Juan 14:5-6 –Dijo entonces Tomás: -Señor, no sabemos a dónde vas, así que ¿cómo podemos conocer el camino? –Yo soy el camino, la verdad y la vida –le contestó Jesús– Nadie llega al Padre sino por mí.

Tomás necesitaba estar seguro de lo que tenía que hacer y de cuáles eran los pasos a seguir, así que... ¡Preguntó!
Y lo tremendamente impactante es que fue su pregunta
honesta la que dio origen a una de las respuestas más gloriosas, dadas por el
Señor Jesucristo: –Yo soy el camino, la verdad
y la vida.
Si Tomás se hubiera dejado vencer por el miedo de
preguntar se hubiera perdido, –no sólo él sino nosotros también–, de esta
respuesta maravillosa de Jesús que fundamenta toda la doctrina cristiana; no
tengas miedo de preguntarle a Jesús, te sorprenderás de Sus respuestas que,
siempre rebasarán tus expectativas.
Permíteme enfatizar la importancia de hacer buenas preguntas:
Si tus preguntas están enfocadas, estimularán tu
pensamiento investigativo y creativo; si están bien formuladas, tienen la capacidad
de llegar a la raíz del asunto, extraer nuevas ideas, relacionar variables y descubrir
perspectivas diferentes.
Pocas personas dominan el arte de hacer buenas preguntas
y mira que, hacerlas puede ser más valioso que tener la respuesta correcta, porque
permite cambiar el rumbo de conversaciones y decisiones e incluso, organizaciones.
La calidad de tu vida está determinada por la calidad
de tu pensamiento y las preguntas son la maquinaria que impulsa los pensamientos; no es
posible pensar bien y hacer preguntas deficientes, escasas o superficiales.
Las respuestas que recibes definen tus tareas, traen
soluciones a tus problemas y aclaran los asuntos. Impúlsate a preguntar, pregúntate
a ti mismo, pregunta a nuestro Dios, pregunta a otros; pregunta cuando estés de
compras, cuando ejerces tu rol de papá o mamá o de consejero; pregunta a los amigos,
a tu pareja, a los medios informativos y virtuales.
“La mente que no hace preguntas, no está activa
intelectualmente”
¿Y qué
me dices de la importancia de las buenas preguntas para mejorar la comunicación?
Se cuenta
acerca del capitán de un barco que, en una noche de navegación, vio lo que
parecía ser la luz de otro barco que venía de frente hacia el suyo. Inmediatamente
ordenó al señalero que le indicara a ese barco:
–“Cambie su curso diez grados al sur”
La
respuesta fue: –“Cambie usted su curso diez grados al norte”
El
capitán contestó: – “Soy un capitán, ordeno que cambie
su rumbo al sur”
Le
respondieron: “Yo soy un marinero de primera clase, cambie su
curso al norte”
Esto
enfureció al capitán y ordenó al señalero decirle:
– “Le digo que cambie su curso al sur. ¡Estoy en un barco de guerra!
La
respuesta fue: “Yo le digo que cambie su rumbo al norte,
estoy en un faro”
No preguntar
antes de… puede llevarte a un desastre.
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Raquel Toro
Amanece en Getsemaní
