Génesis 1:28 Y los bendijo con estas palabras: “Sean
fructíferos y multiplíquense; llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces
del mar y a las aves del cielo, y a todos los reptiles que se arrastran por el
suelo.”
Dios terminó la Creación y enseguida creó a Adán, Su representante, para que continuando la labor, hiciera que la Tierra y sus habitantes fuesen fructíferos, ¡un gobernante delegado directamente por Dios! Encargado de llevar a cabo un ordenamiento productivo para prosperar y lograr el mutuo bienestar, conforme al diseño divino.
Así, someter y dominar,
fue dado en un sentido de administración y aprovechamiento de todos los
recursos, no en el sentido de despojo, desperdicio o exterminio, pues Dios
mismo, declaró a cada parte de Su creación, como buena.
En
el original hebreo, la palabra usada para dominio -radah-, tiene una
connotación de realeza, habla de un reino o el gobierno de un rey.
La
misión del rey es asegurar el bienestar y la prosperidad de su pueblo y velar
porque su territorio esté en paz; debe cuidar de los indefensos, hacer
que los pobres y necesitados reciban atención y guiar a su pueblo a
involucrarse en estas acciones según las palabras y el ejemplo de administración bíblica
impartido por el rey mismo.
Un
rey sabio tendrá una visión a largo plazo porque querrá que su reino continúe
por generaciones, pero como tú ya lo sabes, Adán fracasó en la administración y
gobierno que Dios le había confiado; mucho tiempo después, a propósito de la
coronación de un rey, se usa la misma palabra hebrea, radah:
Salmo 72:8 Que domine el rey de mar a mar, desde el río Éufrates
hasta los confines de la tierra.
Se
pide por sabiduría y sentido de justicia para que el rey gobierne en beneficio
de su pueblo, lamentablemente, Salomón, hijo de David, no siguió el consejo de
su padre y no estableció el Reino de Dios.
Sin
embargo, esta petición es respondida en los versos…
11-14 Que ante él se inclinen todos los reyes; ¡que
le sirvan todas las naciones! Él librará al indigente que pide auxilio, y al
pobre que no tiene quien lo ayude. Se compadecerá del desvalido y del
necesitado, y a los menesterosos les salvará la vida. Los librará de la
opresión y la violencia, porque considera valiosa su vida.
Describe
la naturaleza del reinado de un Rey Justo. ¿Quién ha de ser?
Como
descendiente de David, Jesús cumplió el sueño de Su Padre, anunció las buenas
nuevas a los pobres, proclamó libertad a los cautivos, dio vista a los ciegos,
puso en libertad a los oprimidos y nos trajo el tiempo del favor de nuestro
Dios, ¡cumplió la Misión de Dios para Su Reino!
Jesús
es el Rey verdadero que no falló, sino que incluso dio la vida por amor
y para salvación de los Suyos. Un segundo Adán que hace realidad las
Promesas del Padre y que, con su intervención y ejemplo divino, cambió
el rumbo y nos involucró en la obra de amor a la humanidad.
Esta
es nuestra esperanza de gloria, su cumplimiento definitivo en Su Segunda Venida,
el regreso de nuestro Rey Jesús, el rey de Reyes y Señor de Señores ejercerá Su
autoridad sobre toda la tierra.
Cuando entendemos que
Dios es Rey, entonces nosotros anhelamos verle coronado con gloria y honor… nos
volvemos ambiciosos por esparcir Su Reino y Su justicia por todos lados. –John
Stott–
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