritu.

Este es el cristianismo, vida dinámica y en movimiento; extendiéndose, avanzando y en constante cambio; burbujeante y brotando sin interrupción; a raudales, si así tú lo permites; eso significaban las palabras de Jesús aquel día en el Templo; Él, la poderosa represa eterna, que no tiene comparación terrenal y que fluye abundantemente para vida eterna.

Jesús, valerosamente llamó a las personas para que fueran a Él y los pasos que dio son muy sencillos: “Tienes sed… ven… bebe…” 

Si tienes sed, si reconoces tu necesidad, si puedes escuchar a tu alma decirte que existe algo más allá y qué debes buscarlo, ven a la fuente inagotable, recibe, calma tu necesidad, cualquiera que ésta sea y permite que vida nueva y en plenitud te inunde.

La invitación de Jesús es muy amplia: “Si alguno…” o sea, no importa la nacionalidad ni el color; ni tu capacidad o tu debilidad; ni tu juventud o tu experiencia; nada limita esta oportunidad; no importa tu porqué, sólo importa que tengas un porqué, mira que la mayoría de la gente va por la vida sin propósito alguno.

Y luego Jesús hace más específica la invitación, la reduce, dice: “el que venga a mí”, él que viene a saciar su necesidad o a encontrar su propósito en Jesús, ese es el que hallará La fuente eterna; y, por último, Jesús dice: “bebe”, recibir al Único que puede dar vida y propósito a tu vida, como fuente que refresca que reverdece, que fecunda.

Ésta es la vida que la muerte no puede detener porque trasciende por siempre hasta la eternidad; la experiencia de la plenitud del poder del Espíritu Santo que te convierte en río de agua viva que renueva y que hace que des fuerza a las vidas de otros.


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Raquel Toro

Amanece en Getsemaní