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lunes, 10 de agosto de 2020

“CON-CERA” O “SIN-CERA”

 ¿Qué opinas sobre la sinceridad?

Te cuento que hace bastante tiempo, los carpinteros usaban cera, para borrar rasguños, llenar agujeros y restaurar grietas en los muebles de madera; esa substancia producida por las abejas, luego de ser aplicada, secada y pulida, daba a los muebles usados, un acabado tal que se veían intactos. Así que los comerciantes, para hacer distinguir los muebles verdaderamente nuevos, de estos restaurados, les fue necesario colocar rótulos que dijeran: “sin-cera” O sea, mueble sin arreglo, sin retoque, sin trampa.

Entonces, “Sinceridad” es esa interesante palabra que viene del término latino “sincerum” que significa “sin-cera” Aplicándola a nuestra vida, se refiere a aquella persona que actúa honesta y transparentemente, sin fingir y sin intenciones ocultas.

¿Tú, eres una persona con-cera o sin-cera?

La verdad que la sinceridad es una actitud difícil para el corazón humano y muchísimas veces se le confunde con la franqueza, ésta última tiene que ver más con ser espontáneo que con la actitud amorosa de construir.

Mateo 12:20 No acabará de romper la caña quebrada ni apagará la mecha que apenas arde, hasta que haga triunfar la justicia.   

La sinceridad se propone construir y corregir trayendo amor y luz sobre la vida de otros y estructurando relaciones que causen bienestar; para que esto te sea posible, es necesario que vivas en los propósitos de amor y transparencia de Dios mismo.

Así que primero, tus pensamientos deben estar motivados por el amor de Dios, y las normas y propósitos de Su amor los encuentras en la Escritura, ¡debes conocerla! pues cuando piensas conforme a La Escritura, encontrarás que tu corazón está libre de prejuicios, de segundas intenciones o del deseo de “decirle a alguien unas cuantas verdades”

Segundo, pensar así, bíblicamente, te libra de orgullo y arrogancia para que puedas sentir verdadero amor por aquel con quien debes ser sincero; pues como tú ya lo sabes, cuando piensas enjuiciando a alguien, no podrás evitar que cuando le hables, lo hagas con condenación.

Por último, como no conoces todo lo que le ha sucedido y que llevó a alguien a hacer esto o hacer lo otro; no estés dando tus puntos de vista, ¡así debe ser! Al conocer la Escritura, expresarás los puntos de vista de Dios mismo; porque nuestras propias opiniones tratarán de derrotar los puntos de vista de otros, mientras que el punto de vista divino, siempre tratará de ganarlos para corrección.

En ti, solo debe existir el deseo de ayudar y guiar a otros a Dios, así, el Espíritu de Dios se encargará de comunicarles la verdad de Dios y la sinceridad de tus palabras les bendecirá y edificará porque expresas la sinceridad de Dios.


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Raquel Toro 

Amanece en Getsemaní