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lunes, 30 de marzo de 2026

EL PESO DEL SILENCIO

Exteriormente, una vida puede parecer equilibrada, sin embargo, el interior del ser humano puede estar apoyado sobre un silencio frágil.


Salmo 32:3-4 Mientras guardé silencio, mis huesos se fueron consumiendo por mi gemir de todo el día. Mi fuerza se fue debilitando como al calor del verano, porque día y noche tu mano pesaba sobre mí.

David, ya perdonado, recuerda el estado espiritual y mental en el que se encontraba mientras mantuvo oculto su pecado; nos cuenta lo que sucede cuando el pecado se guarda en lo íntimo del corazón, sus palabras revelan el estrés de vivir una doble vida y el profundo desgaste físico y emocional que esto produce.

¡Cómo pesa el silencio!

Es como si David dijera:

–“No solo callé, decidí seguir callando, aun recordando todas las misericordias pasadas de mi Dios hacia mí, aun escuchando los reproches de mi conciencia y sintiendo la angustia de mi corazón”

¡El silencio también duele!

El pecado practicado no trae paz, la roba. Sin duda, tardó en reconocerlo, pero qué bueno que comprendió que sus consecuencias estaban directamente relacionadas con la opresión del pecado no resuelto y la rebelión silenciosa contra Dios.

Su alma tradujo el silencio en gemidos durante todo el día: Los huesos, que representan la fuerza y estabilidad del cuerpo, comenzaron a consumirse; de la misma manera, el gemir continuo, debilita la estructura interna del creyente, produciendo inestabilidad emocional y espiritual.

Sus fuerzas se agotaron, su alma se secó como tierra agrietada por el inclemente verano de Israel, ¡Qué esterilidad espiritual!

Y para completar, David sentía sobre sí La mano de Dios, la misma mano que antes había experimentado como buena y protectora, ahora, como un gran peso sobre él. ¡Qué gran devastación!

Sin embargo, esa presión que siente el creyente no es para destrucción, sino que es el amor de Dios obrando para traer restauración... Selah, haz una pausa, reflexiona sobre la gravedad del pecado y sobre tu necesidad de comunión con Dios.

Mira el poder de la confesión:

Salmo 32:5 Pero te confesé mi pecado, y no te oculté mi maldad. Me dije: “Voy a confesar mis transgresiones al SEÑOR” y tú perdonaste mi maldad y mi pecado.

El pecador inconverso necesita creer para ser salvo, pero el creyente pecador necesita confesar, para que su comunión sea restaurada.

Nota la prontitud de Dios para perdonar el pecado confesado, Su respuesta no fue de condenación sino de perdón inmediato, rompiendo así el ciclo de angustia.

Mientras David guardó silencio fue prisionero, ahora, cuando dejó de enmascarar la verdad, de ocultar con astucia, de encubrir la verdad, y se presenta ante Dios con una confesión sincera y sin reservas, viene el alivio y la restauración.

El pecado oculto pesa, pero la confesión sincera, permite que recibas gracia y restauración.

 


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Raquel Toro

Amanece en Getsemaní


EL PERDÓN SIN ESPINAS

Perdonar parece fácil… hasta que tenemos que hacerlo.

Alguien dijo una vez:

“Hay una clase de perdón extraño, una especie de puerco-espín del perdón, que termina llenando al otro de púas. Algunos hieren al que les ha ofendido, lo mantienen al alcance de su indignación, lo abrazan con su ira y le dejan dolorosamente incrustada su culpa; y cuando sus espinas le han herido bastante, entonces dicen que lo perdonan.

Eso no es verdadero perdón.

Se cuenta de un rey que, estando en su lecho de muerte, recibió la visita de su consejero espiritual quien le dijo:

Majestad, debe perdonar a Sus enemigos”

El rey quedó pensativo por un momento y luego le dijo a la reina:

“Escríbele a tu hermano, después de que yo haya muerto, y dile que lo he perdonado y que morí en paz con él”.

El consejero respondió suavemente: –Sería mejor que su majestad le escribiera ahora mismo”

Pero el rey contestó: –“No, escríbele cuando yo esté muerto. Ahora bien, si me recupero, todo vuelve a ser como antes”

Como notarás, esto no es perdón.

El verdadero perdón no alberga malicia ni resentimiento, no guarda deseos de revancha ni planea venganzas silenciosas, no busca aparentar reconciliación cuando la verdad es que la herida sigue abierta.

Imagina por un momento que Dios te dijera:

“Te perdono, pero no olvido, por toda la eternidad te lo iré recordando…”

¿Sentirías realmente que has sido perdonado?

Hebreos 10:17-18 Después añade: ¡Y nunca más me acordaré de sus pecados y maldades!” Y cuando éstos han sido perdonados, ya no hace falta otro sacrificio por el pecado.

El perdón divino no es solo un acto momentáneo, es una obra completa que nos libera del peso del pasado.

Bajo el Antiguo Pacto, los sacrificios servían como un recordatorio constante del pecado, pero en el Nuevo Pacto, establecido por Jesucristo, encontramos un perdón verdadero y definitivo. Así que para quien ha recibido este perdón, ya no es necesario ningún otro sacrificio, la obra de Cristo es suficiente.

La obra de Jesús tiene poder para salvar a toda la humanidad, pero se hace efectiva en aquellos que le han recibido como Su Señor y Salvador, y así como Él nos ha perdonado de manera tan generosa, también nos llama a perdonar de la misma forma.

Tal vez hoy recuerdes a alguien que te hirió… quizá recordar su nombre aún produce dolor en tu corazón… mira que, aferrarse a la ofensa te termina hiriendo a ti, perdonar es liberar tu propio corazón.

Perdonar como Dios perdona significa dejar de vivir en el pasado, a la vez que creas espacios donde florecen la compasión y la reconciliación, permitiendo que la gracia se convierta en el hilo conductor de tus relaciones.

¡El verdadero perdón no hiere… te libera!

 


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Amanece en Getsemaní 

sábado, 28 de marzo de 2026

LA ÚLTIMA NOTA DEL ALMA

En enero de 2006, en medio de una tormenta eléctrica, un rayo provocó una explosión del gas acumulado a unos 80 metros de profundidad en una mina de carbón del Estado de Virginia, la explosión dejó atrapados a trece mineros en una de las galerías de la mina.

Al comienzo, los noticieros informaban que doce de ellos habían sido encontrados con vida. Incluso el gobernador del Estado, declaró a CNN: "De veras esperamos y rogamos por una pronta recuperación. No sabemos qué pudo haber pasado, ha sido un accidente horroroso"

El júbilo se apoderó de los familiares y amigos de los obreros, sin embargo, aquella esperanza pronto se transformó en tristeza e indignación cuando nuevos informes confirmaron la realidad: doce de los trece mineros habían muerto, sólo uno sobrevivió.

Cuando la noticia final llegó a los familiares reunidos en la Iglesia Bautista de Sago, reaccionaron contra los medios que cometieron "errores de comunicación" al difundir horas antes, una falsa y esperanzadora noticia.

Pero algo profundamente conmovedor salió a la luz: durante sus últimas horas, algunos de los mineros habían escrito notas para sus familias, palabras de consuelo y esperanza para quienes amaban.

¿Te imaginas qué dejaron escrito estos hombres en sus notas de despedida?

Allí atrapados en ese mundo oscuro, sofocante y enfrentados a la realidad de la muerte física, se convierten para nosotros, en una poderosa metáfora porque en cierto sentido, también  nosotros vivimos en un mundo oscuro y sofocante donde la muerte física es una certeza invevitable.

Salmo 139:11-12 Y si dijera: “Que me oculten las tinieblas; que la luz se haga noche en torno mío” ni las tinieblas serían oscuras para ti, y aun la noche sería clara como el día. ¡Lo mismo son para ti las tinieblas que la luz!

Es bueno saber que podemos estar en la oscuridad, pero jamás solos.

¿Cuáles creen que fueron las palabras escritas en las notas de aquellos hombres?

Seguramente, palabras nacidas desde lo profundo del corazón, enviadas como mensajeras del alma para hablar cuando sus autores ya no estuvieran allí, renglones destinados a fortalecer a los que amaban y que pronto enfrentarían momentos difíciles.

Es muy probable que antes de escribir, primero hablaran con Dios, aprovechando esos últimos minutos para hallar en Él, valor y consuelo.

Y es que para el Dios que es luz no existe oscuridad impenetrable, no hay sombra que oculte tu vida de Su mirada, no hay velo que pueda esconderte de Él; ni máscara o simulación, por elaborada que sea, capaz de engañar el escrutinio de Dios.

Si tu vida, hoy parece oscura o sofocante, te diré que es el momento oportuno para comenzar de nuevo, Dios puede tomarla y transformarla en un nuevo orden lleno de propósito.

Al final, todos estamos escribiendo una nota con nuestras vidas…

¡Haz que tu nota sea del agrado de Dios!

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Amanece en Getsemaní

 

jueves, 26 de marzo de 2026

MEJOR ES EL FIN QUE EL PRINCIPIO

 ¿Cuál es tu peor hábito?

Sin lugar a dudas, uno de los peores rasgos personales es la impaciencia.

Se cuenta de una maestra de primaria que estaba teniendo un día terrible, había estado lloviendo todo el día y sus treinta alumnos habían permanecido encerrados en la pequeña aula, sin poder salir. Los chicos ya estaban alborotados y a ella le resultaba difícil calmarlos y controlarlos, a decir verdad, la maestra era quien más deseaba que sonara la campana de salida.

Cuando faltaba poco para la hora de irse, se asomó por la ventana y vio que todavía llovía, entonces se dispuso a ayudar a cada niño a ponerse su impermeable y sus botas para protegerse de la lluvia. Ya los tenía a todos listos, excepto a uno de seis años que tenía un par de botas muy difíciles de poner; no tenían cremallera, ni cordones, ni agarraderas, había que bregar para meterlas, después de mucho esfuerzo al fin lo logró.

Entonces al niño se le ocurrió decir: –Maestra, estas botas no son mías…

La maestra quería llorar y gritar, pero no lo hizo; hizo una breve oración, respiró profundamente, se retiró el cabello de la cara y empezó la tarea de quitarle las botas al niño, después de otro buen esfuerzo, logró sacárselas.

En ese momento el pequeño agregó: –Estas botas son de mi hermana, pero ella me deja usarlas y por eso las traje…

¡Tocaba empezar de nuevo a ponerle las botas, sin descomponerse demasiado!

Es evidente que Dios nos da, cada día, oportunidades para cultivar la paciencia.

Eclesiastés 7:8 Vale más el fin de algo que su principio. Vale más la paciencia que la arrogancia.

¡Vive con prisa, pero sin afán!

Mucha de la energía que gastas tratando de lograr determinadas cosas equivale a tratar de atrapar el viento.

Evita la impaciencia, mira que nuestro Dios nunca se apresura, así que mantén la calma y enfócate en el desenlace final, porque mejor es el fin que el principio.

No te centres tanto en dónde empiezas las cosas o dónde estás ahora, mira hacia el final. Una evidencia de la impaciencia es quejarse de las dificultades presentes y pensar que en años anteriores se disfrutaba de mayor tranquilidad y bienestar, sin embargo, cada etapa de la vida trae consigo sus propios afanes.

La paciencia y la perseverancia son señales de madurez; mira que, se necesita paciencia para ver el resultado final en lugar de abandonar cuando surgen dificultades. Confía en que un enfoque perseverante y paciente es superior a la impaciencia y la arrogancia, que generalmente, conducen a decisiones impulsivas y a malas consecuencias.

 ¿Quieres vivir el final?

¡Debes llevar la cruz, de lo contrario nunca te ceñirás la corona! Debes pasar a través del lodo, de lo contrario, nunca andarás por las calles de oro. –Ch. Spurgeon–

La mariposa siempre fue primero oruga.

 


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miércoles, 25 de marzo de 2026

EN MEDIO DE LO COTIDIANO...

¿Conoces a personas para quienes su vida es la música, o el deporte o el trabajo

¡Claro que sí? Para ellas, todo gira alrededor de eso; allí encuentran su motivación, su identidad y aquello que llena sus vidas.

De la misma forma, para el cristiano, lo más importante de su vida no es simplemente seguir a Cristo, sino que ¡Cristo es su vida misma!

Colosenses 3:2-3 Concentren su atención en las cosas de arriba, no en las de la tierra, pues ustedes han muerto y su vida está escondida con Cristo en Dios.

El tiempo verbal en este pasaje, indica que una muerte ocurrió en el pasado: La muerte de Cristo, en ella, los creyentes fuimos unidos con Él; nuestro castigo por el pecado ya fue pagado completamente, ahora, en el presente, vivimos una nueva vida.

Precisamente porque nuestra vida está escondida con Cristo, en el Padre, el creyente dirige su mente y su corazón hacia las cosas de arriba y no hacia las de este mundo. Aprendemos a ver y evaluar todo a través de la Cruz y del amor de Aquel que Se entregó a Sí mismo por nosotros; valoramos las actividades, el trabajo y el bienestar, pero lo hacemos desde un corazón centrado en lo eterno.

Pablo define la vida terrenal dominada por la naturaleza humana como: inmoralidad sexual, impureza, bajas pasiones, malos deseos, avaricia e idolatría.

En contraste, la vida del cristiano es: renovación en el conocimiento de Dios, afecto entrañable, bondad, humildad, amabilidad, paciencia, tolerancia y perdón; y por encima de todo, vestirse del amor de Dios, que es el vínculo perfecto.

¿Cómo ascender en este Everest de dedicación y lealtad a Cristo?

Mientras vivamos en medio de esta cultura terrenal, estaremos constantemente bombardeados por mensajes que promueven los valores del mundo que, aunque no siempre sean explícitamente inmorales, suelen tener un objetivo común: excluir a Dios y promover la independencia de Él.

Por eso, vivir esta vida nueva en Cristo, no significa escapar de la vida diaria, sino pensar correctamente y cultivar una disposición interior alineada con el Cielo; así como una brújula señala siempre hacia el norte, el corazón del creyente se orienta constantemente hacia Dios.

Los pensamientos buenos y puros nacen de comprender las realidades espirituales reveladas en La Palabra.

En resumen, la vida cristiana convierte la experiencia diaria en la confirmación de tres grandes verdades:

1.     Vivimos en comunión con el Padre, el Hijo y Su espíritu Santo.

2.     El mundo no puede comprender el gozo de esta nueva vida en Cristo.

3.  Estamos seguros para la eternidad, protegidos de todo enemigo espiritual y con acceso a todas las bendiciones de Dios.

Filipenses 4:8 Por último, hermanos, consideren bien todo lo verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de admiración, en fin, todo lo que sea excelente o merezca elogio.

¿Cuántas de tus decisiones son tomadas bajo la presión del mundo y cuántas son guiadas por tu vida en Cristo?

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Amanece en Getsemaní

miércoles, 18 de marzo de 2026

ANTES DEL ARPA Y LA FLAUTA

¿Sabías que la música, es considerada una de las expresiones artísticas más antiguas?

La Escritura nos enseña algo sorprendente: apenas ocho generaciones después de Adán, encontramos a un hombre llamado Jubal, a quien se le reconoce como el antepasado de los que tocan instrumentos de cuerda y de viento.

Génesis 4:21 Jabal tuvo un hermano llamado Jubal, quien fue el antepasado de los que tocan el arpa y la flauta. 

Fuimos creados a imagen de Dios, por eso, desde el principio, el ser humano ha sentido el impulso de crear y convertir sonidos en comunicación, así, la música se tornó rápidamente en una de las expresiones más profundas del alma.

Jubal fue el pionero de la música instrumental, aún cuando pertenecía a una línea familiar marcada por la impiedad, nuestro Dios permitió que los talentos artísticos y culturales se desarrollaran en la humanidad.

Cuando pensamos en Jubal, recordamos que la música es mucho más que entretenimiento, es un lenguaje capaz de expresar, una melodía que puede consolar, una voz común que puede unir en el sentimiento o en la lucha, acompañar en el dolor y lo más importante, cada nota puede contribuir a llevarnos a la adoración que nos acerca a nuestro Dios.

La Escritura está saturada de música, los Salmos son, en esencia, cantos de adoración, en los evangelios leemos que Jesús y Sus discípulos cantaron algunos, después de la última Cena.

Sin embargo, también debemos corregir un concepto muy común, pensar que adoración es lo mismo que música.

Con frecuencia escuchamos: “en nuestra iglesia comenzamos con adoración y luego sigue la enseñanza”, en realidad, todo el Servicio Cristiano es un acto de adoración: la oración, la lectura de La Escritura, el silencio, la predicación, tomar notas, las ofrendas, el bautismo, la Santa Cena, incluso, el compañerismo entre hermanos.

Solemos usar la palabra adoración para describir un estilo musical lento y suave, si es rápida y alegre la llamamos alabanza, pero la Biblia no define la adoración por el ritmo, el volumen o el estilo de los acordes.

La adoración es muchísimo más antigua que la música.

Antes de que existieran los instrumentos musicales, Adán ya adoraba en el Edén, la verdadera adoración nace del corazón.

La Escritura también advierte sobre el uso incorrecto de la música, el Profeta Amós denunció a quiénes se entretenían tocando instrumentos mientras ignoraban la injusticia y el sufrimiento del pueblo.

Esto nos recuerda que la música puede influir en nuestra manera de ver el mundo, en nuestras actitudes y comportamientos, debemos ser sabios con lo que escuchamos, buscando aquello que edifique nuestra vida y glorifique a Dios.

Tu estilo musical favorito, dice más de tu cultura, de tu entorno y de tu forma de pensar,  que de Dios; lo que para un grupo puede ser una hermosa melodía, para otro puede sonar extraño, pero Dios disfruta todos los estilos.

¿Tu corazón está afinado para adorar a Dios, aun cuando no haya ninguna canción sonando?



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