¿Te han llegado con algún chisme?
Santiago 3:5 Así también la lengua es un miembro muy pequeño del
cuerpo, pero hace alarde de grandes hazañas. ¡Imagínense qué gran bosque se
incendia con tan pequeña chispa!
Podemos
ver que Santiago,
el escritor de esta carta, siente verdadero terror a la lengua y no es para
menos, a pesar de ser una parte tan pequeña, a la que no le tendrías muy en
cuenta, ni le darías tanta importancia, sí es cierto que es de temer, porque
tiene la capacidad de alterar muchas de las circunstancias de tu vida.
Ya que la lengua es tan difícil de controlar, cómo tú ya
lo sabrás, cualquiera que gane control sobre ella, perfectamente gana control también
sobre los demás aspectos de su vida.
No sólo Santiago y Sócrates, hablaron de ella, también
Filón de Alejandría, apologista del inicio de la era cristiana, decía: “La
mente es el conductor de la vida de una persona, cuando la mente está en
control de cada palabra, y la palabra misma está controlada por Cristo, la vida
está a salvo”
Ahora, Santiago no está diciendo, por lo menos no en
este caso, que el silencio sea mejor que las palabras o que guardes silencio
cobarde o culpablemente; no está enseñando que la conversación está prohibida; lo
que sí dice es que nuestra lengua esté sometida a la palabra de Dios, que uses
el lenguaje con sabiduría.
Mantener la forma de hablar bajo estricto control es
una disciplina que todo creyente debe desarrollar; pon atención a tus palabras,
cuando se dice “bendecir” quiere decir “bien-decir” así como maldecir alude “mal-decir”. Acuérdate de
aquello de que “Quien habla el bien, del bien se nutre” Es válido para todas
las áreas de tu vida, espiritual, emocional, salud y finanzas.
Mira que, si hablas con sabiduría, cosecharás el fruto
de tus palabras, al igual que el agricultor disfruta de la cosecha que ha
plantado.
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