Muchos de nosotros somos como aquel pequeño niño
que, tras haber roto un farol en la vía pública, muy preocupado fue a su padre
y le preguntó:
– – ¿Qué puedo hacer?
– Admitir que tú lo has hecho, preguntar cuánto cuesta,
repararlo y pagarlo –respondió el papá.
Esta manera práctica de encarar los hechos no era
lo que el niño estaba esperando, con un hilo de voz, confesó: –Yo pensaba que
lo único que tenía que hacer era pedirle perdón a Dios.
Con frecuencia creemos que el arrepentimiento son
sólo palabras, pero el evangelio nos muestra que es algo mucho más profundo.
Lucas 19:8 Pero Zaqueo dijo resueltamente: –Mira, Señor: Ahora
mismo voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes, y si en algo he defraudado
a alguien, le devolveré cuatro veces la cantidad que sea.
¿Recuerdas a Zaqueo?
Zaqueo tuvo un encuentro genuino con Jesús y asumió
públicamente las consecuencias de su pasado, se comprometió con la comunidad y anunció
su cambio de forma de vida mediante actos concretos, haciendo la restitución
por los fraudes que hubiera cometido.
Y fue más allá de lo que la Ley exigía, según Éxodo 22:1, la devolución cuadruplicada o
quintuplicada aplicaba cuando el robo había sido violento y probado. Si el
ladrón confesaba voluntariamente, debía devolver lo robado más una quinta parte;
sin embargo, Zaqueo decidió exceder esa demanda legal, su arrepentimiento no
buscaba el mínimo requerido, sino la máxima restauración posible.
Su transformación se hizo visible, la conversión es
algo que no se demuestra únicamente con palabras, sino con obras; no es un
sentimiento o una emoción, sino un giro de 180°, como diría Pablo, “el que
robaba, que no robe más…” Por eso Jesús dijo:
Lucas 19:9-10 –Hoy ha llegado la salvación a esta casa –le dijo Jesús–,
ya que éste también es hijo de Abraham. Porque el Hijo del hombre vino a buscar
y a salvar lo que se había perdido.
¡Qué afirmación gloriosa! ¡No es
Zaqueo quien declara su salvación, es Jesús!
La salvación no es consecuencia
de pagar tantas veces más, sino de su encuentro con Cristo, la restitución es
la evidencia. Que afortunado Zaqueo ¡saldó sus deudas espirituales y terrenales!
Observa que… “El Hijo de Dios
ha venido a buscar y a salvar lo que se había perdido”
Debemos tener cuidado con el
sentido que damos a la palabra perdido, no quiere decir condenado, sino que
no está en su lugar, que se ha extraviado, y cuando lo encontramos,
lo restauramos a su lugar. Una persona está perdida cuando no está en contacto
con Dios, cuando es hallada, es restaurada y ocupa su lugar como hijo o hija en
la casa del Padre.
La gracia no anuló la responsabilidad de Zaqueo,
la despertó; la salvación no encubrió su pasado, lo redimió; cuando la
salvación entra en una casa, empieza a reordenarse y lo que estaba fuera de
lugar u ocupando el rol equivocado, vuelve al lugar correcto.
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Raquel Toro
Amanece en Getsemaní

