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miércoles, 18 de marzo de 2026

ANTES DEL ARPA Y LA FLAUTA

¿Sabías que la música, es considerada una de las expresiones artísticas más antiguas?

La Escritura nos enseña algo sorprendente: apenas ocho generaciones después de Adán, encontramos a un hombre llamado Jubal, a quien se le reconoce como el antepasado de los que tocan instrumentos de cuerda y de viento.

Génesis 4:21 Jabal tuvo un hermano llamado Jubal, quien fue el antepasado de los que tocan el arpa y la flauta. 

Fuimos creados a imagen de Dios, por eso, desde el principio, el ser humano ha sentido el impulso de crear y convertir sonidos en comunicación, así, la música se tornó rápidamente en una de las expresiones más profundas del alma.

Jubal fue el pionero de la música instrumental, aún cuando pertenecía a una línea familiar marcada por la impiedad, nuestro Dios permitió que los talentos artísticos y culturales se desarrollaran en la humanidad.

Cuando pensamos en Jubal, recordamos que la música es mucho más que entretenimiento, es un lenguaje capaz de expresar, una melodía que puede consolar, una voz común que puede unir en el sentimiento o en la lucha, acompañar en el dolor y lo más importante, cada nota puede contribuir a llevarnos a la adoración que nos acerca a nuestro Dios.

La Escritura está saturada de música, los Salmos son, en esencia, cantos de adoración, en los evangelios leemos que Jesús y Sus discípulos cantaron algunos, después de la última Cena.

Sin embargo, también debemos corregir un concepto muy común, pensar que adoración es lo mismo que música.

Con frecuencia escuchamos: “en nuestra iglesia comenzamos con adoración y luego sigue la enseñanza”, en realidad, todo el Servicio Cristiano es un acto de adoración: la oración, la lectura de La Escritura, el silencio, la predicación, tomar notas, las ofrendas, el bautismo, la Santa Cena, incluso, el compañerismo entre hermanos.

Solemos usar la palabra adoración para describir un estilo musical lento y suave, si es rápida y alegre la llamamos alabanza, pero la Biblia no define la adoración por el ritmo, el volumen o el estilo de los acordes.

La adoración es muchísimo más antigua que la música.

Antes de que existieran los instrumentos musicales, Adán ya adoraba en el Edén, la verdadera adoración nace del corazón.

La Escritura también advierte sobre el uso incorrecto de la música, el Profeta Amós denunció a quiénes se entretenían tocando instrumentos mientras ignoraban la injusticia y el sufrimiento del pueblo.

Esto nos recuerda que la música puede influir en nuestra manera de ver el mundo, en nuestras actitudes y comportamientos, debemos ser sabios con lo que escuchamos, buscando aquello que edifique nuestra vida y glorifique a Dios.

Tu estilo musical favorito, dice más de tu cultura, de tu entorno y de tu forma de pensar,  que de Dios; lo que para un grupo puede ser una hermosa melodía, para otro puede sonar extraño, pero Dios disfruta todos los estilos.

¿Tu corazón está afinado para adorar a Dios, aun cuando no haya ninguna canción sonando?



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Raquel Toro

Amanece en Getsemaní