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lunes, 14 de septiembre de 2020

LOS TRES FILTROS

 ¿Te han llegado con algún chisme?

Un día, un hombre fue a Sócrates y le dijo: 
– Escucha, tengo algo muy importante que decirte sobre tu amigo. 
– Espera, le interrumpió Sócrates, Lo que me vas a contar, ¿lo has pasado ya por los     tres filtros? 
– ¿Cuáles tres filtros? Preguntó asombrado. 

– Escúchame bien, el primer filtro es el de la verdad: ¿estás seguro de que todo lo       que me vas a contar es verdad? –preguntó Sócrates. 
– hummm… no sé, supongo que sí, pero no puedo asegurarlo… 

– Entonces, ciertamente lo habrás hecho pasar por el segundo filtro –insistió               Sócrates– El filtro de la bondad, es decir, ¿es bueno, me causa bien lo que vas a     contarme? 
– Hummm…. Creo que no, tal vez, todo lo contrario... 

Pero ¿y entonces? ¿lo has hecho pasar al menos por el tercer filtro? ¿Te has preguntado si lo que quieres contarme sobre mi amigo es necesario, es útil? 
–¿Útil? No, verdaderamente no –balbuceó el otro. 
–¿Ves? Si lo que quieres contarme no es ni verdadero, ni bueno, ni me es útil, es mejor que no me lo cuentes –concluyó Sócrates con una amable sonrisa.

Santiago 3:5 Así también la lengua es un miembro muy pequeño del cuerpo, pero hace alarde de grandes hazañas. ¡Imagínense qué gran bosque se incendia con tan pequeña chispa!

Podemos ver que Santiago, el escritor de esta carta, siente verdadero terror a la lengua y no es para menos, a pesar de ser una parte tan pequeña, a la que no le tendrías muy en cuenta, ni le darías tanta importancia, sí es cierto que es de temer, porque tiene la capacidad de alterar muchas de las circunstancias de tu vida.

Ya que la lengua es tan difícil de controlar, cómo tú ya lo sabrás, cualquiera que gane control sobre ella, perfectamente gana control también sobre los demás aspectos de su vida.

No sólo Santiago y Sócrates, hablaron de ella, también Filón de Alejandría, apologista del inicio de la era cristiana, decía: “La mente es el conductor de la vida de una persona, cuando la mente está en control de cada palabra, y la palabra misma está controlada por Cristo, la vida está a salvo”

Ahora, Santiago no está diciendo, por lo menos no en este caso, que el silencio sea mejor que las palabras o que guardes silencio cobarde o culpablemente; no está enseñando que la conversación está prohibida; lo que sí dice es que nuestra lengua esté sometida a la palabra de Dios, que uses el lenguaje con sabiduría.

Mantener la forma de hablar bajo estricto control es una disciplina que todo creyente debe desarrollar; pon atención a tus palabras, cuando se dice “bendecir” quiere decir “bien-decir” así como maldecir alude “mal-decir”. Acuérdate de aquello de que “Quien habla el bien, del bien se nutre” Es válido para todas las áreas de tu vida, espiritual, emocional, salud y finanzas.

Mira que, si hablas con sabiduría, cosecharás el fruto de tus palabras, al igual que el agricultor disfruta de la cosecha que ha plantado.


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Raquel Toro 
Amanece en Getsemaní